La influencia de la Liga Premier se extiende por toda Europa

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Deniz Undav, jugador del equipo Unión de Bélgica. (Foto: Getty Images)
Deniz Undav, jugador del equipo Unión de Bélgica. (Foto: Getty Images)

En esa primera reunión, Alex Muzio supo todo lo que debía saber. No mucho después de que él y su socio comercial, el magnate de las apuestas Tony Bloom, compraron el Royale Union Saint-Gilloise, un equipo belga de fútbol, Muzio se reunió con el entrenador del club. Quería hablar sobre posibles contrataciones.

Muzio nunca había sido futbolista. Nunca había sido descubridor de talento. Había pasado toda su carrera trabajando en la consultoría Starlizard de Bloom, la firma que muchos consideran como el consorcio de apuestas más grande del Reino Unido.

El modelo de negocio de Starlizard está usando datos para encontrar una ventaja. Tiene información sobre decenas de miles de jugadores de todo el mundo. Sus algoritmos hechos a la medida están diseñados para buscar en los datos y detectar oportunidades primero, luego el talento. Como dueño de un equipo, el plan de Starlizard era hacer lo mismo.

Bloom ya poseía un equipo en Inglaterra: el club al que siempre ha apoyado, el Brighton, se ha transformado en un pilar de la Liga Premier gracias a los métodos y el dinero de Bloom. Sin embargo, Bloom y Muzio querían ver qué más podía lograr su “propiedad intelectual”. “Queríamos ganar un título”, dijo Muzio.

Para mayo de 2018, cuando Bloom completó la compra del Union, Muzio estaba ansioso por comenzar. En ese entonces, el club, el cual celebró su último título en los años entre las dos guerras mundiales, estaba atrapado en la segunda división del fútbol belga. En su gran mayoría, el personal estaba conformado por voluntarios. Sus instalaciones de entrenamiento en los suburbios de Bruselas no tenían duchas. Incluso ahora, Muzio no puede decir con certeza si había un inodoro.

La intención de Muzio no era que permaneciera así. El primer paso era ascender al máximo circuito de Bélgica en tres años y, para hacer eso, Muzio sabía que la escuadra necesitaba una remodelación. Le presentó al experimentado director técnico del club, Marc Grosjean, una lista de potenciales contrataciones, todas ellas elegidas y evaluadas según los datos de Starlizard.

Grosjean no quedó impresionado. Usó un improperio para describir las sugerencias de Muzio y luego le ofreció sus propias alternativas. “Me dijo que prefería mucho más firmar a un grupo de jugadores belgas, jugadores que él conocía”, comentó Muzio. No pasó mucho tiempo antes de saber qué decían las métricas de Starlizard de ellos. Grosjean se fue a final de mes, su abrupta partida (aunque fue de mutuo acuerdo) se anunció como “una diferencia de opinión en el desarrollo deportivo del club”.

“Queremos hacer las cosas de cierta manera”, declaró Muzio. La resistencia tan solo iba a ralentizar las cosas.

Tres años más tarde, sus ideas han sido reivindicadas. El verano pasado, el Union cumplió su objetivo de ascender. Estamos poco más allá de la mitad de esta temporada y el equipo pasará la Navidad en la cima de la tabla de la Jupiler Pro League, a seis puntos de distancia del Brujas. La forma en que está estructurado el fútbol belga, con un calendario de liga tradicional al que le siguen unas finales al término de la temporada, significa que el primer título nacional para el Union desde 1935 sigue siendo tan solo una posibilidad distante. Sin embargo, como sea es una posibilidad.

Esta es una versión de una historia que cada vez se ha reproducido con mayor regularidad por toda Europa en años recientes: equipos a la deriva en la mediocridad o caídos en desgracia que son levantados, pareciera que de la noche a la mañana, por alguna fuerza externa. En la superficie, los clubes tienen poco en común. En lo interno, están unidos por el mismo hilo, uno que se puede rastrear hasta Inglaterra.

No hay ninguna duda de que, durante más o menos la última década, la Liga Premier le ha dado forma al fútbol europeo. Desde hace mucho tiempo, la riqueza de la primera división de Inglaterra ha ejercido una fuerza gravitacional sobre el resto del continente. Los clubes ingleses sirven como el mercado más confiable para los jugadores, suben los precios en el mercado de transferencias y disparan los salarios por los cielos. En toda Europa, los futbolistas son adquiridos con un ojo puesto en las ventas futuras para Inglaterra y a menudo se compran con dinero que es una consecuencia derivada de los acuerdos televisivos de la Liga Premier que, en apariencia, son a prueba de pandemias.

Sin embargo, en años recientes, la naturaleza de ese impacto ha cambiado. Ya no existe a una larga distancia; más bien, los clubes ingleses —o, mejor dicho, los grupos internacionales que los poseen— han invertido directamente en equipos en el extranjero, con lo cual han obtenido una influencia notable sobre los campeonatos en toda Europa y en el mundo.

Hay varias razones detrás de este fenómeno. Dos de los rivales del Union en la Jupiler Pro League tienen dueños con influencia inglesa: el OH Leuven es propiedad de King Power, la empresa tailandesa que controla al Leicester City, y el Ostend es parte de un grupo de clubes que pertenecen a Pacific Media Group, entre los cuales están el club francés Nancy; el FC Den Bosch, en los Países Bajos, y el Barnsley, en la segunda división inglesa.

Aunque a veces el Leuven ha servido más como un equipo estancia—un lugar donde se envían a los jugadores jóvenes para obtener experiencia—, Pacific Media Group cree que su estrategia sirve para mejorar el rendimiento y reduce costos en toda su red de equipos. “No necesitamos reproducir todo el personal en todos los mercados”, comentó Paul Conway, fundador del grupo, en el pódcast “Unofficial Partner”.

El Ostend, el Nancy, el Barnsley y el resto no solo comparten empleados, sino también conocimiento. “Tenemos una mayor base de conocimiento que la mayoría”, comentó Conway para referirse a los departamentos de reclutamiento de sus clubes. En sus palabras, esto sirve para evitar las “filtraciones”. “Gastas mucho dinero en un jugador y luego, al final del contrato, ese jugador se va”, señaló. “Como tenemos un estilo uniforme de juego, podemos pasarnos la vida con estos jugadores”. En otras palabras, si un club no necesita a un futbolista, se le puede encontrar un espacio en otra parte.

Una estrategia similar le ha ayudado al Estoril, un equipo que durante mucho tiempo había sido de relleno en la primera división de Portugal, a competir por un lugar en la Europa League después de quedar bajo el patrocinio de un grupo de equipos que respalda David Blitzer, el ejecutivo de Blackstone quien forma parte del consorcio que posee al club Crystal Palace de la Liga Premier.

El Midtjylland, el campeón danés, comparte un dueño —otro magnate de las apuestas, Matthew Benham, un excolega de Bloom— y una filosofía con el Brentford FC, una organización basada en datos que acaba de ascender a la Liga Premier.

La relación del Union con el Brighton no es tan jerárquica. La profundidad del conocimiento que tiene Starlizard sobre el juego implica que sus métodos están muy lejos del alcance de sus rivales —“Es imposible que otros equipos los hagan”, opinó Muzio—, pero Muzio rechazó la idea de que el Union sea un club semillero, filial o socio.

“Somos muy independientes”, comentó, antes de referirse a Bloom: “Tony es el dueño mayoritario, pero casi no está involucrado en el Union. No se entromete. Tenemos la libertad de hacer lo que queramos”.

Según Muzio, es inevitable que mucha de la metodología del Brighton y el Union sea la misma, una arraigada en la manera en que Starlizard siempre ha trabajado, pero los clubes no comparten nada más que eso. Hasta ahora, ha demostrado de sobra al haber devuelto al Union —por el momento— al pináculo del fútbol belga con una experiencia creada, perfeccionada y pulida en Inglaterra.

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