Llegó la hora del golf: Maggie Simmermacher se mide con las mejores del mundo en Tokio 2020

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Magdalena Simmermacher, la Golfista Argentina comienza su sueño en Tokio 2020.
Magdalena Simmermacher, la Golfista Argentina comienza su sueño en Tokio 2020.

TOKIO.- Llegó la hora del golf de mujeres en Tokio 2020 y Magdalena Simmermacher será la cara argentina en el fantástico campo par 71 de Kasumigaseki Country Club (6076 yardas). Después del triunfo del norteamericano Xander Schauffele en varones, secundado en el podio por el sudafricano nacionalizado eslovaco Rory Sabbatini, y por C.T. Pan (China Taipei), desde este martes a las 22.58 de nuestro país, Maggie formará parte de una competencia junto con las mejores del mundo: las hermanas Nelly y Jessica Korda y las surcoreanas Inbee Park y Sei Young Kim, entre muchas otras animadoras del LPGA Tour.

A los 25 años e identificada con Los Lagartos Country Club, la golfista del Ladies European Tour tuvo que empujar hasta último momento para ingresar entre las 60 mejores del ranking olímpico: se aferró al 58° lugar, mientras que terminó en el 399° puesto del Women’s World Golf Ranking. Profesional desde 2019, dio pasos seguros durante el amateurismo: ganó el Ranking Argentino de Aficionadas de la temporada 2013/2014, fue campeona nacional de Aficionadas en 2017 y representó a la AAG en distintas competencias internacionales. Ahora, le brillan los ojos al inscribir su nombre como la primera golfista argentina en el olimpismo. Desde las prácticas ya está fascinada con la experiencia de los Juegos y el mágico escenario color verde que la rodea.

Magdalena Simmermacher durante sus entrenamientos en los campos de Golf de Tokio 2020.
Magdalena Simmermacher durante sus entrenamientos en los campos de Golf de Tokio 2020.


Magdalena Simmermacher durante sus entrenamientos en los campos de Golf de Tokio 2020.

-¿Qué impresión te llevaste de la cancha en las prácticas?

-Me parece un canchón, es espectacular: los fairways, el rough, la calidad y lo bien cuidada que está… La preparación del campo es impresionante. Pudimos caminarlo después de que jugaran los varones, y cuando salieron todas las máquinas fue increíble cómo limpiaron todo el fairway y la manera en que cortaron el pasto. La preparación del trazado se ve muy linda y el lunes tuve la oportunidad de jugarlo por primera vez. Está jugando largo, pero creo que será divertido, porque la pelota está rodando muy bien en los greens. Entonces, cuando se empiecen a meter putts se puede hacer poco score, pero va a estar bueno.

-¿En qué medida el campo se ajusta a tu juego?

-Tiene muchas ondulaciones y greens muy grandes. Y después, algunos fairways son bastante amplios. Creo que la parte más importante de mi juego está en la garra, en la lucha por hacer pocos golpes y en la búsqueda por salvarme cuando me meto en problemas. Quizás, esa faceta especial de mi golf se adapte de manera perfecta, pero en general, todo mi juego está mejorando mucho. Espero que se amolde bien y que tenga una buena semana.

-¿Qué tan distinta es la atmósfera de un torneo olímpico de golf respecto de cualquier otro del circuito?

-El ambiente que se vive esta semana es increíble; hay que pensar que de las top 50 del mundo, 40 estarán jugando acá. Siempre me quise medir con un field así y es la oportunidad para empezar a meterme. Juego en el Ladies European Tour y diez de las que formamos parte de ese circuito vinimos al torneo. Te podés medir con ellas, pero además figuran desde la N° 1 hasta la N° 10 que actúan en el LPGA de Estados Unidos. Si bien juego contra la cancha, poder medirme contra ellas es un desafío y es la mejor forma de poder evaluarme en lo más alto, luchando y compitiendo para hacer una buena vuelta. El nivel de exigencia va a ser alto.

Magdalena Simmermacher durante sus entrenamientos en los campos de Golf de Tokio 2020.
Magdalena Simmermacher durante sus entrenamientos en los campos de Golf de Tokio 2020.


Magdalena Simmermacher durante sus entrenamientos en los campos de Golf de Tokio 2020.

-¿Qué te llamó la atención en la Villa Olímpica?

-Ir al gimnasio y ver a los atletas de todos los tamaños es impresionante. Está muy detallado quién juega al voleibol, quién corre, personas flacas, enormes, el que hace levantamiento de pesas… y todos entrenándose con una garra, una fuerza y unas ganas desbordantes. Nunca vi una cosa así, de estar rodeada de tantos atletas. Cada vez que vamos al comedor ves caras nuevas, y decís: “¿De dónde salió tanta gente?” Y sí, somos un montón. Me quedo con esa idea: cómo cada atleta es distinto en la disciplina que tiene que desarrollar y la manera en que se esmera y deja todo. Realmente no existe un cuerpo perfecto, porque cada deporte requiere de una contextura distinta.

-¿Y dentro del golf qué contactos tuviste?

-Me pude sacar una foto con Rory McIlroy y con Xander Schauffelle, el golfista que ganó el oro en varones, y nunca pensé que los iba a conocer en persona. Me encantó poder hacerlo y darme cuenta de que son humanos, que son como uno. Es genial vivir estas experiencias y que el golf sea un deporte olímpico.

-¿Cuánto peleaste por entrar a los Juegos y cuántas ganas tenías de jugarlos, si se considera que ingresaste casi en el límite de las 60 primeras del ranking?

-Muy pocos saben del esfuerzo y de la lucha que significa llegar a estos Juegos Olímpicos, porque al definirse la clasificación por el ranking mundial, yo estaba obligada a jugar torneos que sumaran para ese listado. En 2019 realmente vi mi chance, ya que comencé a jugar bien e incluso desde un tour más bajo. Empecé a aparecer en el ranking como 500 del mundo y el cierre para Tokio estaba en 300 y pico.

-¿Y entonces?

-Pensé que si metía algunos buenos torneos, podía llegar. Lo planteé en su momento y medio que nadie me creyó. Me decían: “No, es imposible”. Sinceramente no sabía si lo podía cumplir, pero me propuse dejar todo para poder lograrlo. Después me clasifiqué al Ladies European Tour al salir segunda en la escuela y pude sumar puntos en este tour grande. El tema de la pandemia retrasó todo, aunque fui acumulando unidades de a poco y subiendo en el ranking olímpico. Pero hasta el último minuto aparecía entre los puestos 59° y 60°. No fue un sufrimiento, trataba de no pensarlo tanto, aunque el tema estaba latente porque tenía muchas ganas de venir a Tokio. Me lo creía, pero al mismo tiempo no sabía si lo conseguiría, aunque finalmente estoy acá.

-¿Cómo te arreglaste en el aspecto económico para mantenerte en competencia por el mundo y sumar puntos para el ranking?

-Fue muy importante el apoyo de mi familia, porque en su momento, cuando nadie creía que lo podía hacer, me tenía que ir a una gira por Australia, Sudáfrica y Dubai, que para mí representaba –y sigue representando- mucha plata: 10.000 euros. Eran torneos necesarios para sumar puntos, y todo ese arranque me resultó muy cuesta arriba en cuanto a lo económico, porque hoy en día se maneja todo por redes sociales y resultados. Al no tener seguidores ni marcas que te apoyen, no se fijan si ya sos lo suficientemente buena como para que recibas sponsors. Pero por suerte estuvo mi papá, que siempre me apoyó y puso la plata para que pudiera jugar. Es decir, por más que la plata estuviera o no, en todo momento me dio la confianza de que ese dinero iba a estar cuando lo necesitáramos. Ahora estoy acá con muchísimo apoyo, pero no fue nada sencillo.

-¿Y qué reflexión te deja haber llegado a los Juegos?

-Es una muestra de que sí puedo, y que no debo guiarme por lo que piense el otro. De alguna forma, me potencio cuando alguien me dice que yo no puedo hacer algo. Entonces me lo fijo como un desafío y lo logro. Y después me termino sorprendiendo yo misma de que lo conseguí. De esa forma fue que entré y será un honor competir con las mejores del mundo y en una cancha tan increíble.

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