Manuel Pellegrini: el campeón de la Copa del Rey, ganador en todos los destinos y que tomó como plataforma el fútbol argentino

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La alegría mesurada del Ingeniero Pellegrini en su último título con, con Betis; el entrenador se convirtió en una referencia en Europa
CRISTINA QUICLER

Martes 13 de febrero de 2001. Fernando Miele, el presidente de San Lorenzo, presenta en sociedad a Manuel Pellegrini como nuevo entrenador, en reemplazo de Oscar Ruggeri. Chileno, de bajo vuelo como jugador, desconocido en el ambiente, campeón de la Copa Chile y de la Interamericana con Universidad Católica y de la liga local con Liga Deportiva Universitaria, en Ecuador, se lo conoce como el Ingeniero. Culto, estudioso, de clase media alta, con un lenguaje que desentona con el arrabal.

“Vino a terminar los codos del Nuevo Gasómetro”. Apenas una, de tantas frases desafiantes en tiempos sin redes sociales. La derrota por 3-1 ante el River del Tolo Gallego (“San Lorenzo siempre se cae”, decía) en su casa, lo cambia todo. De ser el principio del fin a alcanzar una obra maestra en la historia de nuestro fútbol: 11 triunfos seguidos (dos más, si se contabilizan el torneo siguiente) y 47 puntos: es el mejor campeón de los torneos cortos del fútbol argentino. Un equipo de colección: la mejor versión de Saja, Erviti, Romagnoli, Romeo.

En San Lorenzo, Manuel Pellegrini es uno de los más grandes
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En San Lorenzo, Manuel Pellegrini es uno de los más grandes (Archivo /)

Algunos conflictos económicos lo corren de la escena azulgrana. Pero antes, consigue lo imposible: el primer título internacional en la historia de San Lorenzo, la Copa Mercosur. Un drama bien nuestro: por la crisis económica y social, la segunda final se juega el 24 de enero de 2002, un mes después. La vuelta, ante Flamengo, por penales.

Meses después, aterriza en River. Audaz y tacticista, ofensivo con recaudos, consigue el respeto general, aunque el cariño es reservado. Un título local y una final sudamericana perdida contra el Cienciano. Otro equipazo: Coudet, Mascherano, Lucho González, el Matador Salas. Marcelo Gallardo era el 10. “Pronto va a dirigir en Europa”, insiste.

En River, dejó su huella, aunque el cariño no es total
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En River, dejó su huella, aunque el cariño no es total (Archivo/)

Manuel Pellegrini va a cumplir el 16 de septiembre próximo 69 años . Acaba de conseguir un hito más en su trayectoria de leyenda: la Copa del Rey con Betis, una entidad que no se consagraba desde hacía 17 años. Los penales se inclinaron ante su obra, frente a Valencia, con Germán Pezzella y Guido Rodríguez, dos intérpretes de selección.

Viajante del mundo, enamorado del fútbol argentino, que lo lanzó a la fama mundial, se arropa con una bandera de Chile, con Claudio Bravo, inoxidable, a los 39. Tiene contrato hasta 2025, cuando otros, a su edad, prefieren la plaza, los nietos y el ajedrez. “No me voy a retirar nunca. No pienso en la jubilación”, aclara. El documento es un detalle sin validez emocional.

“Si tuviera otra vida, no la dedicaría al fútbol, ni a la ingeniería”. Su otra vida es la música, tocar el piano. Sin embargo, acepta el reto de su propia vida: sabe que la ingeniería fue imprescindible en su carrera. “Es una disciplina muy precisa, exigente, que te enseña a pensar con cierta lógica, secuencia, un orden de prioridades”. Lee todas las noches, aprende idiomas. Se distrae del doble cinco: es el técnico que le dio identidad a ese recurso táctico, que combina juego y disciplina, en nuestro fútbol.

La vida, a veces, pasa demasiado pronto. Vueltas olímpicas en cinco de seis destinos. Dirigió Real Madrid (96 puntos, subcampeón de un Barcelona celestial), dejó una huella en Villarreal (semifinales de Champions, con un genial y desafiante Juan Román Riquelme), dejó una marca en Málaga (cuartos de final). Es el hombre que devolvió a Manchester City el sentido de pertenencia en la Premier League. Sólo no brilló en China, en Hebei Fortune .

Una suerte de 4-2-2-2 flexible, engañoso. Su libreta de toda la vida. Siempre hizo mejores a los viejos números 10: Leandro Romagnoli, Andrés D’Alessandro, Juan Román Riquelme, Robert Pires, Santi Cazorla, Isco, David Silva... Para graficarlo mejor: Román, con el Ingeniero, en Villarreal, fue aún mejor que en su versión Copa Libertadores 2007.

Con Juan Román Riquelme, una relación marcada a fuego
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Con Juan Román Riquelme, una relación marcada a fuego (Archivo /)

En el libro El Método Pellegrini, de Francisco Sagredo, el entrenador chileno abrió su intimidad –una fortaleza pocas veces derrumbada– con un par de conceptos directos sobre la vida y obra del hoy vicepresidente xeneize. “Era un fenómeno como jugador”, suscribió, incluyéndolo entre los mejores exponentes a los que dirigió, en la misma línea de Cristiano, Raúl, Kun Agüero y alguno más. Marcharon juntos en dos temporadas, las mejores del pequeño conjunto amarillo español. En la 2004/2005, Villarreal fue tercero en la liga de España y se clasificó por primera vez para la Champions League, certamen que lo descubrió en las semifinales.

Riquelme erró un penal en la recordada serie con Arsenal. A fines de 2007 fue apartado del plantel por una dura pelea con Fernando Roig, el presidente. Harto de ciertos desplantes, se inclinó por el dirigente. Siempre fue crítico con el Nº 10 en la privacidad –el ingeniero es un hombre rígido en las reglas de convivencia–, hasta cuando dijo en una entrevista de 2019: “Riquelme, con su calidad, podía jugar hace 30 años, hace 20 años, hace 10 años y puede ahora, donde él quiera. Riquelme no era uno de los mejores jugadores, no era un top porque tenía otros problemas. En ese momento tenía falta de madurez. Quería ser el número uno y hacía estupideces”.

Con Claudio Bravo y la bandera de Chile: el seleccionado es una cuenta pendiente
CRISTINA QUICLER


Con Claudio Bravo y la bandera de Chile: el seleccionado es una cuenta pendiente (CRISTINA QUICLER/)

El tiempo pasa. Tanto, que hoy lo recuerda de maravillas. No solo a Román: aprendió a vivir la vida sin planteos pasados. “Los objetivos son disfrutar del día a día y meternos de cabeza en el trabajo de este martes porque quedan cinco partidos de liga y queremos seguir peleando por la Champions hasta que las matemáticas nos den”. Siempre, las matemáticas. El juego y la ciencia. Se presentó hace dos temporadas en un club que miraba la tabla de abajo: el descenso era una certeza.

En su primera campaña, Betis terminó sexto ; en la segunda, en buena parte de la travesía anduvo entre los cuatro primeros. Ahora, figura quinto. Solo en dos ocasiones alcanzó este tipo de gloria el elenco blanco y verde: de 1977 a 2005... a hoy. La magia es de Nabil Fekir, francés de origen argelino, barba de 1000 días y gambeta al servicio de la causa. Siempre, el chileno se reserva uno.

“Es un gran momento en mi vida, pero compararlo no sería justo con las otras instituciones”. Enemigo de las polémicas, creador de grandes equipos, compinche de vueltas olímpicas. Pellegrini es una referencia en Europa. Y el prólogo de esta historia nació un martes 13.

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