Si quieres entender a Luis Enrique, fíjate un poco en Yeremi Pino

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MILAN, ITALY - OCTOBER 06: Luis Enrique, Head Coach of Spain reacts as Yeremi Pino of Spain prepares to come on as a substitute during the UEFA Nations League 2021 Semi-final match between Italy and Spain at San Siro Stadium on October 06, 2021 in Milan, Italy. (Photo by Marco Bertorello - Pool/Getty Images)
Photo by Marco Bertorello - Pool/Getty Images

Se ha dicho estos días que Luis Enrique tenía poco que perder en la fase final de la Nations League porque, al fin y al cabo, la Nations League no le interesa a nadie y podía hacer todas las pruebas que quisiera. Creo que el enfoque es erróneo: si la Nations League no le interesa a nadie pero las derrotas de Luis Enrique le interesan a todo el mundo, lo lógico es pensar que el seleccionador tenía muy poco que ganar ante Italia, igual que le pasará en la final ante Bélgica o Francia porque nada es suficiente. 

También puede ser que eso que los demás llaman "pruebas" o "excentricidades" o "ganas de tocar las narices" sean convicciones. Puede que Luis Enrique crea de verdad que el camino es la imprevisibilidad, como ha hecho desde el primer día. Que la fuerza está en el grupo, su organización táctica y su confianza en los jugadores. Que da igual que esté Jordi Alba que Marcos Alonso, que es lo mismo si se lesiona Pedri porque entra Gavi. Que él no va a salir a rueda de prensa tras una posible derrota a decir "es lo que hay", sino que va a apostar y a doblar la apuesta y así hasta que salga del casino sin llaves de casa o a hombros de los croupiers.

Luis Enrique planta su primera línea de defensa en el campo contrario y dice: "A correr como locos"... y sus jugadores, que creen en él tanto como él cree en ellos, le hacen caso. Y corren y recuperan y, sí no, bajan como locos a tapar huecos, a achicar agua del área propio. La cantidad de ocasiones que permite España es impresionante. Ocasiones claras, además. Pero es su juego y, qué quieren que les diga, entre eso y el continuo aburrimiento de la liga española, me quedo con esto, que tampoco está yendo tan mal. 

El entrenador no pone ahí a Gavi para que bata récords, le pone para que luche y para que organice el ataque junto a Busquets, liberando a Koke. No pone ahí a Oyarzabal y a Ferrán Torres para luego poder disculparles por su juventud. Los pone para que creen el pánico en la mejor defensa del planeta. Y, sobre todo, con 2-0 a favor, el éxito ya en la punta de los dedos, no saca a un mediocampista peleón y leñero. No, saca a Yeremi Pino. La locura personificada. El extremo que desborda y saca de quicio a propios y ajenos. Con dieciocho años.

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Luis Enrique está mandando con la selección el mensaje contrario al que mandan los entrenadores de clubes a sus jugadores: "Atreveos, tíos, que sois buenísimos". ¿Y qué hace Yeremi Pino? Se atreve. Desborda, recorta, genera oportunidades, le mete un rodillazo a un italiano en el suelo, obliga al rival a preocuparse de él y así el resto de sus compañeros no tienen que preocuparse tanto del rival. Da una tregua mediante el ataque y no la defensa. La España de Luis Enrique es un "Sí, se puede" constante y por eso elige a quien elige: a quien él sabe que le va a seguir en esa apuesta casi ludópata.

España acabó sufriendo, sí, pero acabó sufriendo con Yeremi, con Bryan Gil y con Oyarzabal en el campo. No renunció nunca al balón ni al frenesí. ¿Tienen que interiorizar esto los defensas? Desde luego. En LaLiga, nadie juega ni por asomo a esta velocidad, así que es normal que los Pau Torres y compañía tengan aún problemas para medir sus acciones. En el partido contra Italia, los dos equipos parecían poseídos por el diablo: para arriba como locos, para abajo como locos, presión en todo el campo, una velocidad de pase que hacía años que no veíamos.

Y desborde, por supuesto. Que nadie tenga miedo al desborde, a la banda, a regatear. Que todos sean como Yeremi Pino incluso antes de que Yeremi Pino entre a la cancha. Que todos sean como Bryan Gil. Luis Enrique se ha cargado el estatus. Lo ha hecho saltar por los aires. A cada convocatoria, le recordarán todos los que son "mejores" que sus seleccionados pero a él le dará igual porque los mejores son los suyos. Luis Enrique es el contrario de Koeman: no pierde ni un segundo en pensar en lo que no tiene. Va a muerte con lo que tiene a disposición y le saca un partido escandaloso: semifinalistas en la Eurocopa, finalistas en la Nations League. Todo esto en cuatro meses. En medio, perdió un partido en Suecia y todo el mundo pidió su dimisión. Ese es el nivel de exigencia.

Sobre todo, y esto es lo más importante, la selección de Luis Enrique es divertida. Y cada vez lo es más. Está claro que a veces nos gustaría menos diversión, pero apenas hay partidos aburridos, de 0-0 y a ver qué pasa. No, son partidos de francotiradores alcohólicos, que disparan desde cualquier lado. Nunca sabes por dónde van a ir los siguientes cinco minutos y eso, en un momento en el que el fútbol español pasa una mala racha espantosa a nivel de clubes, es una bendición. Una semana de críticas y noventa minutos de enganche a la televisión. Esa es la España de Luis Enrique. Si aún no lo has entendido, tienes un problema. Ganar en Italia a la campeona de Europa y hacerlo con un grupo de chavales post-adolescentes. ¿Cuándo le daremos el valor que se merece a todo esto, viniendo de donde venimos? 

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