El final triste de la leyenda Manny Pacquiao

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El cubano Yordenis Ugás deforma el rostro del filipino Manny Pacquiao con su mano izquierda
El cubano Yordenis Ugás deforma el rostro del filipino Manny Pacquiao con su mano izquierda

El incomparable corazón de guerrero del ring del filipino Manny Pacquiao no alcanzó, esta vez, para detener la debacle causada por el paso del tiempo en su armadura pugilística. Sus batallados 42 años de pelea contra todas las adversidades que le opuso el destino desde sus inicios deglutieron la última pizca de reflejos y potencia atlética que atesoraba en sus entrañas.

Su derrota por puntos –unánime- en 12 rounds ante el cubano Yordenis Ugas, campeón mundial welter (AMB), anticipó las imágenes de su último acto en este deporte que –rápidamente- lo incrustará en un sitial de privilegio histórico. No sólo por consagrarse mundialmente en seis pesos diferentes –en entes oficiales– sino también por haber protagonizado desde 1998 un sinfín de clásicos del ring que resultarán inolvidables.

La incoordinación entre las piernas y los brazos junto a los errores de cálculo y puntería son los factores visibles que sentencian el ocaso de un boxeador. Y eso pasó con Pacquiao, que llegaba a este match con un último crédito sobre la fecha de vencimiento de su brillante carrera que, a simple vista, estaba cerca de caducar y caducó.

“Esto es boxeo. Y no estoy para decir si gané o perdí. Debo reconocer a Ugas por su trabajo. No puede hacer muchos ajustes al enterarme diez días antes que pelearía con él y no con Errol Spence. Me costó encontrar su distancia. Me tomaré un descanso y el mes próximo haré una conferencia y allí sabrán todo sobre mi futuro. Boxístico y político”.

Pacquiao no dramatizó su frustración tras alejarse de una nueva corona mundial. Sus palabras fueron tan calmas como su expresión habitual. Perdió con claridad por 116-112, 115-113 y 116-112 en la óptica de los jurados. La tarjeta de LA NACIONI indicó: 117-111 para Ugas en un cotejo bueno, tal como se esperaba.

Yordenis Ugas castiga a Manny Pacquiao en el que probablemente fue el último combate de la carrera del filipino
Yordenis Ugas castiga a Manny Pacquiao en el que probablemente fue el último combate de la carrera del filipino (STEVE MARCUS/)

Ambos impusieron en todo momento un mensaje social y militante en el desarrollo de este combate. El himno cubano no fue entonado en el majestuoso T-Mobile Stadium de Las Vegas, al que asistieron 17.438 espectadores, por decisión protocolar y tanto Ugas como su entrenador Ismael Salas, que en distintos tiempos y circunstancias salieron de Cuba como pudieron, difundieron la frase: “Patria y vida”, solidarizándose con los contratiempos que afrontan sus compatriotas en la isla caribeña. Al mismo tiempo, Pacquio afirmó que su gente pobre de Filipinas lo necesita mucho más como presidente de la República que alzando un cinturón de pugilismo .

¿Quién es Ugas, el nuevo campeón?

Manny Pacquiao, de Filipinas, reza antes de su pelea contra Yordenis Ugas, de Cuba
Manny Pacquiao, de Filipinas, reza antes de su pelea contra Yordenis Ugas, de Cuba (John Locher/)

Yordenis Ugas es un veterano de 35 años que conoce muy bien este oficio. Fue medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 y pasó por mil batallas en el ámbito amateur. Protagonizó una “migración” obligada hacia los Estados Unidos hace casi una década y empezó a ganar peleas y dinero. Y a pagar bastantes impuestos también. Supo regular con técnica y una asombrosa puntería de derecha su mejor distancia y evitó los roces fogosos con Pacquiao quien sólo lo complicó en el primer round. Carece de ángel para enamorar a las masas del boxeo norteamericano y no posee mucha potencia. Sin embargo, su éxito ante el filipino fue impecable e inobjetable. Debió haber peleado –en primera instancia- con el argentino Fabián Maidana, lesionado a último momento e inferior a éste campeón nacido en Santiago de Cuba.

Pacquiao, se fue en paz del ring. Sabiendo quizá que no habrá un próximo combate. Poco le importó el resultado y los comentarios de la TV. Se fue resignado. Con su gente, con su entrenador Freddie Roach y su esposa Jinkee. Muchos fanáticos aguardaron su salida del estadio y al grito de “¡Manny, Manny!” escoltaron su última caminata. Semejante al final de una película de Rocky Balboa. Aunque esta vez, no hubo actores. Sino boxeadores de carne y hueso que hicieron y harán historia.

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