Independiente se destapó con una goleada a Colón en Santa Fe, con DT en camino y en plena crisis

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Titulares y suplentes de Independiente, mezclados en la celebración del tercer gol, de Benegas
Titulares y suplentes de Independiente, mezclados en la celebración del tercer gol, de Benegas - Créditos: @Luis Cetraro

Independiente se dio por fin una alegría. Con un muy buen trabajo defensivo y un inspirado Leandro Fernández goleó 3-0 a Colón en Santa Fe para romper una prolongada sequía de triunfos y esperar con algo más de ilusión el retorno de Julio César Falcioni a la dirección técnica.

El Rojo vive una de esas transiciones interminables y desgastantes que afectan todas las estructuras de la entidad e impacta directamente en el rendimiento futbolístico. Porque altera el clima del entorno y frustra cualquier opción de pensar en un proyecto a largo plazo. Esta vez se sentó en el banco Juan José Serrizuela, el tercer entrenador en once jornadas, y si nada se tuerce, el domingo frente a River debutará el cuarto, el mismo Falcioni que se fue en diciembre y hasta hace algunas semanas dirigía justamente a Colón, el último rival antes de su regreso.

Lo cierto es que ya sea por la certeza de un interinato de tan limitada duración, por la extensa serie de seis partidos sin éxitos, para ir asimilando el estilo que caracteriza al Emperador o por simple convicción, el Tiburón que fue lateral derecho del equipo campeón en 2002 hizo cambios a granel. Ocho jugadores diferentes respecto al equipo que fue titular la semana anterior, un diagrama distinto en relación a los dibujos habituales y una predisposición más proclive al esfuerzo por cerrar los caminos del adversario que a la elaboración de juego propio.

El 4-4-2 con las líneas bien apretadas en su campo le dio a Independiente un mayor orden defensivo, impidiendo los espacios a espaldas de sus volantes. El movimiento ayudó a disimular los habituales errores de sus marcadores centrales y le brindó tranquilidad a Milton Álvarez, sustituto de Sebastián Sosa, mitad por decisión técnica y mitad por una molestia muscular del uruguayo. Pero además le resolvió al Rojo el problema crónico de la escasez de creatividad en ataque.

Juan José Serrizuela dirigió a Independiente y se fue feliz
Juan José Serrizuela dirigió a Independiente y se fue feliz - Créditos: @Luis Cetraro

Colón se encontró un rompecabezas que no supo resolver. Invitado a plantarse en campo rival y apurado por el ímpetu en la presión que Damián Batallini y Leandro Fernández contagiaron desde el principio a sus compañeros, el mediocampo local se fue enredando en los pases y buscando gambetas en sitios inapropiados. En una de ellas, el Pulga Rodríguez perdió ante el achique de Tomás Pozzo y Alan Soñora, la pelota derivó hacia Fernández que a un toque metió la cortada perfecta hacia Batallini entre los centrales sabaleros. La definición ante la salida tardía de Ignacio Chicco fue sencilla. Derechazo cruzado y festejo.

Iban 10 minutos y el 1-0 terminó de acomodarle el escenario a la visita. Un ratito después volvió a robar el Rojo en el medio, Fernández lo dejó solo en el segundo palo a Leandro Benegas a quien Chicco le ahogó el grito que ya se cantaba. Engolosinado con el negocio, el equipo de Serrizuela redobló la espera y a Colón le quedó la misión de buscar huecos donde casi no los había. Solo Eric Meza por la derecha descubría resquicios para preocupar arriba pero no alcanzaba para generar peligro en el remate. Para colmo de sus males, a los 43 un centro originó un rebote corto en el área, lo capturó Leandro Fernández de volea y la puso cruzada contra el palo izquierdo para que el Rojo se fuese al vestuario con una ventaja que ni el hincha más ferviente podía esperar.

La previsible reacción rojinegra en el segundo tiempo duró menos que un suspiro. Había buscado Sergio Rondina modificar el dibujo ofensivo de los suyos con el ingreso de Juan Pablo Álvarez pero el partido siguió transitando los mismos caminos. El prolijo trabajo del mediocampo como eje, la “novedosa” seguridad de la retaguardia y una impensable eficacia en ataque definieron muy rápido el encuentro. A los 8 cayó otro centro en el área local, rechazó mal de cabeza Paulo Goltz y Benegas cabeceó a su vez por encima de Chicco para el 3-0 (el VAR corrigió el equivocado juicio de Fernando Espinoza, que había marcado fuera de juego).

A partir de ese momento, por primera vez en el torneo y después de muchísimo tiempo, Independiente tuvo ante sí la posibilidad de disfrutar del fútbol. La amplia diferencia en el resultado, que pudo ser mayor con un mejor aprovechamiento de las contras, la superioridad en el juego y la palidez de Colón le devolvieron la sonrisa que hace meses se le había borrado del rostro.

Serrizuela se dio el gusto de ganar su único partido al frente del equipo y Falcioni tomará el testigo con un poco menos de agobio. Mucho mejor de lo imaginado en medio de la turbulencia en la que se acostumbró a vivir el Rey de Copas.

Lo mejor de la goleada de Independiente

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