Su máximo sueño ya es una realidad

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CIUDAD DE MÉXICO, septiembre 2 (EL UNIVERSAL).- Con una enorme bandera tricolor en la espalda, Juan Pablo Cervantes recorrió el tartán del estadio Nacional de Japón. Nada parecía detenerlo... Y no era para menos, el nativo de la Ciudad de México había cumplido su sueño: ser medallista paralímpico.

Con tiempo de 13.87 segundos, Cervantes obtuvo la presea de bronce en los 100 metros planos —categoría T54—. Decimocuarta vez que México sube al podio en Tokio 2020, octava posicionado en el tercer escaño.

Nueva noche de éxito para el deporte nacional en Japón, donde sus atletas paralímpicos han demostrado en casi todas las jornadas su alto nivel competitivo, ya sea sobre la pista, en la piscina o con las pesas.

En la parte final de la prueba, el mexicano aseguró su sitio en la inmortalidad, pero el cierre fue trepidante, ya que sólo dos centésimas de segundo lo separaron de la plata, ganada por el finlandés Leo Pekka Tahti, quien detuvo el cronómetro en 13.85. El oro fue para el tailandés Athiwat Paeng-Nuea, con registro de 13.76 segundos.

La medalla áurea estuvo lejos, pero eso no evitó la felicidad de Juan Pablo, cuya sonrisa fue permanente desde que cruzó la meta hasta que recibió ese metal que materializa todos sus sueños, incluso los que abrazó durante una competencia tan electrizante como inolvidable.

"Es un orgullo poder entregar otra medalla a mi país. Una prueba como esta siempre resulta muy difícil, pero tuve la velocidad necesaria para ganar la medalla", dijo, emocionado.

Es el protagonista de una nueva jornada exitosa para México.

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