Liderazgo Luis Enrique

Madrid, 11 nov (EFE).- Argentina es la selección de Leo Messsi. Francia es el equipo de Mbappé. Brasil, la selección de Neymar. Croacia, la de Luka Modric. España, en cambio, no es un colectivo del que cuelgue una estrella mundial, con fortaleza y presencia mediática brutal. España es la selección de Luis Enrique. Es el espejo de su entrenador.

Este matiz no es no mejor ni peor. Si acaso, mejor y evitas el vedettismo de los divos. Es un paisaje distinto, que funciona seguro con un liderazgo absoluto de un técnico con personalidad y determinación. Más cercano al mando de Javier Clemente, que aceptaba toda la presión hacia su persona para liberar a los futbolistas del agobio mediático y que pudieran así entrenar y jugar con la mente limpia, única y exclusivamente pensando en la selección.

Luis Enrique jugó su primer Mundial en EEUU, en el año 94. Tenía 24 años. Conoce el paño. Y apuesta por un equipo con un perfil joven, de jugadores repletos de entusiasmo, muy sub '21 -Gavi, Pedri, Guillamón, Yeremy Pino, Ansu Fati, Nico Williams..-, blindado con un póker de veteranos donde Busquets lleva el mando. El seleccionador apela a un equipo con brío, con empuje, de ida y vuelta, de presión alta, de recuperación inmediata tras pérdida. Y con buen gusto en la pizarra.

Sergio Busquets arropa al grupo. Lo protege y lo mima. El fue campeón en Sudáfrica siendo un crío. Y ahora está feliz dirigiendo las operaciones. Los Mundiales se ganan con un 1 y con 9, de entrada. Unai Simón y Alvaro Morata son dos tipos serios. Van a Qatar 2022 con ganas de revancha. Nadie les regaló nada. Pero son conscientes que llega la hora de la verdad. Son valientes y llevan esperando esta oportunidad todo el año.

Morata, si abre la lata frente a Costa Rica, será un puñal para España. Con un gramo de confianza, Morata se come el mundo. Los Mundiales también se ganan con un punto de suerte. Un nueve de su perfil como Fernando Morientes firmó un gol legal que un árbitro egipcio se encargó de anular contra Corea del Sur en el 2002. Aquel equipo de José Antonio Camacho tenía cara de campeón. Sin suerte no se gana jamás un Mundial. Y ahí entran las lesiones.

Luis Enrique ha confeccionado una plantilla de 26 futbolistas. Todas las posiciones están dobladas con gente sobria y emergente. Gente con hambre. La lista, según colores, podría tener otras opciones -Canales, Iago Aspas o Borja Iglesias-, pero es la lista de Luis Enrique y a partir de hoy la lista de todos los españoles.

Luis Enrique maneja todos los escenarios en esta lista. La del papel de revulsivo con Nico Williams. La de la motivación de Marco Asensio, redimido y puesto en órbita con un par de meses excelsos en el módulo Ancelotti; y con una bala especial con la que Luis Enrique es prudente y que añora porque sabe que si estuviera al cien por cien sería un delantero capaz de mirar a los ojos a los más grandes del planeta. Su bala es Ansu Fati. Lucho cree en Ansu. Ojalá le dé tiempo a devolverle la confianza y el premio que le ha dado el míster. Sería una buena noticia para España.

Los Mundiales marcan en la vida. Lo juegan los 26, en este caso. Sin solidaridad no hay armonía. Pepe Reina ayudó a Iker a parar un penalti decisivo a Cardozo ante Paraguay en 2010. Son gestos. Pero que ilustran el poderío de un grupo sólido y fuerte, que marca de inicio la estrategia de Luis Enrique con una lista que como todas, siempre ilusiona al fútbol español en vísperas de un Mundial.

Luis Villarejo

(c) Agencia EFE