Gustavo Fernández, de pasar Año Nuevo internado por un problema de salud a debutar ganando en el Australian Open, en la era post Shingo Kunieda

La atención del argentino Gustavo Fernández en la pelota, durante su exitoso debut en el Australian Open, ante el neerlandés Ruben Spaargaren
La atención del argentino Gustavo Fernández en la pelota, durante su exitoso debut en el Australian Open, ante el neerlandés Ruben Spaargaren - Créditos: @Mark Kolbe

Pese a que no pudo caminar desde que tenía un año y medio, siempre se sintió “capaz de hacer absolutamente todo” y nunca tuvo limitaciones. Después de conquistar ocho títulos de Grand Slam (cinco en singles) y de permanecer una década en la súper elite del tenis adaptado , el argentino Gustavo Fernández (29 años) afronta una nueva temporada con el objetivo de “disfrutar”.

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Un infarto medular lo dejó paralítico desde la cintura hacia abajo, pero eso no le impidió seguir los pasos de su padre, el basquetbolista Gustavo Ismael Lobo Fernández, y convertirse en un deportista profesional, hasta llegar a ser el abanderado paralímpico argentino en los Juegos de Río 2016. ”Tuve mucha suerte en tener una familia que confió plenamente en mí, en lo que yo decidiera. Si yo quería hacer determinada cosa, independientemente de si la sociedad estaba acostumbrada o no, ellos tuvieron la inteligencia y la apertura mental de decir: ‘Probá'. De esa forma empezó todo. Si a vos de entrada te ponen el límite, sin que pruebes o no, es complicado lograr desarrollarse”, le expresó el cordobés de Río Tercero a la agencia AFP, en Melbourne, tras debutar en el Abierto de Australia.

El drive de Gustavo Fernández durante su victoria ante Ruben Spaargaren, de Países Bajos, en Australia
El drive de Gustavo Fernández durante su victoria ante Ruben Spaargaren, de Países Bajos, en Australia - Créditos: @Mark Kolbe

Tan amplios fueron sus horizontes que cuando una profesora del colegio le preguntó a los alumnos de la escuela qué querían ser de mayores, el Lobito respondió que su ilusión era ser futbolista. “¡Futbolista, obviamente, no podía serlo, pero ni la maestra, ni mi mamá, ni la gente de alrededor se horrorizó. De chico siempre me sentí capaz de hacerlo absolutamente todo”, recordó con una sonrisa.

La victoria de Fernández (número 2 del mundo) frente al neerlandés Ruben Spaargaren (5°) por 6-3 y 6-2, en los octavos de final del primer grande de la temporada, tuvo un valor extra. El argentino pasó una semana (Año Nuevo incluido) internado en un hospital porteño por un absceso en la laringe que lo intranquilizó y le frenó la fuerte pretemporada. Durante esos días de internación la pasó mal: costó que le hallaran el diagnóstico exacto, tuvo fiebre, dificultades para tragar y lo dejaron internado para pasarle antibiótico intravenoso. Pero hoy ya está recuperado, celebrando jugar en el Australian Open, uno de sus torneos favoritos, que conquistó en dos oportunidades (2017 y 2019).

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Esta noche, desde las 21 de nuestro país (ESPN y Star+), Gusti se medirá con su amigo y compañero de dobles, el español Martín De la Puente (7°), por el pase a las semifinales.

Con el pelo teñido de rubio, tras una promesa realizada durante el Mundial de Qatar 2022 ganado por la selección argentina, el tenista inicia en Melbourne su décima temporada consagrado en el top 10. Tras el reciente anuncio del retiro de Shingo Kunieda, el mejor tenista adaptado de todos los tiempos, Gusti encara el año con la intención de “seguir creciendo” y disfrutar de lo que hace: “Realmente me gusta mucho lo que hago y muchas veces, por estar pendiente de los resultados, de querer ser número uno, de querer Grand Slams, uno pierde de vista lo más importante”.

En este tiempo en la elite, Fernández fue testigo directo de la profesionalización del tenis en silla de ruedas, especialmente en sus deportistas y, aunque con “un progreso más lento”, en la Federación Internacional de Tenis. Con nutricionista, entrenador mental, kinesiólogo, la preparación de este musculoso tenista, cuyo brazo no tiene nada que envidiarle al de Rafael Nadal, dista poco de la de otro deportista profesional. ”Mi día a día es absolutamente como el de cualquier tenista profesional: dos o tres horas de tenis, dos horas de gimnasio, preparación física [su PF es Matías Tettamanzi], hora y media o dos de kinesiología [su kinesiólogo desde chico es Juan Carlos Varela]... Es todo en pos del tenis. Lo que tengo son menos recursos económicos para hacer determinadas cosas como me gustaría”, dijo Fernández, entrenado por Fernando San Martín y Jonathan Abadie.

“Brecha demasiado grande”

En el Abierto de Australia, los ganadores del cuadro de singles ganarán 2.975.000 dólares australianos (unos 2,1 millones de dólares estadounidenses). El premio del tenis en silla de ruedas se queda en 100.000 dólares australianos. ”Está claro que no podemos y no queremos cobrar lo mismo que cobra la gente que juega de pie, porque no generamos lo mismo y probablemente nunca brindemos el mismo espectáculo, pero la brecha es demasiado grande”, expresó Fernández.

”Yo no tengo la necesidad de estar forrado, de tener millones y millones, no tengo esa ilusión. Pero sí que me gustaría tener un poco más de estabilidad. Si yo mañana me retiro, tengo que salir a trabajar”, amplió.

Resumen de la victoria del Lobito Fernández

Moreno, la primera argentina en un major

María Florencia Moreno , de 33 años y 14° del ranking mundial de singles de la ITF, se convirtió en la primera argentina en competir en un cuadro principal femenino de tenis adaptado de un Grand Slam. En Australia, la deportista nacida en Cañuelas cayó en la primera ronda frente a Dana Mathewson (EE.UU.; 10°) por 6-3 y 6-2, en 58 minutos.

Moreno ya había hecho historia para el tenis en silla de ruedas de la Argentina al alcanzar el Top Ten en dobles. En mayo del año pasado fue 10°.

Hoy, Moreno es la tercera sudamericana mejor rankeada en singles, detrás de la colombiana Angélica Bernal (11°) y de la chilena Macarena Cabrillana (12°).