Guillermo Ochoa ya superó a Jorge Campos y es momento de aceptarlo, aunque duela

Guillermo Ochoa y Jorge Campos. (Getty Images)
Guillermo Ochoa y Jorge Campos. (Getty Images)

Madurar implica aceptar que Guillermo Ochoa ha sido mas decisivo que Jorge Campos en Copas del Mundo. Y no hay torneo más importante que una Copa del Mundo. Es momento de admitirlo, aunque duela, no guste y sea incómodo. No es sólo lo que pasó contra Polonia (pararle un penal a un delantero top no lo hace cualquiera): es la colección de momentos que Ochoa ha construido durante tres mundiales.

Ya lo sabemos todos: sigue siendo el mismo portero que se comió siete goles de Chile y que no sabe salir. Keylor Navas hoy también recibió siete y no por eso dejará de ser el mejor portero en la historia de la Concacaf. Ochoa es un portero con limitaciones, sí, también lo tenemos claro. ¿Qué más? ¿Qué otros defectos tiene? Podemos enumerarlos todos y, con justicia, todos serían verdad. En enero, cuando vuelva a jugar con el América, será otra vez el portero de altibajos que siempre hemos conocido.

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Es más, si quieren no vayamos tan lejos: el sábado, contra Argentina, bien podría salir goleado. Y no es abrir el paraguas: es decir la verdad, porque Ochoa nos ha acostumbrado a lo mejor y a lo peor (aunque en once partidos de Copa del Mundo nunca nos ha mostrado su peor cara, solo la mejor). ¿Y saben algo? No cambiaría nada.

Ochoa fue decisivo en Brasil 2014. Tapó todo y no hubo un solo jugador mexicano que, a nivel individual, fuera tan importante como él. Lo mismo pasó en Rusia 2018. Lo más recordado fue su partido contra Alemania, pero también evitó una goleada contra Brasil en octavos. El mundo entero (y esto es literal) lo conoce por lo que ha hecho en cada una de las tres Copas del Mundo que ha disputado. Y son dichosos, pues no han tenido que soportar su versión más limitada. Porque si Memo jugara cada semana como lo hace en las Copas del Mundo estaría en el Real Madrid con todo y sus 37 años. Pero no, su reserva de milagros está perfectamente delimitada a un intervalo de cuatro años.

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Tampoco se trata buscarle tres pies al gato para decir por qué es superior a Campos. En contra de este postulado se podría decir, como dicen los fans de Campos, que él ganó una Copa Confederaciones (a una Brasil alternativa de la A a la Z), pero seamos serios: ni la Confederaciones, que aunque ya desapareció tenía la validez de la FIFA, puede equiparse a la emoción y, sobre todo, la importancia de un Mundial. Además, ya está demasiado dicho que Campos no se trataba precisamente un dechado de virtudes. Era muy bueno en sus fortalezas, pero sus déficits lo convertían en un portero incompleto. O imperfecto, para que nadie se enoje. Igual que Ochoa.

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¿Que Jorge Campos tenía más intuición y daba tranquilidad como líbero? Seguro. Como también es verdad que Oswaldo Sánchez era más completo. Y que Jesús Corona fue fundamental para ganar el oro olímpico, que bien podría ser el logro más importante en la historia del futbol mexicano (por encima de la dichosa Confederaciones del 99 que sólo México se tomó en serio).

Ninguno de ellos, ni tampoco Antonio Carbajal ni Pablo Larios, fue tan importante como Guillermo Ochoa en un Mundial. Ochoa ha sido vital no en una: en tres Copas del Mundo. Campos no lo fue. Entre sus atajadas decisivas, se recuerda aquella contra Alemania en Francia 1998, que al final no fue tan decisiva pues los germanos hicieron dos goles en los que, ironías de la vida, Campos permaneció amarrado en su área chica.

El penal contra Lewandoswki fue la cereza en el pastel para Ochoa. Era lo único que le faltaba. ¿Cómo entender que un arquero al que se le habían colado 31 penales detenga justo el que tiene que parar? Nació para jugar el mundial. Y, otra vez, no hay torneo más importante que el Mundial. Guillermo Ochoa es lo que es. Nunca cumplirá nuestras expectativas ni será el portero ideal que soñamos. No hace falta. Ya es un histórico y, sí, ha superado a Jorge Campos.

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