El infierno de ver la pelea Canelo vs Bivol (u otro deporte) en Televisa y TV Azteca

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Boxeo de campeonato entre Canelo Álvarez y Dmitry Bivol. (AP Photo/John Locher)
Boxeo de campeonato entre Canelo Álvarez y Dmitry Bivol. (AP Photo/John Locher)

Ver una pelea de boxeo en televisión abierta es un martirio de viejos tiempos. La publicidad ha excedido todos los límites de la vergüenza y, desde hace años, ha emprendido la misión de martillar la cabeza de los televidentes con unas insoportables ráfagas de anuncios. No lo hacen solamente en la pausa intermedia entre round y round, como sería de esperar, pues prefieren invadir por completo el panorama auditivo y visual del espectador.

La transmisión de TV Azteca ha patentado este recurso con un descaro absoluto. En promedio, durante cada episodio del combate entre Canelo Álvarez y Dmitry Bivol hubo un total de diez anuncios. El asunto es que la publicidad no solo se reparte en los molestos cintillos que aparecen en la parte inferior de pantalla, sino que se vuelven parte del relato de los narradores y, en el colmo de la indecencia, acortan la pantalla para poder meter un anuncio de camionetas.

TUDN, la otra cadena que llevó la pelea en señal abierta para suelo azteca, no se quedó atrás. Aunque limitaron los anuncios, en promedio, en cada round se podían escuchar tres menciones que se filtraban en la narración. Quizá lo más molesto es eso: que tratan de extrapolar el vértigo de la pelea al anuncio de una universidad, casa de apuestas, pomada para el dolor, y todos los bienes y servicios que se puedan imaginar.

En ESPN, cadena de televisión de paga que también pasó la pelea, la publicidad fue mínima y se redujo principalmente a los segmentos intermedios. Los narradores y comentaristas no hicieron menciones invasoras, lo cual se agradece. Además, a diferencia de sus competidores de TV Abierta, en ESPN el tono fue neutral y alejado de las porras y análisis tendenciosos que suelen inundar las transmisiones de los dos titanes mediáticos del país. De poco le pueden importar a Azteca las críticas, pues según Nielsen Ibope, en televisión abierta mantienen en la preferencia del público (sumaron 15.7 puntos de rating contra 11. 8 de Televisa).

Bien se podría cuestionar la inteligencia de quienes diseñan estas campañas publicitarias y sellan los acuerdos comerciales. La televisión, como se explicó arriba, siempre estará contenta al lucrar con sus transmisiones sin importar que el espectáculo se rebaje, pero la lógica de un producto tendría que ser diferente, al menos en teoría. Se supone que el objetivo de aparecer a pantalla, en una de las peleas más esperadas del año, tendría que ser cautivar al potencial cliente con un producto o servicio. ¿Eso consiguen?

Más bien, las marcas parecen obstinadas en hartar el televidente, en hacer odiar el producto que están anunciando con tanta insistencia. ¿A quién le puede apetecer comprar algo que está interrumpiendo un espectáculo deportivo? Si la gente prefiere la transmisión no es gracias a los anuncios, sino a pesar de ellos. Seguramente TV Azteca se muere de la risa, pues no reciben ninguna consecuencia por atiborrar la pantalla de comerciales que les pagan muy bien y aun así mantienen la venia del público.

En la TV Abierta mexicana le dieron rounds ganados a Canelo que había perdido a la luz de la evidencia y también de la estadística. (AP Photo/John Locher)
En la TV Abierta mexicana le dieron rounds ganados a Canelo que había perdido a la luz de la evidencia y también de la estadística. (AP Photo/John Locher)

Las marcas, en cambio, parecen vivir en otro mundo. A nadie atrapan ni entusiasman. Solamente sirven para estorbar, porque si fueran lo suficientemente listas sabrían que una mención discreta pero efectiva tendría mucho más utilidad para llegar un público que lo único que quiere es ver un deporte, una pelea en este caso, aunque la publicidad invasiva ha encontrado su oasis en el futbol.

En este tipo de eventos, lo que importa es estar. Los modos y la estrategia se pueden dejar para otros tiempos. Por eso hay personas que acuden a la primera fila únicamente para tomarse selfies. La misma lógica siguen las marcas que en cada evento estelar perfeccionan su arte de torturar a la audiencia. Y la televisión, obviamente, es infinitamente feliz.

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