Marta Arce, la matriarca del judo paralímpico se despide en Tokio

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Madrid, 19 ago (EFE).- Marta Arce dejó el tatami tras los Juegos de Londres. Ahora, nueve años después, y con una familia de tres hijos, regresa tras muchas horas de sacrificio para despedirse en Tokio y poner el broche de oro a una carrera que la ha convertido en una de las mejores deportistas paralímpicas españolas de la historia.

Marta Arce (Valladolid, 1977) nació con albinismo óculo-cutáneo completo, lo que significa que tiene una deficiencia visual grave y falta de pigmentación en la piel, pelo y ojos, y que solo la permite ver un 10%.

Hasta los 16 años, cuando se afilió a la ONCE, no supo de las ayudas para las personas con déficit visual. Fue entonces cuando tuvo acceso a las ayudas tiflotécnicas y se decidió a estudiar Fisioterapia. Entre medias el judo se cruzó en su vida y se convirtió en una pasión que la ha llevado, en Tokio, a disputar sus cuartos Juegos Paralímpicos.

El debut se produjo en Atenas con una medalla de plata en la categoría de hasta 57 kilos. Cuatro años después, en Pekín 2008, repitió el mismo metal en la categoría de hasta 63. En Londres 2012 volvió a subirse al podio para colgarse un bronce.

En ese momento, siendo madre de Kenji, ahora con 11 años, decidió parar debido a las molestias en las caderas y a que quería ampliar la familia. Llegaron Issei, de 7, y Yumi, de 5. Todos los nombres de origen nipón porque su marido es japonés, de Osaka.

"Mi nivel de japonés es medio. Me puedo defender e incluso si la otra persona es paciente puedo tener una conversación", confiesa Marta, a la que estos Juegos le hacían especial ilusión por motivos familiares.

"Antes de la pandemia a estos Juegos pensábamos ir toda la familia para después quedarnos unos días porque los dos pequeños no han estado nunca en Japón. Yo he estado tres veces, pero solo de turismo nunca", declara.

En Madrid la cultura japonesa no les es ajena. Sus hijos han estado yendo al Colegio Japonés, en la carretera de El Plantío, en Madrid, una vez por semana durante mucho tiempo.

RETIRADA EN TOKIO

Los Juegos de Tokio serán los últimos de Marta Arce. Lo tiene claro. "Son los Juegos de mi retorno y de mi despedida", asegura. El motivo es que con 44 años no aguanta "las palizas" que supone entrenar al más alto nivel y compatibilizarlo con el trabajo y la familia.

"Acudir a estos Juegos me da mucha alegría y me produce mucha ilusión, aunque por otro lado me da mucha pena el motivo del aplazamiento. Hemos tenido que hacer muchos sacrificios y solo saber que se van a poder celebrar al final es para estar feliz", dice.

Estos Juegos de Tokio los empezó a vislumbrar en 2017, cuando decidió regresar tras varios años parada. "Me encontraba bien compitiendo y quería ver a dónde llegaba. Me di cuenta entonces que sí quería ir".

"Este tiempo ha sido accidentado. He tenido lesiones graves, me rompí un brazo, un cruzado en otra competición e incluso me salí del plan ADOP debido a que no llegaron los resultados", comenta Marta, a la que esas lesiones la hicieron "perder confianza y tenerles miedo por si volvía a lesionarme".

Además, en estos años, Marta Arce también experimentó un cambio de vida importante con una mudanza al pueblo madrileño de Hoyo de Manzanares, a unos 40 kilómetros al norte de la capital.

"Los traslados se hicieron duros porque viviendo en la sierra pasé muchas horas en transporte público para llegar hasta Las Rozas, dónde entreno. Hubo un momento, incluso, en que estuve a punto de dejarlo todo. Fue justo antes de que nos encerrasen", recuerda.

Por suerte, esa idea se la quitó pronto de la cabeza porque el judo la encanta. "Se ha convertido en una forma de vida. Lo supe cuando me rompí el brazo y, esperando la ambulancia, tuve claro que el objetivo era Tokio".

Compatibilizar todo ha sido difícil. Y más trabajando. "Ha sido un poco locura, especialmente en algunos periodos, en los que del entrenamiento iba directamente a trabajar a una residencia para mayores de 45 años con discapacidad intelectual no severa en Los Molinos".

Ahora, trabaja en una residencia en Majadahonda, menos horas, una circunstancia que la permite dedicarse más de lleno al judo. El objetivo es una medalla.

"Quiero subir al podio. A una competición hay que ir con esas aspiraciones. He trabajado mucho y, siendo realista, si hago una buena competición y tengo un poco de suerte hay opciones", confiesa.

Las competiciones en Tokio, debido a la situación de la pandemia en el país nipón, serán sin público. "Será como en Atenas 2004, volver al principio. A mí no me supone gran cosa, porque estoy acostumbrada a competir sin gente en las gradas. De hecho, recuerdo en Atenas que no tuve ninguna foto en el podio. Las conseguí quince años después gracias a una gestión del Comité Paralímpico", comenta.

EL DÍA DESPUÉS

Una vez concluya Tokio, Marta Arce tiene claro que seguirá haciendo judo, aunque no competirá al más alto nivel. "Voy a ir al sistema convencional, a cosas más de mayores".

"Seguiré con mi trabajo y dando conferencias, que me gustan mucho. El judo ha sido mi vida, el deporte que me cambió la forma de pensar y que me hizo valorarme por lo que soy, mejorar la autoestima, sacrificarme, esforzarme y no rendirme".

"El deporte ayuda a mejorar la inclusión y a mí me ha ayudado a hacerme valer después del comienzo complicado que tuve en el colegio", confiesa Marta, que durante todo este tiempo ha experimentado el cambio que ha tenido el judo en el movimiento paralímpico.

"El judo, al igual que el deporte paralímpico, ha crecido mucho. Ahora la gente está mejor preparada y los Juegos son un escaparate maravilloso para mostrarnos porque cuando competimos estamos dando todo por nosotros y por nuestro país, como los olímpicos", subraya.

Tokio será la última parada internacional de Marta Arce. El sueño es volver a subirse al podio, una ilusión que espera se convierta en realidad para poner el broche de oro a una carrera repleta de éxitos.

David Ramiro

(c) Agencia EFE

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