¿Hugo Ibarra 2023? Hasta qué punto influye la bochornosa derrota de Boca ante Racing en la continuidad de su DT

Ibarra fue expulsado por reclamar
Ibarra fue expulsado por reclamar

Si bien siempre Juan Román Riquelme declaró que “nosotros tenemos las cosas claritas” y hasta se animó a afirmar hace unos días que “Sí, siempre tiene chances de seguir”, la permanencia de Hugo Ibarra en el cargo de entrenador, como cara visible del tridente técnico actual, fortalece su incógnita de cara al 2023. Desde ya, caer en el Trofeo de Campeones –tal le sucedió en el 1-2 ante Racing- no tiene una gravedad extrema para Boca después de, justamente, ser el campeón en los dos torneos organizados por la Liga Profesional. Se preveía tanto esa tranquilidad como la sensación agria de que el plantel y el cuerpo técnico podían irse de vacaciones si perdía. Como sucedió.

Tanto en Ibarra y Riquelme como en los jugadores, el Consejo de Fútbol y los dirigentes debe haber una gran satisfacción. Por el esfuerzo en un año demasiado largo, en el que estuvo inmerso permanentemente en las competencias (excepto la eliminación en octavos de final de la Copa Libertadores ante Corinthians, cuando Sebastián Battaglia era el DT) sin afrontar una pretemporada a mediados de 2022 por los logros cosechados en mayo y el apriete del calendario mundialista. Ni que hablar con las consagraciones locales.

Ahora bien, eso es tan cierto como que, agregando a los hinchas al listado, el orgullo estará acompañado de un pensamiento ineludible: el festejo del campeonato bien pudo haber estado acompañado de dos títulos adicionales en los últimos diez días de la temporada, pero falló en ambas.

No es para dramatizar, claro. La conclusión es simple: la institución de la Ribera podría haber empezado a descansar hace varias semanas, pero dio lucha en todo. Sin embargo, es un club que transmite la necesidad de ganar y campeonar. Y se auto obliga. Entonces, sin olvidar el trofeo que alzó hace 15 días, enseguida también se piensa en el traspié de la tarde de ayer en San Luis y en la semifinal de la Copa Argentina perdida por penales ante Patronato, que terminó siendo campeón.

Es que aquella noche ante los entrerrianos, tres días después de la relajación de ser campeón local y tras 42 de permanente desgaste (en ese lapso disputó 12 encuentros), Ibarra decidió jugar con un equipo plagado de suplentes a pesar de estar a 90 minutos de una nueva final: ni siquiera atajó Agustín Rossi, que tan fuerte se hace a la hora de los penales, acaso la forma en la que se decidió el pasaje a Mendoza para jugar ante Talleres.

Puertas adentro, especialmente en el vicepresidente segundo y el Consejo, no habrían compartido esa manera de pensar el duelo ante el Patrón, según supo LA NACION. Creían que se podían guardar menos jugadores y aspirar a una nueva estrella sabiendo que, para el duelo de este domingo, había por delante una semana entera de entrenamientos más livianos y descansos más extensos: al fin y al cabo, los once días que terminó teniendo Boca por perder la semifinal no marcaron la diferencia física ni futbolística ante un Racing que cuatro días antes había tenido que esforzarse 120 minutos para ganarle el desempate de subcampeones a Tigre y, asimismo, debió exigirse hasta el tiempo suplementario para ganarle al elenco xeneize.

No hay mala relación. Es muy diferente la afinidad y confianza que hay entre Román Riquelme y el técnico actual en relación a la (nula) que existió con el tiempo durante el ciclo de Battaglia. En ese sentido, no hay dudas de que el exlateral derecho tiene todas las posibilidades de continuar en el cargo.

La gran incertidumbre tiene que ver, sobre todo, con un equipo que le cuesta mucho mostrar versiones futbolísticas deslumbrantes, por más que la pelota ingrese al arco y los puntos queden en la Ribera. Así también, se insiste, con las dudas que termina dejando el plantel en estos encuentros “finales”.

Los dirigidos por Ibarra (acompañado por Leandro Gracián y Roberto Pompei) apoyan al entrenador. Aquello puede terminar siendo trascendental para decretar la renovación del contrato que finaliza el 31 de diciembre y, por ende, su continuidad al mando del primer equipo. Después de un comienzo de período en el que la mirada de reojo de los propios futbolistas hacia el mismo entrenador fue evidente a raíz de hacerse cargo de la ya lejana determinación –del Consejo- de sacar del equipo al por entonces capitán Carlos Izquierdoz, el DT empezó a causar otra impresión con el correr de los encuentros y todos se alinearon detrás de los objetivos.

Estamos muy contentos con él y su cuerpo técnico. Siempre digo lo mismo: ojalá podamos tenerlo por mucho tiempo. Es mi amigo. No es fácil ser el técnico de Boca, pero tiene una ventaja: cuando era jugador ya se decía que hablaba poco, pero se hace entender y es muy simple”, fue lo que dijo Riquelme recientemente.

Todo indicaría, entonces, que el futuro inmediato de Ibarra estará en el predio de Ezeiza, dirigiendo el mismo grupo de hombres y proyectando la gran meta: cortar los 15 años de sequía en la Copa Libertadores. Aunque, obvio, deberán reunirse en las próximas jornadas y hacer el clásico balance para terminar de definir si todo se orienta en el sentido que aparenta o si sorprende (o, en realidad, no) la búsqueda de un nuevo entrenador.

El formoseño se retiró del estadio La Pedrera sin dialogar con los medios. No se debió a un golpe que puede hacerle forzar a él mismo la renuncia, sino más bien a no querer hablar en caliente y decir algo en contra del arbitraje (incluso, Facundo Tello lo expulsó sobre el final de los 90 minutos) de lo que posteriormente se arrepienta o le cueste caro en sanciones. De hecho, les pidió a sus futbolistas que tampoco afronten los micrófonos. Y ellos le cumplieron.

¿Hugo Ibarra en 2023 u otro DT “sorpresa”? Se verá si este final de temporada compitiendo, pero con una consagración de tres posibles, influye en la palabra final de Riquelme.