Los malos hábitos que Luka Doncic debe cuidar para no repetir el fiasco del Eurobasket

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BERLIN, GERMANY - SEPTEMBER 14: Luka Doncic of Slovenia reacts during the FIBA EuroBasket 2022 quarterfinal  match between Slovenia v Poland at EuroBasket Arena Berlin on September 14, 2022 in Berlin, Germany. (Photo by Maja Hitij/Getty Images)
Luka Doncic, en plena protesta durante su partido de cuartos de final contra Polonia en el Eurobasket 2022 (Photo by Maja Hitij/Getty Images)

Tras la derrota de Eslovenia, vigente campeón, en los cuartos de final del Eurobasket 2022, Luka Doncic salió a rueda de prensa para echarse sobre las espaldas toda la culpa de la derrota. "He decepcionado a mi equipo y al país al que representamos", dijo, realmente compungido. Su partido había sido malo, aunque no horrible: 14 puntos, 11 rebotes y 7 asistencias no está nada mal. El problema fue su falta de concentración, sus continuas quejas, sus malas decisiones y la lesión de espalda que le obliga a jugar tieso desde el final de la fase de grupos.

Las declaraciones chocaban con una cierta altanería mostrada al acabar dicha fase, cuando en la misma sala de prensa y preguntado por su exceso de peso, contestó: "Me da igual lo que la gente que no es de mi entorno diga sobre mi estado físico. Si no, no estaría aquí". Da la sensación de que falta un poco de equilibrio entre ambas declaraciones: probablemente sea bueno escuchar los comentarios de la gente aunque no sean positivos cuando las cosas van bien... y probablemente no haga falta echarse la culpa de todo y considerarse un traidor a la patria cuando van mal.

Luka Doncic tiene 23 años y un talento desbordante. Cualquier discusión a este respecto es perder el tiempo. Hablamos de un elegido, de un superdotado del baloncesto, de un hombre que combina unas estadísticas brutales con unos resultados envidiables: campeón de Europa con el Real Madrid y con Eslovenia, finalista de conferencia con unos Dallas Mavericks de lo más vulgares. Hay que dejar eso claro por delante para no enfangar la conversación.

Otra cosa es que sea perfecto o que no pueda mejorar. Luka Doncic ha jugado un Eurobasket maravilloso, con tres partidos por encima de los treinta puntos, algo que no había hecho ningún otro jugador en la historia de la competición. Ahora bien, lo ha jugado pasado de peso. No sé qué parte es puramente genética e inevitable y qué parte tiene que ver con no cuidarse en verano. No es un cuerpo grande por lo fibroso o lo musculado, es un cuerpo hinchado, que recuerda al Sabonis posterior a su lesión en el tendón de Aquiles.

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En la medida de lo posible, Doncic debería cuidar eso. Si es una cuestión de metabolismo, como le pasaba a Ronaldo Nazario, tendrá que buscar los remedios médicos que hagan falta. Si es una cuestión de falta de preparación o de relajación veraniega, tendrá que evitar cualquier posible desmán en el futuro. El caso es que siempre que llega septiembre u octubre, Doncic da la sensación de que está gordo y conforme acumula minutos, parece más cansado, más lento y más apurado, con la cara roja y llena de sudor.

Por supuesto, esto son percepciones que no tienen por qué corresponderse con la realidad. Hemos visto muchos partidos en los que Doncic parece que necesita tres duchas y luego maneja los últimos minutos con la frescura de un recién entrado en el campo. El problema es cuando pierdes y haces un final como el de Doncic contra Polonia. Se te van a echar encima o te vas a echar incluso tú encima de ti mismo. Necesita bajar peso o ganar músculo, como prefiera. Necesita ser muy estricto con todos sus hábitos de consumo o el cuerpo le va a acabar pasando factura como le pasó en estas eliminatorias, que tenía la espalda claramente destrozada. Diez kilos menos habrían ayudado.

Este no es el único factor a mejorar por parte de Doncic. El chico es juguetón, agradable, simpático con el público y tiene el colmillo suficiente como para meterse en la cabeza de cualquier rival. Ahora bien, tiene un problema con los árbitros. Ese problema lo puede amortiguar gracias al enorme respeto que le tienen los colegiados. Un respeto ganado a base de talento y actuaciones descomunales. Lo que no veo por ningún lado es en qué le beneficia ni en qué beneficia a su equipo. Doncic se desquicia con una facilidad tremenda. ¿Le pitan menos faltas de las que le hacen? Seguro que sí, como a todas las superestrellas. ¿Debería calmarse un poco al respecto? Después de siete años como profesional al más alto nivel, uno diría que sí.

Esos ataques de rabia tan frecuentes -los tiene también con sus compañeros, aunque en menor medida- le desvían de su principal función: dirigir el juego. Doncic no es solo un ejecutor, pese a su facilidad para meter puntos, es también el responsable de que su equipo juegue bien al baloncesto. No es fácil hacerlo si tu cabeza está en la falta anterior y en vez de bajar a defender estás gritándole a un árbitro. ¿Lo consigue pese a todo la mayoría de las veces? Sí, claro, volvemos a los puntos anteriores sobre su enorme talento. Pero con unos cuantos kilos menos y una actitud más positiva en la pista, uno tiende a pensar que le va a ir aún mejor. Ahora, para eso tiene que escuchar cuando cuenta, es decir, cuando las cosas van bien. Así nos ahorramos luego los dramatismos.

Vídeo | Eslovenia 87- Polonia 90

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