La nueva generación de nadadoras australianas lo quiere todo

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Tokio, 27 jul (EFE).- La nueva generación de nadadoras australianas volvió a demostrar que lo quiere todo en estos Juego de Tokio, tras el triunfo de Kaylee McKeown en la final de los 100 espalda, una de las más esperadas en esta cita olímpica.

Si el lunes Ariarne Titmus dio el primer paso hacia el cambio de guardia en la natación mundial femenina con su triunfo sobre la estadounidense Katie Ledecky en la final de los 400 libre, este martes Kaylee McKeown, que cumplió 20 años apenas unos días antes del inicio de los Juegos, redobló la apuesta de las oceánicas.

Pocas finales se presentaban sobre el papel como del hectómetro espalda femenino, tras el apasionante duelo a tres bandas protagonizado a distancia en los últimos meses por la propia McKeown, la estadounidense Regan Smith y la canadiense Kylie Masse.

Una pugna que propició, ya en Tokio, una memorables ronda preliminar en la que Masse, Smith y McKeown batieron en el espacio de apenas seis minutos hasta en tres ocasiones un récord olímpico, que la estadounidense Regan Smith volvió a rebajar tan sólo un día después en las semifinales.

Pero ni aún así pudo impedir la norteamericana, que finalmente tuvo que conformarse con el bronce, el triunfo de McKeown, que con un fulgurante ataque final arrebato la primera plaza a la canadiense Masse, plata, para proclamarse nueva campeona olímpica con un crono de 57.47 segundos, nuevo récord olímpico.

Un primer puesto del podio al que parece haberle cogido gusto la también australiana Ariarne Titmus, de 20 años, que tras derrotar a Ledecky en la final de los 400 libre, volvió a superar este domingo a la norteamericana en las semifinales de los 200 libre.

Titmus, que a medidos de junio ya estuvo a punto de batir el legendario récord del mundo -1:52.98- de la italiana Federica Pellegrini vigente desde el año 2009, marcó el mejor crono de las semifinales con un tiempo de 1:54.82.

Medio segundo menos que Ledecky, que partirá en la final con la tercera marca de todas las participantes -1:55.34. tras verse superada también por la hongkonesa Siobhan Haughey, que nadó en un tiempo de 1:55.16,

Donde no hubo triunfo australiano, pero sí sorpresa fue en la final femenina de los 100 braza, en la que la joven estadounidense Lydia Jacoby,de tan solo 17 años, se alzó con la victoria con un tiempo de 1:04.95 minutos.

Veintisiete centésimas menos que la sudafricana Schoenmaker, la plusmarquista olímpica, que se colgó la plata, y medio segundo menos que la también estadounidense Lilly King, campeona hace cinco años en Río y que en esta ocasión tuvo que conformarse con la medalla de bronce con una marca de 1:05.54.

Y es que la pujanza de la nueva hornada de nadadores está convirtiendo casi en una misión imposible para las estrellas de Río 2016 revalidar sus triunfos en la capital japonesa.

Tal y como pudo comprobar el estadounidense Ryan Murphy que como Lilly King pasó del primer al tercer escalón del podio, tras verse superado en la final de los 100 espalda por los rusos Kliment Kolesnikov, plata, y Evgeny Rylov, que se alzo con el oro con un tiempo de 51.98, nuevo récord de Europa.

El mismo camino que parece intuirse en los 200 estilos femeninos, en los que Katinka Hosszu, que ya cedió su corona en los 400 estilos, tendrá muy complicado repetir su victoria, tras acceder a la final con el séptimo mejor tiempo -2:10.22- a un segundo del registro de la estadounidense Kate Douglass, la mejor de las semifinales.

No obstante, no se perfila ninguna clara favorita en la final de los 200 estilos, tal y como ocurrió en la de los 200 libre masculinos, en ausencia del sancionado nadador chino Sun Yang.

Baja que no desaprovechó Tom Dean para proclamarse con un tiempo de 1:44.22 nuevo campeón olímpico por delante de su compatriota Scott Duncan, plata, y del brasileño Fernando Scheffer, que otorgó a Brasil su primera medalla en el Centro Acuático de Tokio, tras colgarse la medalla de bronce.

Sorpresa que parece imposible que se produzca en los 200 mariposa, en los que el húngaro Kristof Milak dio un nuevo paso hacia el oro, tras acceder a la final con el mejor tiempo de todos los participantes.

Un crono de 1:52.22, que sirvió al nadador magiar, el vigente campeón del mundo y plusmarquista universal, aventajar en casi tres segundos -2.75- a su más inmediato perseguidor, el brasileño Leonardo de Deus, que logró el segundo mejor tiempo de la semifinales con un crono de 1:54.97 minutos.

Javier Villanueva

(c) Agencia EFE

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