La halterofilia, un deporte olímpico original, podría llegar a su fin

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La ecuatoriana Neisi Dajomes gana el oro y se convierte en la primera mujer de Ecuador que sube al podio de unos Juegos Olímpicos. (Foto: Reuters)
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El levantamiento de pesas fue uno de los nueve deportes que fueron incluidos en las primeras Olimpiadas de 1896, pero sus días en el evento veraniego podrían estar contados.

Después de décadas de un dopaje rampante, sobornos, amaño de votos y corrupción en los niveles más altos de la halterofilia, el año pasado, el Comité Olímpico Internacional (COI) por fin tomó medidas al amenazar con eliminar el deporte de los Juegos Olímpicos en los próximos meses si la Federación Internacional de Halterofilia (IWF, por su sigla en inglés) no presenta un sinfín de reparaciones, entre ellas medidas rigurosas de pruebas de dopaje y reformas de gobernanza.

El pronóstico no es bueno. Durante una votación clave celebrada el 30 de junio, los líderes de la federación de halterofilia no lograron obtener el apoyo necesario para aprobar una nueva constitución que buscaba abordar las inquietudes del comité olímpico. Los delegados de Estados Unidos, Alemania y China, entre otros no pudieron persuadir a sus homólogos de las antiguas repúblicas soviéticas, Latinoamérica y otras naciones de la “vieja guardia” de la halterofilia que se verían perjudicadas por medidas antidopaje más severas.

Si la federación no puede mantener el levantamiento de pesas en el programa olímpico, se recortarán millones de dólares de un deporte que carece de importantes contratos de televisión o patrocinadores. De por sí, el COI había reducido la cantidad de levantadores de pesas para Tokio, de 260 participantes en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016 a 196. La cantidad se reducirá de nuevo, a 120, para las Olimpiadas de París en 2024.

“Si no avanzamos lo suficiente en nuestra reforma constitucional; entonces, no seremos parte de los Juegos Olímpicos”, comentó Phil Andrews, director ejecutivo del órgano rector de la halterofilia estadounidense, USA Weightlifting. “La amenaza es real. El COI nos está observando”.

La federación de halterofilia no es el primer organismo deportivo en enemistarse con el comité olímpico, claro está. El COI está dirigiendo el torneo de boxeo en los juegos de Tokio mientras investiga a la Asociación Internacional de Boxeo, conocida como AIBA, por una serie de faltas. Y, en 2018, el COI levantó una serie de restricciones sobre la Unión Internacional de Biatlón tan solo después de que la organización aprobó reformas de gobierno y una mayor transparencia, relacionada en particular con las pruebas de dopaje.

El pesista colombiano Luis Javier Mosquera se colgó la medalla de plata en la categoría de 67 kilos masculino en halterofilia de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. (Foto: Getty Images)
El pesista colombiano Luis Javier Mosquera se colgó la medalla de plata en la categoría de 67 kilos masculino en halterofilia de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. (Foto: Getty Images)

La escala de la corrupción en la IWF es mucho más profunda. En enero de 2020, la cadena de televisión alemana ARD produjo un documental llamado “Lord of the Lifters” que ilustró cómo naciones enteras estaban eludiendo los controles antidopaje. Seis meses más tarde, Richard McLaren, un investigador antidopaje canadiense, publicó un informe de 121 páginas en el que culpaba a Tamás Aján, el líder de años de la federación, quien dirigió la organización con puño de hierro, de buena parte de los problemas en la halterofilia.

Aján, quien renunció a la presidencia de la IWF en abril de 2020, fue acusado de aceptar sobornos para ocultar resultados positivos de dopaje. Los esfuerzos para esconder las pruebas positivas datan de al menos la década de 1980. Por ejemplo, McLaren mencionó que en 2016 Aján llamó al presidente de la federación albanesa de halterofilia y exigió 100.000 dólares en una maleta para pagar una multa de los levantadores de pesas que habían dado positivo por fármacos para mejorar el rendimiento. Los albaneses señalaron que, si no le pagaban el dinero, el equipo del país no iba a poder competir en los Juegos Olímpicos de Río.

En una entrevista telefónica, Aján comentó que, contrario a las acusaciones en el informe de McLaren, él había peleado por eliminar el uso de fármacos para mejorar el rendimiento y lo habían atacado las federaciones nacionales a las que había castigado por un dopaje excesivo.

“Seis o siete países comenzaron a atacarme”, comentó. “No había duda de que era un asunto político. Luché toda la vida contra del dopaje”.

Aján dijo que convirtió la federación de halterofilia en “una de las federaciones internacionales con el reconocimiento más perfecto”, con controles estrictos de dopaje y un sistema que evita que las naciones con altas cifras de casos positivos participen en las Olimpiadas. Aján señaló que le daba “mucho gusto” que el COI hubiera ejercido mano dura en contra de la IWF y se sentía optimista de que la halterofilia seguirá siendo un deporte olímpico.

No obstante, en la década pasada, más de 600 levantadores han dado positivo. En octubre pasado, la Agencia Mundial Antidopaje (WADA, por su sigla en inglés) declaró que las investigaciones sobre las prácticas antidopaje en la halterofilia encontraron que los atletas habían sustituido muestras de orina y usado dobles para evadir a los evaluadores.

Aján había prometido unos Juegos Olímpicos “limpios” para Pekín en 2008 y Londres en 2012, pero casi 60 levantadores que compitieron en esos juegos terminaron por dar positivo, entre ellos 34 medallistas olímpicos.

El mes pasado, la Agencia Internacional de Pruebas (ITA, por su sigla en inglés) reveló varias instancias en las que las muestras de dopaje habían sido mal manejadas, así como la intromisión de autoridades de la IWF en su programa antidopaje. La agencia encontró 146 casos de dopaje sin resolver entre 2009 y 2019. Esos casos no fueron procesados ni castigados debido a una supervisión administrativa mediocre, un registro laxo o “indiferencia, negligencia descarada, complicidad, o —en el peor de los casos— encubrimientos flagrantes e intencionales”.

El COI señaló que iba a continuar presionando para que hubiera cambios. Kit McConnell, el director deportivo del comité, comentó que su organización había “sido muy clara en torno a lo que se necesita cambiar en términos de la prevalencia de los cambios a las regulaciones antidopaje, la continuidad de las reformas de gobernanza, el involucramiento de los atletas en las tomas de decisiones y cualquier cambio significativo necesario dentro de la misma federación”.

Paul Massaro, quien ayudó a redactar la Ley Antidopaje Rodchenkov, una ley aprobada en diciembre pasado que empodera a los fiscales estadounidenses para acusar a los atletas estadounidenses y quienes tengan conexiones financieras con Estados Unidos en casos de dopaje, cuestionó al aparato olímpico sobre la seriedad de la reforma.

“Una y otra vez, cuando explota una historia, el COI hace un gran escándalo y veta a alguien y, unos años más tarde, el Tribunal de Arbitraje Deportivo anula esa decisión”, comentó Massaro. “Siempre se culpa a los atletas, mientras que la gente tras bambalinas queda impune”.

Ursula Papandrea, la expresidenta interina de la IWF y exentrenadora de Estados Unidos, mencionó que los verdaderos perdedores eran los levantadores que no se dopaban. Compiten con una desventaja, pero han sido castigados por la decisión del COI de recortar la cantidad de levantadores para las Olimpiadas.

“Los atletas limpios por fin tienen la oportunidad de competir con la implementación de sólidas medidas antidopaje, pero los castigan de nuevo con la reducción de cuotas para París”, opinó Papandrea.

© 2021 The New York Times Company

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