Lucía Rivera: 'Todo el mundo se pensaba que mi vida era perfecta, y nada es lo que parece'

Plasmar en negro sobre blanco su experiencia. Contar en un libro sus vivencias, que pasan por palabras tan gruesas como miedo, acoso, abuso, bullying, vicios, fama… Ese fue el paso que decidió dar Lucía Rivera cuando se decidió a escribir Nada es lo que parece, publicado por Espasa. Un libro que la ha situado en el centro de todas las miradas, pues lo escribe, no hay duda, a corazón abierto, plasmando su testimonio más sincero. Un libro que ella misma nos cuenta que podría ir dirigido especialmente a adolescentes, aunque piensa que cualquier persona podría leerlo y se sentiría identificada.

Hemos tenido la ocasión de hablar con ella coincidiendo con su lanzamiento y lo primero que le preguntamos es qué fue lo que le animó a escribir su propia experiencia en Nada es lo que parece. “Por un lado mi pasión por escribir, pero también quiero ayudar a todas aquellas personas que puedan estar pasando por situaciones similares. Quiero que mis experiencias les sirvan de apoyo y de motivación para que vean que se puede salir”, nos dice la modelo de 24 años, y añade uno de sus objetivos, “crear un taller de escritura para todos aquellos que necesitan sanar. Escribir es una manera de sacar tus demonios, una manera de afrontar”.

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Libro de Lucía Rivera
Libro de Lucía Rivera

Una adolescencia complicada

El libro ya es toda una declaración de intenciones desde el principio, desde el propio título. “Teníamos varias opciones, pero creo que este es el que más encaja, quizá porque todo el mundo se pensaba que mi vida era perfecta, y como bien dice: nada es lo que parece”, cuenta la modelo, acostumbrada a vivir en un mundo de flashes, bambalinas y sets de rodaje desde que era pequeña (la primera vez que se subió a una pasarela tenía 10 años y con solo 16 ya había fichado por una agencia de modelos). Una etapa, la de la infancia y la adolescencia, que ella misma define como “rara”. Y es que vivió momentos muy complicados en esas épocas, aunque eso no supone que Lucía guarde un mal recuerdo de aquellos momentos. “Siempre intento sacar lo bueno de todo”, nos dice.

Ahora bien, en el libro refleja los duros momentos que pasó en una infancia en la que no llegaba a encajar en su entorno en el colegio o el instituto, lo que la llevó a vivir momentos complicados que dejan huella. ¿Piensa Lucía que las heridas de la infancia llegan a curarse del todo? “No te puedo garantizar que sí, cuando a mí me quedan tantas por curar. Lo que sí creo es que esas heridas no nos definen”, apunta.

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En el libro Lucía afirma que echaba de menos en el colegio falta de empatía, esa cualidad que nos permite ponernos en el lugar del otro. Ella no la sintió entre los que la rodeaban. “El otro día escribí que la empatía es un lujo de sabios. Y me lo tatuaría”, afirma contundente. Pero, ¿por qué piensa que nos cuesta tanto ponernos en el lugar del otro? “Porque nuestras experiencias nos rigen y nos crean. Es un ejercicio muy difícil pero muy sanador, ayuda a no frustrarse tanto”, matiza.

Y nos encontramos entre las páginas con otra frase que debería hacernos pensar, acerca del poco tiempo que los profesores dedican a las emociones, “algo fundamental que nos acompaña toda la vida”. ¿Piensa que puede ser un factor que está influyendo de forma negativa en los estudiantes? “No sé si el sistema educativo ha cambiado algo desde que yo iba al colegio. Estamos viviendo una pandemia terrible de la salud mental los más jóvenes, eso me da que pensar”, explica la hija de Blanca Romero y Cayetano Rivera.

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Relaciones de pareja tóxicas

Lucía relata también en el libro su experiencia en el amor, narrando desde muy dentro cómo tardó en darse cuenta de que estaba dentro de relaciones de pareja tóxicas, algo que, desgraciadamente, sigue sucediendo con gente muy joven. Le preguntamos acerca de cuál cree que es la causa. “No solo nos falta una educación sexual y afectiva, seguimos sin ser igualitarios, y sigue predominando la violencia machista. Quizás una de las causas sea el abuso de porno, y la constante negación de que esta violencia hacia las mujeres existe”. Lo que sí que tiene claro es que es complicado salir de una relación en la que existe una gran dependencia emocional que no es sana. “Es uno de los ejercicios más difíciles. Desaprender es mucho más difícil que aprender”, apunta, haciendo referencia a que se llegan a interiorizar tanto los abusos, psicológicos y físicos, que es complicado buscar una salida.

Tanto es así que afirma haber sentido miedo, un sentimiento con el que es complicado lidiar, pues pueden llegar a paralizarte, pero a los que Lucía ha plantado cara. “Los miedos son inevitables, pero son claras señales de lo que nos importa. Vencerlos es adictivo, a la vez que extremadamente complicado”.

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Lucía Rivera
Lucía Rivera

Darle más importancia a la salud mental

Últimamente estamos hablando mucho de cómo el éxito puede llegar a influir en la salud mental, de cómo las personas que parece que lo tienen todo también pueden tener problemas, pueden necesitar acudir a terapia. “El éxito es una carga y deberíamos redefinir esa palabra”, afirma rotunda Lucía, a la que la preguntamos cuándo percibió esas señales de alarma que te indican que es el momento adecuado para pedir ayuda. Lo tiene claro: “Cuando empezó a afectar a mi salud”. Y es que, en su opinión, si queremos tener una vida plena, es fundamental que le prestemos más atención a nuestra salud mental.

Y hablando de éxito, en Nada es lo que parece, Lucía también hace referencia a su profesión, al entorno del mundo de la moda, donde no todo es de color de rosa, pese a que, desde fuera, todo parezca diferente. “Por desgracia mucha gente sigue abusando de su poder, y la industria lo permite mirando hacia otro lado”, explica.

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La relación con nuestro cuerpo

La modelo también habla sobre cómo afrontó sus complejos físicos, cuando se veía demasiado delgada. "Mi delgadez era un objeto de burla, sobre todo en la pubertad, que es cuando más observas tu cuerpo y te comparas con los cambios ajenos", reconoce en el libro. Y le planteamos por qué piensa que, en ocasiones, es tan complicada la relación de las jóvenes con su propio cuerpo. “Por los estereotipos y cánones establecidos, tan inalcanzables”, nos cuenta. Algo que se incrementa en un mundo en el que las redes sociales se convierten, además, en grandes protagonistas, mostrando un mundo idealizado que no ayuda en este sentido. “La mentira no ayuda, y las redes están llenas de mentiras”, nos comenta.

Lo tiene claro cuando le preguntamos qué le diría a una joven que no está afrontando precisamente un buen momento desde el punto de vista anímico: “Abrázate mucho”.

Para concluir, le preguntamos si cree que, por fin, ha conseguido encontrar esa calma mental, tan necesaria. “Me queda mucho camino”, nos dice. Pero lo importante es estar recorriéndolo, paso a paso.