Juegos Suramericanos de la Juventud Rosario 2022: los herederos de los apellidos históricos dentro de los 258 atletas argentinos

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La búsqueda del arco rival, la mirada atenta... No es el histórico Eric Gull de la selección argentina de handball, sino su hijo, Juan Gull, en Rosario
LA NACION/Marcelo Manera

Hay apellidos que quedan grabados para siempre en la historia del deporte. Jugadas inmortalizadas en las que el apellido escrito sobre su espalda brilla y resuena en la memoria colectiva. ¿Quién no soñó alguna vez con vestir la camiseta con un apellido emblemático sobre sus hombros? Un try, un knock-out, una habilidad con la pelota. Son lujos que solo algunos alcanzan, y cuando el protagonista es parte de la familia, el orgullo y el contagio toma otro valor. Entre los 258 deportistas que viajaron a los Juegos Suramericanos de la Juventud Rosario 2022 hay tres apellidos que resuenan y causaron confusión. Narvaes, Gull y Albanese. Éstos, llevaron al imaginario colectivo a por unos segundos dudar, hasta ver la cara de los jóvenes deportistas. Se trata de los herederos de los exdeportistas que ahora, tienen el orgullo de ser ellos quienes representen por primera vez a la Argentina.

Además están los hermanos. Lautaro Destribats, quien ganó la medalla de plata en lucha -71 kilos, es el hermano de Agustín. Éste, de 24 años, fue olímpico en Tokio 2020, es campeón del mundo y se adjudicó la medalla de oro en la primera edición de los Juegos Suramericanos de la Juventud Lima 2013. Paula Gómez Iriondo, de 16 años y campeona nacional U16 el año pasado, llegó a Rosario en busca de su debut en el atletismo. Ella, es hermana de Luciana, quien fue campeona sudamericana U20 en 2021.

También está Ailén Oliva, hermana de Nicolás, ambos jugadores de badminton. Esta será una de las primera competencias para la joven que debutará el jueves, buscando imitar la histórica medalla de bronce ganada por su hermano en los Juegos Panamericanos Junior Cali 2021 en el dobles mixto.

Ailen Oliva, protagonista en la prueba de Badminton.
LA NACION/Marcelo Manera


Ailen Oliva, protagonista en la prueba de Badminton. (LA NACION/Marcelo Manera/)

Lucas Albanese se coronó campeón junto al equipo de rugby 7. El domingo, vencieron a Chile 53-0 y obtuvieron la medalla de oro. Del otro lado del alambrado, estaba su padre -Diego- junto a su mamá y hermana. Diego, protagonista del histórico try ante Irlanda en el Mundial Gales 1999 que le dio el triunfo y pase a los cuartos de final por primera vez a Los Pumas, sabe lo que es festejar y vestir esa camiseta.

“Trato de no comparar y no meterme. Desde que nacieron que van al club a verme y luego empezaron a entrenar. No fue una obligación, no me metí y los dejé elegir lo que quieran hacer”, apuntó Diego en diálogo con AADeporte.

Su hijo, al igual que el padre, surgió del San Isidro Club. Está dando sus primeros pasos con la selección pero se ilusiona en seguir un camino similar al de su papá. Diego formó parte de Los Pumas durante casi diez años (1995-2004), disputó tres mundiales y vivió varias temporadas en Europa. El joven de 17 años, recién comienza su recorrido con el seleccionado de Buenos Aires (con quien fue campeón del Campeonato Argentino M18) y estas primeras nominaciones con el combinado seven.

Dentro del ring, la historia se repite. Esta vez, el que da pelea es Junior, el hijo de Omar Narvaes. Pero el histórico boxeador nacido en Trelew, no estará muy lejos, ya que desde su retiro que es el entrenador nacional del equipo de boxeo con miras a los Juegos Olímpicos de la juventud Dakar 2026. Su hijo de 17 años y tres peleas amateurs, fanático del deporte y obstinado desde los 11 años cuando comenzó a practicarlo e inspirarse en su papá, sueña con repetir parte de su historia o, al menos, clasificar a un Juego Olímpico.

Narvaes padre fue olímpico en dos oportunidades: Atlanta 1996 y Sydney 2000. Además, supo ser campeón mundial Mosca y Super Mosca de la Organización Mundial de Boxeo entre 2002 y 2014. Lleva en su historial 29 defensas de sus títulos y un récord de 49 victorias (25 por nocaut), cuatro derrotas y dos empates. Sumada su medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1999.

Junior Narváez, en el ring de los III Juegos Suramericanos de la Juventud Rosario 2022
Prensa Juegos Suramericanos de la Juventud


Junior Narváez, en el ring de los III Juegos Suramericanos de la Juventud Rosario 2022 (Prensa Juegos Suramericanos de la Juventud/)

“Es un orgullo, por toda la trayectoria que tiene y la experiencia que me transmite, por todo lo que vivió. Más allá de ser mi papá, el poder tener a un doble campeón mundial en el rincón es un privilegio y el hecho de poder compartir esta pasión por el deporte con él, es algo muy lindo”, señaló en una entrevista en 2019 en SuperDepor, Junior, el campeón nacional.

Juan Gull, en acción en el handball playa
LA NACION/Marcelo Manera


Juan Gull, en acción en el handball playa (LA NACION/Marcelo Manera/)

Ahora es Juan al que le toca representar al país. Como lo hizo su padre durante diez años, el joven Gull se encargará de llevar esa camiseta con orgullo y dejar su apellido en lo más alto del handball. Experiencia no le falta, el jugador de 17 años, viene de ser subcampeón en el Centro-Sur juvenil disputado en el CeNARD y de alcanzar la clasificación al Mundial que se jugará en junio.

Juan juega a nivel selección en la modalidad beach, su padre lo hizo indoor. Pero Juan, al igual que Eric, defiende los colores del Club Alemán de Quilmes, donde juega en ese formato. Estilos similares, condiciones exactas, garra y corazón. El hijo, flaco y alto como su padre, lo esboza, lo imita y contagia. Tal fue así, que salió la figura del partido en la final del Centro-Sur ante Brasil.

Gull, en acción sobre la arena de los Juegos Suramericanos de la Juventud Rosario 2022
LA NACION/Marcelo Manera


Gull, en acción sobre la arena de los Juegos Suramericanos de la Juventud Rosario 2022 (LA NACION/Marcelo Manera/)

Gull es sinónimo del handball por eso el amor y el contagio que Juan siente para con el deporte. Eric, quien fue campeón panamericano tres veces y disputó cinco Mundiales (1997, 1999, 2001, 2003 y 2009), buscó inspirarlo y dejarlo ser. Hoy sus fintas son similares y su pasión contagiosa, como la de su padre.

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