Johnny Depp y Amber Heard son el ejemplo de que los brillos de Hollywood no significan nada

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Confieso que cada jornada que sigo del juicio de Johnny Depp contra Amber Heard en directo, no puedo evitar imaginar siempre lo mismo. Escucho las acusaciones cada vez más severas, las intimidades expuestas y los extremos aparentemente vividos en la relación, que mi mente vuela imaginando a los abogados del actor intentando persuadirlo antes de presentar la demanda. “Tienes millones en el banco Johnny, viviste años de éxito, déjalo estar, puede ser peor el remedio que la enfermedad”, los imagino diciéndole ante la hecatombe mediática que estamos viviendo y que nadie sabe cómo va a terminar.

Y es que las acusaciones y relatos que han ido dejando al descubierto nos pintan un panorama desolador que, en mi opinión, deja clara una verdad enorme.

Amber Heard testificando y Johnny Depp durante el juicio por difamación en Fairfax County Circuit Courthouse en Fairfax, Virginia, el 5 de mayo de 2022. (Photo by Jim LO SCALZO / POOL / AFP) (Photo by JIM LO SCALZO/POOL/AFP via Getty Images)
Amber Heard testificando y Johnny Depp durante el juicio por difamación en Fairfax County Circuit Courthouse en Fairfax, Virginia, el 5 de mayo de 2022. (Photo by Jim LO SCALZO / POOL / AFP) (Photo by JIM LO SCALZO/POOL/AFP via Getty Images)

Y es que, al final, ni la fama, el éxito ni el dinero dan estabilidad alguna. Seas rico, famoso o el ser más popular del planeta, no vale de nada si no disfrutas de una vida emocional estable. Y no me refiero a posicionarse a favor de uno en particular, como están haciendo inevitablemente los fans de Johnny Depp o la opinión pública en general, sino a que demos un paso atrás y observemos el panorama con cierta dosis de neutralidad.

Dos personas exitosas. Él habiéndose convertido en un actor adorado por el mundo, con un legado de películas y personajes que se ganaron el cariño incondicional de los espectadores. Desde Don Juan de Marco a Gilbert Grape pasando por Eduardo Manostijeras o el Capitán Jack Sparrow, entre tantos otros. Ella escalando peldaños en Hollywood, ascendiendo en su carrera a paso firme hasta llegar al preciado mundo de los blockbusteres de la mano de Aquaman.

Dos personas de éxito, amasando sus propias fortunas a base de trabajo, económicamente privilegiados, con acceso a lugares y lujos imposibles para los meros mortales. Vacacionando en islas privadas, con oportunidades de trabajo constantes, teniendo, literalmente, el mundo a sus pies. Pero ahí estaban, según el relato de cada uno, viviendo historias personales que se alejan muchísimo de la felicidad superficial que los focos de Hollywood a veces nos venden.

Porque a lo largo de las últimas semanas hemos escuchado todo tipo de revelaciones, alegatos y acusaciones. Y es que por mucho que se tome partido o se opine libremente ante las acusaciones opuestas de cada bando, esta batalla legal está ventilando tantas intimidades personales como supuestas situaciones vergonzosas que dejan entrever una vida inestable que nada tiene que ver con la magia que crean en la gran pantalla.

LONDRES, INGLATERRA - NOVIEMBRE 03: Johnny Depp y Amber Heard en la premiere británica de 'Los diarios del ron¡' en Odean, Kensington el 3 de noviembre de 2011 en Londres, Inglaterra. (Photo by Mike Marsland/WireImage)
LONDRES, INGLATERRA - NOVIEMBRE 03: Johnny Depp y Amber Heard en la premiere británica de 'Los diarios del ron¡' en Odean, Kensington el 3 de noviembre de 2011 en Londres, Inglaterra. (Photo by Mike Marsland/WireImage)

Desde el relato detallado de Johnny Depp compartiendo su infancia junto a una madre que abusaba física y psicológicamente de su padre, acarreando un trauma a lo largo de su vida que derivó en la dependencia al alcohol y las drogas. Supimos detalles de sus etapas, de su adicción a un medicamente opioide, perdiendo el conocimiento y sintiéndose fuera de sí mismo hasta que se sometió al difícil tratamiento de desintoxicación. Se habló de enfermeras continuamente a su lado, de recaídas, guardaespaldas ayudando a moverlo… todo mientras recaudaba millones repartiendo aventuras y simpatía con Piratas del Caribe.

Oímos historias de penes al descubierto, de supuestos momentos en que Depp habría orinado en frente a sus guardaespaldas; de Amber Heard y la repetida historia de la defecación en la cama de su ex. En el juicio se están ventilando todos los detalles de la vida de dos seres famosos, con drogas a diestro y siniestro, desde cocaína a éxtasis en aviones junto a una azafata, hongos alucinógenos y marihuana, mucha marihuana.

También se dejaron al descubierto peleas que derivaron en presuntas botellas lanzadas al aire, casas y apartamentos destrozados, escrituras con sangre por las paredes… y yo mientras, pensando, qué terrible llegar hasta ese punto.

Amber Heard ha señalado a Depp de abuso sexual, asegurando que la amenazó de muerte, que buscó drogas en sus partes íntimas y la violó con una botella. Dice que le pegaba puñetazos y hasta un cabezazo en la nariz. Mientras él mantiene que su ex miente, que fue él quien sufrió violencia física. Las pruebas fisícas, hasta el momento, son escasas, mientras lo que hay son muchas acusaciones y testimonios. Desde empleados que hablan de la generosidad de Depp a una ex asistente que acusó a Heard de escupirle en la cara. De una psicóloga contratada por Depp que dice que la actriz padece de “trastorno límite de la personalidad”, y la utilizada por Heard que asegura que sufre estrés postraumático de una víctima de abusos. Un tira y afloja constante de relatos opuestos, y todavía faltan varios testimonios por escuchar.

Hasta el momento, ningún bando ha desperdiciado oportunidad para lanzar acusaciones el uno sobre el otro. Depp dice que él fue la víctima, señalando a su ex de mentir para sacar partido de la situación hundiéndolo en el camino. Heard dice que lo fue ella, que se enamoró perdidamente, pero que los supuestos abusos comenzaron tras la boda, llegando a vivir presuntos momentos de violencia en público, siendo testigo de los extremos del actor a raíz de sus adicciones y procesos de desintoxicación, hasta llegar a sufrir una supuesta violación con una botella de alcohol. Todo esto bañado de insultos, gritos y amenazas.

Y en todo este proceso, mientras Depp intenta limpiar su nombre y Heard mantiene su relato como víctima de violencia, han sacado a relucir las aparentes peores caras de cada uno. Por un lado con fotografías de Johnny Depp supuestamente intoxicado por el alcohol y las drogas, imágenes de Heard con presuntas marcas de abusos físicos, y audios. Muchos audios que dejan entrever una relación tóxica en donde se escucha a Depp profanar pero también a Heard reconocer que pegó al actor. En resumen, testimonios que están dividiendo a la opinión pública -sobre todo a los fans acérrimos de Depp que no dan ningún tipo de veracidad al testimonio de Heard e, incluso, se agolpan en las puertas del juzgado de Fairfax, en Virginia, recibiendo a Depp como en sus mejores años de fama- pero que, en definitiva, pintan unas vidas que nada tienen que ver con los brillos ficticios que nos vende Hollywood.

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Porque ahí están, esas dos figuras que durante un par de años desfilaron por alfombras rojas de la mano en sus mejores galas, detallando viajes de lujo, islas privadas, yates y fiestas cuando estaban en la cima de sus carreras. Pero lanzando también la otra cara de la moneda, destapando una relación repleta de acusaciones, situaciones extremas, presunta violencia y abusos con anécdotas que marcarán sus perfiles mediáticos de por vida.

Y creo que por eso nos dejan algo muy claro: por un lado, que nada en Hollywood es como lo muestran y que, al final, ni la fama, el éxito o el dinero son referente alguno de felicidad real. Porque habrán desfilado ante las cámaras como una pareja feliz, protagonizado películas de éxito mientras un séquito de empleados los mimaban y el dinero les permitía rodearse de mansiones, yates y lujos. Sin embargo, la fama era el humo que tapaba toxicidad, traumas del pasado y el largo etcétera que cada uno quiera creer en esta historia.

El jurado tendrá una tarea difícil a partir del 27 de mayo, cuando el juicio llegue a los alegatos finales. Entonces deberán reunirse y llegar a un veredicto, decidiendo si Johnny Depp ha demostrado que Amber Heard lo difamó con su artículo publicado en The Washington Post en 2016 -donde se proclamaba víctima de violencia de género sin nombrar a su exmarido-. O todo lo contrario. Y no lo tienen nada fácil.

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