Luis Enrique, el ejemplo perfecto de que México no sabe lo que quiere como entrenador

Luis Enrique durante el partido entre España y Japón de Qatar 2022. (REUTERS/Dylan Martinez)
Luis Enrique durante el partido entre España y Japón de Qatar 2022. (REUTERS/Dylan Martinez)

Luis Enrique ha dejado la Selección de España tras la eliminación de Qatar 2022 y la reacción inmediata, por increíble que parezca, ha sido ponerle entre los candidatos para dirigir a México. No hay ningún indicio ni nada que se le parezca, pero su nombre ya ha sido nombrado. Como si de una reacción lógica se tratara: pues ya no tiene trabajo, ahora es un candidato al Tri.

Es el método de reacción predilecto de la afición y prensa mexicana: voltear a ver qué entrenador está sin trabajo y sumarlo al listado. Ni siquiera se han esperado. Ya hasta se discute qué tan bueno o malo sería para estar en México. Muchos dicen que sería la misma historia de Gerardo Martino y otros, más optimistas, que su personalidad le inyectaría algo diferente al seleccionado. Mientras no se defina al nuevo entrenador, y no hay indicios oficiales al respecto, el debate se extenderá por eternos meses en los que desfilarán nombres y argumentos de todo tipo.

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México, sus fans, su prensa, sus directivos, no sabe lo que quiere. Y Luis Enrique lo deja claro, aun sin proponérselo (pobre de él, a miles de kilómetros de distancia, y siendo ya juzgado por qué tan apto sería para un cargo que nunca ha pedido). La lógica indicaría que habría que elegir a alguien que diera continuidad al último proyecto, pero como ese proyecto fracasó entonces hay que borrar todo y empezar de cero. ¿Quién es el indicado para el resurgimiento?

Todos mencionan a entrenadores diferentes. La baraja es inabarcable. Ricardo Ferretti, Guillermo Almada, Mauricio Pochettino, Ricardo La Volpe, Miguel Herrera, Gustavo Alfaro, Juan Carlos Osorio, Luis Enrique, Hugo Sánchez, Matías Almeyda, Jaime Lozano, Nicolás Larcamón. Todos, de perfil y características diferentes. Es más: la mayoría de ellos no podrían ser más diferentes entre sí. Lo raro, y preocupante, es que haya tantas voces pidiendo a todos estos entrenadores al mismo tiempo.

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¿Cómo se pueden querer tantas ideas diferentes de manera simultanea? Y no hay que ser Nostradamus, al elegido, sea quien sea, algún defecto se le encontrará. Si es Pochettino, como ha sugerido David Faitelson que puede pasar, la cantaleta no cambiará mucho: es argentino y no siente los colores, fracasó en el PSG, deberíamos darle oportunidad a un mexicano, es un Tata Martino 2.0. Si le dan oportunidad a Jaime Lozano, dirán que no ha ganado nada, que fracasó en Necaxa, que no es lo mismo la selección olímpica que la mayor.

Guillermo Almada luego de un partido con el Pachuca en la Liga MX. (Agustin Cuevas/Getty Images)
Guillermo Almada luego de un partido con el Pachuca en la Liga MX. (Agustin Cuevas/Getty Images)

La Volpe ya no tiene edad, Ferretti es muy defensivo, Alfaro no pasó de fase de grupos con Ecuador y Luis Enrique, aunque ha ganado muchos títulos, no pudo hacerle un gol a Marruecos con Pedri y Gavi en su equipo: menos podrías anotarles con Erik Sánchez y Luis Chávez. Todos los candidatos podrían hacerlo muy bien y también muy mal. No hay puntos medios y tampoco distinciones. Cada uno de ellos ofrece diferencias en sus métodos e ideas, pero aun así a todos se los mete en la misma bolsa.

Mauricio Pochettino durante su paso por el Tottenham Hotspur. (REUTERS/Marko Djurica)
Mauricio Pochettino durante su paso por el Tottenham Hotspur. (REUTERS/Marko Djurica)

Lo peor de todo no es que los aficionados mexicanos y el periodismo hablen de mil y un nombres; lo más trágico es que la Federación, que se encarga de tomar las decisiones, piensa y actúa de manera similar. En voz de Yon de Luisa, en el ciclo pasado entrevistaron a 24 entrenadores para finalmente elegir a Martino. ¿24 entrenadores de perfil diferente? ¿No hay acaso una idea definida de la línea que se pretende seguir? Porque aunque la elección de Martino fue bien recibida en su momento, también era cierto que su estilo era diferente al de su predecesor, Juan Carlos Osorio.

Luis Enrique, que ni enterado está, es el mejor ejemplo de cómo México no sabe ni siquiera hacia dónde quiere caminar. Y mientras el equipo "de todos" dé pasos a ciegas, la frustración de cada cuatro años no hará sino crecer irremediablemente.

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