Luka Modric, el cerebro de Croacia que nos devolvió el amor por el futbol en Qatar 2022

Luka Modric celebrando el pase Croacia a las Semifinales de Qatar 2022 tras vencer a Brasil. (REUTERS/Matthew Childs)
Luka Modric celebrando el pase Croacia a las Semifinales de Qatar 2022 tras vencer a Brasil. (REUTERS/Matthew Childs)

Luka Modric es una limonada después de siete horas de sed. Es sentir el celular en el bolsillo cuando creíste, por dos segundos, que lo habías perdido. Modric, y que nadie tache esto de exageración, es un abrazo de papá y mamá. Si algún día alguien lo vio perder un balón, habría que guardar ese momento, enmarcarlo, y colgarlo en un cuadro en la pared más limpia de la casa. Porque Modric juega otra cosa diferente al futbol y en Qatar 2022 ha dado otro ejemplo más.

Mienten quienes dicen que no le importan las luces ni ser el número uno. Le importa y como a pocos, pero lo hace a su modo. Jamás se esculpiría una estatua a sí mismo para premiar su ego. Todos conocemos a alguien como Modric: merece elogios eternos pero se conforma con el deber cumplido. Nunca pierde el estilo. Ni cuando gana ni cuando pierde. Hoy ha conducido a Croacia a otra gesta más y nadie podría decir que es la última.

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Si Modric se retira del futbol, y no parece que eso vaya a pasar pronto, habrá que pedirle que vaya a las academias de todo el mundo a reformar el espíritu individualista que enaltece la vanidad por encima de la gloria colectiva. Tiene 37 años y nada cambia. A ese ejemplo también habría que enmarcarlo: si él es semifinalista mundial cuando tendría que estar retirado o disfrutando de sus millones, cualquier puede ponerse nuevas metas a los 30.

Porque Lukita, como se le dice de cariño, es todo lo que está bien en la vida. Cuando se llevó el Balón de Oro, hace cuatro años, muchos dijeron que no lo merecía. Y estaban en lo correcto pero en sentido contrario: el Balón de Oro no merecía a Modric, que terminará este año como campeón de Europa y entre los mejores cuatro del mundo con su país.

Modric festejando junto a su familia el boleto a Semifinales de Qatar 2022. (REUTERS/Dylan Martinez)
Modric festejando junto a su familia el boleto a Semifinales de Qatar 2022. (REUTERS/Dylan Martinez)

Dicen que es un hijo de la guerra y lo es, porque vivió la crueldad en carne propia durante el conflicto balcánico. Huyó de la aldea donde vivía y su abuelo fue asesinado. Pateaba balones en el hotel donde se refugió junto a su familia. Pero él no lo cuenta si no le preguntan, porque no le quedan ni el protagonismo ni el victimismo. En la cancha es igual: toma el balón, hace exactamente lo que debe hacer, y continúa corriendo.

Y pasan dos minutos y lo mismo: ahí está otra vez Modric para inventarse algo. Ataca con la creatividad de un enganche y defiende como el mejor contención. No hay techo para su creatividad ni esfuerzo que guardar para el día siguiente. Ha ganado cinco Champions League con el Real Madrid, el equipo más antipático para la otra mitad del mundo que siempre quiere verlos perder. Pero algo pasa con Modric y su encanto, que juega en el Madrid, les ha dado tanto y, sin embargo, es imposible de odiar hasta para el más antimadridista de la Tierra.

Modric abrazando a su excompañero Casemiro, juntos lo ganaron todo en el Real Madrid. (REUTERS/Annegret Hilse)
Modric abrazando a su excompañero Casemiro, juntos lo ganaron todo en el Real Madrid. (REUTERS/Annegret Hilse)

Modric es sinónimo de que todo estará bien. Y si no lo está, tampoco pasa nada. No hace drama cuando pierde y siempre tiene un abrazo para ofrecer al colega de enfrente. Eso es el futbol, o eso era en algún lejano pasaje del tiempo, cuando un callejón se convertía en el mejor estadio del mundo y, después de horas de sangrienta competencia, había camaradería, lealtad y memoria compartida.

El Mundial ya nunca será lo mismo. Hoy tampoco lo es, porque estamos en diciembre y hablamos de semifinales, de Messi, de Modric, de Neymar y de Cristiano —y debimos haberlos tenido a todos hace seis meses—. Cuando esto sea cuestión de 48 equipos, en tres años y medio, y nos den ganas de botar el futbol para siempre, evoquemos a Luka. Quizá ya no esté en el campo (ojalá que sí), pero hagamos magia: ¿qué hubiera hecho Modric en esta situación? Y algo encontraremos. Una respuesta, una pista, un consuelo.

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