México, el gran escenario de Pelé

CIUDAD DE MÉXICO, diciembre 30 (EL UNIVERSAL).- Edson Arantes Do Nascimento ya era una estrella mundial cuando voló a México para disputar su cuarta Copa del Mundo. Había ganado dos títulos, pasó por una decepción en Inglaterra, cuando su equipo fue eliminado en la fase de grupos y en nuestro país buscaba cimentar su leyenda.

Llegó cansado, temeroso de lesionarse y luego de un agrio enfrentamiento con su entrenador, Joao Saldanha, quien consideraba que su nivel había decaído y quería enviarlo a la banca o no convocarlo. Pero la Confederación Brasileña de Futbol intervino, de acuerdo con algunas fuentes, por petición de la junta militar que gobernaba el país, y remplazó a Saldanha con Mário Lobo Zagalo, quien fue su compañero en la cancha en los mundiales de 1958 y 1962.

Con esa dupla al mando, Zagalo en la banca y Pelé en la cancha, Brasil se convirtió en una potencia imparable que marcó 14 goles, recibió siete y venció a sus seis contrincantes. Pelé hizo cuatro de esas anotaciones, una de las más bellas, el tanto inicial en la final ante Italia. Comenzó con un saque por la banda izquierda que Rivelino prolongó hacia el área.

El balón iba muy elevado pero él saltó para rematar superando a un defensor italiano más alto. "Saltamos juntos, pero cuando volví a tierra, vi que Pelé se mantenía suspendido en la altura", dijo el defensor Burgnich, según lo relató el escritor Eduardo Galeano en su libro "El futbol a sol y sombra".