Las Leonas, después de la derrota en la final del Mundial: el desafío de acortar la brecha ante Países Bajos

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Escena de la final de la Copa del Mundo de Hockey Femenino que disputan Las Leonas y Países Bajos.
Escena de la final de la Copa del Mundo de Hockey Femenino que disputan Las Leonas y Países Bajos.

Llantos, impotencia y frustración, postales de un rendimiento que estuvo muy por debajo de lo esperado en la final del Mundial. Quedó claro que todavía no es el tiempo de las Leonas, y que Países Bajos sigue dominando el hockey sobre césped femenino con mano de hierro. Las chicas de naranja están dispuestas a seguir mandando en este deporte rumbo a los Juegos Olímpicos de París 2024, más allá sus cambios de técnicos y de la rotación de jugadoras.

La solvencia y el aplomo con que las neerlandesas superaron a la selección argentina en el partido decisivo del Mundial de España y Países Bajos es digno de admiración. La victoria por 3-1 en Terrassa, que pudo haber sido más amplia, obliga a reflexionar si las Leonas serán capaces de volver a ser algún día las N° 1 del ranking, como lo fueron durante algún lapso de las gestiones de Sergio Vigil (Perth 2002) y Carlos Retegui (Rosario 2010). No resultará fácil, ante un país que rebosa de infraestructura en este deporte y que saca diferencias abismales en este aspecto.

Así las cosas, el orden mundial no se alteró y la Argentina ratificó su condición de N° 2, después del subcampeonato en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, donde perdió ante el mismo rival y con idéntico resultado. Figurar segundas en el planeta hockey es de por sí un logro muy valioso, pero las Leonas son inconformistas y hubo varias señales de insatisfacción. Como en el caso de Agustina Gorzelany, que si bien acababa de ser distinguida por ser la máxima goleadora del Mundial, con ocho tantos, no podía ocultar una mueca triste.

La hija de un excombatiente de Malvinas, especialista en córners cortos, comentaba lacónica: “Este reconocimiento individual es un mimo, pero creo que hubiese preferido levantar la copa... Me da mucha impotencia seguir saliendo segundas. Da mucha bronca, estábamos tan cerca y se nos escapó... Estoy muy enojada”.

Bien vale el amor propio de la jugadora formada en el club San Martín, que además de una plaqueta se llevó una recompensa económica de 3000 dólares, al igual que María José Granatto, elegida mejor jugadora del torneo. El plantel que conduce Fernando Ferrara replica el sentimiento de generaciones anteriores de Leonas, aquello de “ganemos el título o nada”, aunque cuando bajen las revoluciones, seguramente hoy, empezarán a reconocer el valor de haber alcanzado otra final en un torneo grande.

La buena noticia para las Leonas es la proyección que hay desde aquí hasta París, considerando que hubo once debutantes mundialistas en Terrassa y que la mayoría tiene un buen margen para seguir formando parte de la selección en su plenitud. Asimismo, Belén Succi jugó ayer su último partido internacional con la celeste y blanca y dejará un gran vacío, en un puesto fundamental como el de arquera. Ahora, será el momento para brindarle confianza a Clara Barberi, guardavallas suplente, y a otras que puedan pelearle el lugar.

Además, el cuerpo técnico analizará la situación de la capitana Rocío Sánchez Moccia, al borde de los 34 años y que cumplió 282 partidos internacionales. Por lo pronto, a la volante le quedó un sabor dulce, más allá del golpazo en la final. “Esa vibra de entregarse al ciento por ciento estuvo desde que empezó el ciclo de Ferrara y durante todo el torneo. Nos entregamos a morir, buscábamos jugar la final y lo logramos. Queríamos estar acá y lo conseguimos. Creo que aprendimos a ganar; hay una sensación de ‘entro y no pierdo’, más allá de que te puede pasar lo que ocurrió en esta final”, dijo la madre de Francesca.

El reto ante la gran potencia

Es indudable que Ferrara tendrá material para elegir de aquí a dos años, con el desafío intermedio de los Panamericanos de Santiago de Chile 2023. Siempre surgieron jugadoras talentosas, que incluso ya saben el compromiso profesional que implica ser una Leona. El gran reto será -una vez más- tratar de sobreponerse a Países Bajos en un eventual nuevo choque decisivo. La naranja es una selección que se reinventa permanentemente y que encuentra recursos técnicos y anímicos en momentos clave como ninguna otra en el mundo.

En la final de ayer, Países Bajos aguantó el vendaval inicial de las Leonas y después exhibió una superioridad manifiesta, con posesión de la bocha, manejo de los tiempos y una excepcional distribución de posiciones para que la máquina nunca dejara de funcionar.

Golpe a golpe, el equipo de Jamilon Mülders desarticuló a las Leonas y se impuso con los tantos de Maria Verschoor, Frédérique Matla y Felice Albers. El conjunto argentino intentó una reacción y descontó por intermedio de Gorzelany, que clavó un golazo de córner corto a un ángulo. Incluso, estuvo a punto de quedar a un tanto de distancia, pero desde muy temprano perdió la chance de pedir el video-ref por un reclamo erróneo. Fue una derrota justa, un shock de realidad, aunque desde mañana mismo, la Argentina querrá seguir discutiéndole el reinado a la máxima potencia.

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