El Mexicano hereda pasión por los costalazos

Gabriel Cruz

CIUDAD DE MÉXICO, noviembre 11 (EL UNIVERSAL).- Arropado en los brazos de su madre enmascarada, un pequeño se alimenta. Ella, su protectora, era luchadora, combatía en el ring como La Briosa, y junto a su hijo fue inmortalizada por la fotógrafa Lourdes Grobet, imagen que se volvió icónica.

El tiempo también llevó a ese niño a un cuadrilátero. "Hasta ahora me doy cuenta del impacto que tiene esa fotografía", dice quien libra su propia batalla como El Mexicano (personaje que le heredó su padre) en la empresa independiente Big Lucha.

Aunque ese niño no disfrutaba del todo ser un ‘hijo de la lucha libre’, ahora, el también abogado de profesión, presume su vida encapuchada. "Mi padre me entregó una bolsa de plástico y adentro estaban sus botas, mallas y la máscara del Halcón, algo impresionante para dar mi primer paso como luchador. Tenía 22 años", recuerda.

Como Halcón 78 Jr. labró su camino durante trece años; hace poco más de uno se transformó en El Mexicano. "Quiero posicionarme a corto plazo, no quiero ser una ‘llamarada de petate’, que esto prenda en el medio". Y en Big Lucha confía. "Es una promotora que va a ser semillero, con chicos con mucha hambre de triunfo", sentencia.