Para este viaje con Juancho Hernangómez no hacía falta perjudicar a España

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Juancho Hernangómez se quedó a las puertas de poder jugar con España en los JJ.OO. Foto: Angel Martinez/Getty Images
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Juancho Hernangómez viajó a Tokio junto a sus compañeros el pasado mes de julio en el convencimiento de que tanto su lesión como los problemas burocráticos con los Minnesota Timberwolves se solucionarían en breve. Pese a que su estancia en la NBA había sido algo irregular, Juancho seguía siendo una pieza clave para Sergio Scariolo y el equipo nacional. Como ya había demostrado en el Mundial de 2019, donde fue decisivo para el triunfo español, Juancho era un alero que marcaba las diferencias en el baloncesto FIBA: un jugador capaz de postear, de defender como un animal, de hacerse fuerte en el rebote y de tirar de tres con solvencia, sobre todo desde las esquinas.

En un equipo ya algo envejecido, pero aún con claras posibilidades competitivas, Juancho estaba llamado a ser la diferencia entre optar por las medallas o irse a casa antes de lo deseable. Por eso, Scariolo le estuvo esperando y, por eso, Jorge Garbajosa y la FEB no pasaron un día sin negociar con los responsables de los Timberwolves las distintas pegas que estos iban poniendo. Al final, con los Juegos ya empezados y justo en la previa del debut de la selección, la baraja se rompió: los Timberwolves se negaban a que su jugador participara en la competición, presuntamente por miedo a que empeorara su condición física.

El palo fue enorme, aunque España supo recuperarse y competir a un excelente nivel. Tres minutos pésimos contra Eslovenia en la fase de grupos les condenó a enfrentarse a unos Estados Unidos inaccesibles en cuartos. Es inevitable plantearse cómo habría sido ese partido contra los de Doncic con Juancho Hernangómez en la cancha. La sensación de rabia e impotencia no mejoró cuando los Timberwolves decidieron traspasar a su alero apenas tres semanas después, antes incluso de las concentraciones de pretemporada. Eso era todo lo que les importaba Juancho, que pasaba a las filas de los Memphis Grizzlies, un equipo joven y con muy buena pinta.

Así empezaba el incomprensible calvario de Juancho este año en la NBA. Los Grizzlies no contaban con él, solo con su contrato, que mandaron a Boston en septiembre a cambio de Kris Dunn y Carsen Edwards, que tampoco llegaron a debutar con el equipo de Tennessee. Pese al espantoso momento que atraviesan los Celtics y a las numerosas lesiones e infecciones de Covid que ha sufrido su plantilla, Juancho tampoco consiguió hacerse un sitio allí: dieciocho partidos jugados, cinco minutos de media y un punto por partido. Números impropios de una estrella FIBA como él.

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La última vuelta de tuerca a esta situación es el reciente traspaso a los San Antonio Spurs. Su cuarto equipo esta temporada. No es normal en un chico de veintiséis años, salvo que nos estemos perdiendo algo que no se haya hecho público y su lesión sea aún más inhabilitante de lo que se dice. Pero, en ese caso, no tendría sentido que los Celtics le hicieran jugar quince minutos en dos partidos consecutivos de diciembre. Habrá que ver si Popovich va a contar con él o si ha sido otro movimiento estratégico. Todos confiamos en lo primero pero nos tememos lo segundo.

Si así fuera, Juancho haría bien en volver cuanto antes a Europa. La versión europea de Juancho es de un altísimo nivel, incluso la de finales de la pasada temporada en Minnesota anunciaba grandes cosas. No es fácil encontrar aleros tan altos, tan coordinados y con tan buen tiro. Parece que el máximo favorito para hacerse con sus servicios es el Real Madrid, pero no sabemos si está poniendo más empeño el club o la prensa afín que insiste todo el rato en el fichaje. Juancho se hizo un nombre en España con el Estudiantes, actualmente en la LEB, pero llegó a jugar en la cantera del Madrid, como lo hizo su hermano Willy. Un caso muy parecido al de su padre, Guillermo Hernangómez, quien, proveniente del Real Madrid, tuvo sus mejores años en el Estudiantes, a mediados-finales de los ochenta.

Sea como fuere, está claro que Juancho necesita hacer algo. Tiene aún muchos años de baloncesto por delante y muchas oportunidades de volver a sentirse importante. Si no es en el Real Madrid, donde sea. Duele ver a un jugador de su talento y su energía pegado al banquillo y viajando con las maletas de un lado a otro buscando una oportunidad como un feriante de lujo. Duele casi tanto como dolió verle fuera de los Juegos Olímpicos cuando ya todos contábamos con su presencia para luchar al menos por las medallas por cuarta edición consecutiva.

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