México no pudo con Messi y su historia de derrotas con Argentina y ahora tiene un pie fuera de Qatar 2022

México no pudo con Argentina, una vez más. (Robbie Jay Barratt - AMA/Getty Images)
México no pudo con Argentina, una vez más. (Robbie Jay Barratt - AMA/Getty Images)

México salió a jugar un partido de dientes apretados en el momento más importante de Qatar 2022. Metido en su papel, el Tri no tuvo remedio: priorizar la defensa y lanzar a sus dos agujas: Hirving Lozano y Alexis Vega. La imprecisión de Rodrigo de Paul fue un bálsamo para México en el primer tiempo. Si los corazones aztecas temblaban cuando Messi decidía activar circuitos, la calma volvía con cada yerro de su amigo De Paul. Se jugó con la sangre caliente que demandan estas citas, pero con un futbol insuficiente para este y para cualquier otro día de gala.

Hubo algunos destellos de esperanza. Vega compareció en el paisaje que más le gusta: con el arco de frente. Su tiro libre, preciso, inmejorable, encontró los guantes de Emiliano Martínez como límite entre el cielo y la vida mundana. Desde Tierra del Fuego hasta Tijuana, el tiempo se detuvo. No le llegaron muchos balones al diez. México quería aguantar el cero en su portería hasta el final. Era su negocio y lo llevó hasta las últimas consecuencias.

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Guardado, el hombre de los cinco mundiales, tuvo que retirarse antes de los primeros 45. Su desgaste fue inhumano. Las nostalgia exigió su dosis de protagonismo: imposible olvidar cuando el Principito se presentó en los mundiales: 19 años contra Argentina. El primer tiempo se saldó con un partido de riñones, sin lucidez, pero que mantenía el drama como principal atractivo. El aliento continental volvió a suspenderse cuando, a los cinco del complemento, Messi tuvo un libre directo. La escena de tantas noches erosionó el entusiasmo mexicano. Pero Leo mandó el balón arriba del arco de Ochoa. Era un aviso.

Argentina se cargó de electricidad en el descanso. Les urgía el gol y su premura fue evidente. El partido entró en un duelo emocional: los nervios de México contra la ansiedad de Argentina. Gerardo Martino ya no tuvo rubor en el segundo tiempo. Sus pupilos se encerraron a piedra y lodo. Y no había armonía alguna entre las líneas: se atrincheraron sin ningún sentido de la pena. Contra el clamor unísono, meter a un punta que acompañara a las solitarias hélices, el Tata aguantó hasta el límite el esquema.

Lionel Messi festejando su gol contra México en Qatar 2022. (KIRILL KUDRYAVTSEV/AFP vía Getty Images)
Lionel Messi festejando su gol contra México en Qatar 2022. (KIRILL KUDRYAVTSEV/AFP vía Getty Images)

Argentina no renunció a su postulado. Mac Allister, Fernández, Di María. Entre toque y toque, los de Scaloni nunca renunciaron a la ruta del gol. No fueron intempestivos con Ochoa, pero mantuvieron la paciencia necesaria para hacer el gol que les sacara. La resistencia mexicana duró 64 minutos. Messi recibió solo en la frontal del área y sacó un zurdazo irreparable. Nada pudo hacer el heroico Ochoa. El Estadio Lusail estalló para acompañar el furor de Messi, otra vez decisivo con la tragedia en la mira.

La respuesta sólo llegó después del golpe, como es costumbre. No hubo retorno. México trató de botar la timidez en un comprimido de veinte minutos. Los verdes se descubrieron capaces de tener el balón. Era en vano: seguían siendo igual de limitados con él en los pies. Les quemaba: no había creatividad ni atrevimiento. El mensaje inicial emanado desde el banquillo se había apoderado del ánimo de todos los jugadores. Inhabilitados para crear ocasiones, no incordiaron en ningún momento a Martínez. Scaloni, dejando de lado cualquier romanticismo, tiró a su equipo atrás y reforzó la defensa con Cristian Romero.

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Desde 1978, la selección mexicana no perdía un segundo partido de Copa del Mundo. Esa estadística, sumada a la de avanzar a la segunda ronda durante siete mundiales consecutivos, fungía como reserva de esperanza, como para añorar un milagro. El desarrollo del partido, sin embargo, convirtió el empate en un resultado soñado. Jiménez y Antuna intentaron desesperadamente crear peligro. México llegó a este partido con la oportunidad de echar a Argentina del Mundial y cobrar todas las cuentas pendientes. En los albores del encuentro, las expectativas se rebajaron. El partido, qué duda cabía, iba a desarrollarse en una sola dirección.

Argentina venció sus medios y la paciencia les estregó recompensa final cuando Enzo Fernández, revulsivo, metió el balón a la escuadra en un gol acorde a la noche: matón, sin remedio. México ya no tenía vida. Los 100 minutos de partido exhibieron a un equipo dispuesto a correr, que seguramente habría provocado orgullo en una maratón. No hubo futbol y México lo ha pagado caro.

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