Lionel Messi: lágrimas en Barcelona, reproches en París, una reinvención y la explosión; el 10 les ganó hasta a las vueltas de la vida

Messi fue recibido en PSG por un pasillo de honor hecho por empleados y compañeros del club: ahora sí, en París es feliz
Messi fue recibido en PSG por un pasillo de honor hecho por empleados y compañeros del club: ahora sí, en París es feliz

Se marchó envuelto en llanto de Barcelona, su casa, su vida. Se presentó en PSG en el crepúsculo de su carrera, rodeado de egos, estrellas, otro idioma, otra cultura, el desarraigo de su familia, de Antonela, de sus tres chicos. Sufrió otra eliminación excesivamente prematura en la Champions League (su segundo gran deseo); soportó, también, reproches como nunca antes y hasta algunos silbidos en una noche sin luna en el Parque de los Príncipes.

Fue despedido Mauricio Pochettino, un entrenador argentino y Christophe Galtier, el reemplazante, francés y distante, era una incógnita: hasta le tomó cierto rencor por sacarlo más de una vez antes del pitazo final, algo que jamás le había sucedido. Mientras, Leo sólo quería el cobijo de la selección, campeón de la Copa América, entre sonrisas y lágrimas de emoción, a carne viva hasta en un partido de relativo valor con Bolivia. Sólo quería vestirse de selección.

Lionel Messi llora durante su despedida del Camp Nou, en agosto de 2021
Lionel Messi llora durante su despedida del Camp Nou, en agosto de 2021 - Créditos: @PAU BARRENA

Galtier le contagió otro espíritu: nada de acabar la faena de una historia maravillosa como tantos otros cracks, como una suerte de doble cinco estilista. Un poco más adelante del que raspa, pega, recupera. Nada de eso: allá arriba, adelante, en el ataque, casi como wing, por la derecha, como falso nueve, más determinante que nunca. Y con la libertad de siempre. Algo así como el Pep Guardiola del crepúsculo.

Un 2022 (sobre todo, un segundo semestre de 2022) a toda orquesta, a puro baile, hasta la consagración definitiva en Qatar. El Mundial de toda una vida. En París (justo en Francia, el finalista) consiguió en una ráfaga (un puñado de meses tan traumáticos como maravillosos) lo que esperó en Barcelona toda una vida. Lejos de su hogar, el galo por el catalán, los desafíos de las miradas imprudentes, casi, casi a los 36 años. ¿Quién lo habría imaginado?

Leo le ganó hasta a las vueltas de la vida. Es que allí, en el detrás de escena (tantas veces se habló del grupo de la selección, por ejemplo), fue más resiliente que nunca. Y vaya si se cayó y levantó: cuando le decían, de chico, que no podía jugar si no seguía al pie de la letra un durísimo tratamiento médico o cuando era una de las víctimas de años de reproches de selección.

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Lionel Messi vivió los últimos meses a pura emoción

De ganar la Copa América en el Maracaná a una derrota, a modo de portazo en el Camp Nou, en un mes, julio-agosto de 2021: no transcurrió tanto tiempo. Un tsunami. Como la pandemia: quién lo habría presagiado. A Messi le cerraron su cancha de un plumazo y de pronto, se confirmaba la teoría que supera al fútbol: nada es para siempre.

El proyecto debió ser otro: profesional, personal y familiar. Leo tenía un sueño cuando se presentó en la Masía, a los 13 años. Por algo más de 21, Barcelona –y no solo el club, un modelo en otro tiempo, que cayó en bancarrota- fue su lugar en el mundo. Allí era aplaudido cuando la malicia de nuestro medio no le perdonaba ni un milímetro en falso.

Allí, con Pep Guardiola, primero, con Luis Enrique más tarde, fue un niño mimado y un hombre endiosado. Lo arropaban cuando en el seleccionado nacional alcanzaba tres finales en serie sin la recompensa deseada. Y cuando levantó una copa... estalló el eclipse en la ciudad condal.

La presentación oficial de Lionel Messi, en el Parque de los Príncipes
La presentación oficial de Lionel Messi, en el Parque de los Príncipes - Créditos: @Francois Mori

Leo tiene tres hijos, Thiago, Mateo y Ciro, una familia establecida en Barcelona. Iban a la escuela de siempre, tienen sus amigos de toda la vida, un mundo social. Ese es el quiebre que más tensión le provocó: los suyos lo son todo, más allá del fútbol. Debió tomar una decisión de vida… familiar. No estaba preparado como los trotamundos del fútbol, que se instalan en un nuevo destino en cada temporada.

“Mi plan es jugar toda la vida para el Barcelona. Sólo me iré cuando ya no sea bueno o cuando el club no me quiera”, anunciaba en noviembre de 2011. “¿El dinero? No, el dinero no. Solo me iría si pensara que no soy tan bueno, o cuando el club ya no quisiera tenerme”. Transcurrieron casi diez años. Cambió todo. Las relaciones contractuales, los topes salariales. Se quebró el factor humano: lo más valioso.

En París nada fue sencillo, mientras saboreaba el dulce de la Copa América. Otra eliminación en la Champions League, dudas, reproches... silbidos. ¡Silbidos a Messi!. Ocurrió el 13 de marzo de 2022. Se vislumbraba que no sería sencilla la vuelta de Paris Saint Germain al Parque de los Príncipes, luego de la traumática eliminación de la Champions League, con el 1-3 que le propinó Real Madrid, en un encuentro en el que tenía todo servido para ganar. Y las predicciones se hicieron realidad desde antes del inicio del encuentro ante Bordeaux. Hubo silbatina y abucheos para casi todos, especialmente para Lionel Messi y Neymar, menos para Mbappé, figura de los franceses en la serie ante los merengues.

Sufría en Francia, se reconfortaba con el estilo de Lionel Scaloni, quería estar cerca de Rodrigo de Paul, sentía que algo grande se estaba construyendo en lo colectivo, lo grupal. En el mientras tanto, seguía la adaptación a una sociedad que no le pertenecía, que seguía de lejos, hasta que en el segundo semestre, con Galtier y con la convicción de que Qatar era la última estación, empezó a volar.

Más sensible en lo humano, más crack en lo profesional. Como hombre, lo demostró en algunas charlas periodísticas. Hubo un quiebre, entre tantos, cuando un relator le confesó, entre llantos, su admiración. Leo abrió su corazón más que nunca: “Gracias a vos. A mí me emociona poder llegar así a las personas en la Argentina o el mundo en general que siempre me acompañó, me admiró desde lo futbolístico o la persona. Que puedan llegar a conocer a través de esto, de la entrevista, de la pantalla y yo también soy un agradecido por el cariño que conseguí en mi carrera”.

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El Mundial, su Mundial. El afecto que lo superó todo (de adentro, de afuera), aún incluso sobre su obra en el campo de juego. El deseo mundial de que la copa la levantara solo la Pulga. El regreso a París, a la tierra incómoda por esas vueltas de la vida. El enorme rival de la final, Mbappé como su enemigo íntimo. Además, lógicamente, el compañero perfecto sobre el césped. El pasillo, la alegría (Leo se ríe, ahora; ya no se emociona como ayer).

El técnico del París Saint-Germin lo contiene. Espera que esté listo para jugar el miércoles próximo, en un partido de la liga francesa, en el choque ante Angers. El astro recibió descanso adicional tras conducir a la Argentina a la coronación en Qatar, con dos goles en la final del 18 de diciembre. Messi volvió a los entrenamientos con el PSG el miércoles de esta semana, y sus compañeros formaron un pasillo de honor para festejar el triunfo del crack.

Leo, la copa y una imagen que será para toda la vida
Leo, la copa y una imagen que será para toda la vida - Créditos: @Marvin Ibo Guengoer

“Él estaba feliz y quizás incluso un poco conmovido de recibir esta ovación. Tenemos suerte de contar con un jugador como él”, suscribe el conductor que lo animó a reinventarse. En la selección ya era feliz: ahora lo es en París, convencido de que el recibimiento (más allá de que los franceses perdieron la final, más allá de Mbappé, el ídolo máximo) de la semana próxima será cálido. Es la figura mundial.

Ahora, disfruta como nunca antes... y sueña, otra vez, con la Champions. El bolillero resultó un puñal: será Bayern Münich, por los octavos de final. Sin embargo, ahora sí en la recta final de su carrera, nada ni nadie lo detiene. Campeón, también, en las vueltas de la vida. “Siempre nos quedará París”, es una frase de antología, de un cine de otro tiempo. A Leo siempre le quedará París: en sus calles, terminó de consolidarse el campeón más allá de Qatar.