Frank Williams, el visionario que prefirió a Alain Prost sobre Ayrton Senna

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Williams Formula One team founder Frank Williams speaks during a party marking the team's 600th race, ahead of the British Grand Prix at the Silverstone Race circuit, central England, June 29, 2013. Williams are celebrating their 600th Formula One race this weekend but the actual 600th race will be in Germany next week - with the team counting from the foundation of Williams Grand Prix Engineering in 1977 with a staff of 17 working out of an old carpet warehouse in Didcot.    REUTERS/Chris Helgren    (BRITAIN - Tags: SPORT MOTORSPORT ANNIVERSARY)
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Hubo una época en la que la Fórmula Uno era una cosa totalmente anglosajona. Desde la retirada de Juan Manuel Fangio a finales de los cincuenta a la aparición de Emerson Fitipaldi a principios de los setenta, el paddock se llenó de campeones estadounidenses, australianos y, sobre todo, británicos, a ritmo de la música de George Harrison, apasionado de las carreras, habitual de los grandes premios, exBeatle curioso que dejó entre sus mejores amigos a Jack Brabham, Jackie Stewart, Jim Clark o Alan Jones.

Precisamente, este último, sorprendió en 1980 a los Lotus y los Brabham para coronarse campeón del mundo a bordo de un Williams, escudería totalmente británica que llevaba compitiendo desde 1976 sin demasiado éxito. Williams era el proyecto de vida de un solo hombre, otro apasionado de la velocidad y las carreras, que había intentado ser piloto, pero al que la necesidad le había llevado a la ingeniería. Mejor hacerlos que conducirlos. Frank Williams no solo diseñó sus coches, no solo les puso su apellido, sino que luchó contra viento y marea por hacerlos competitivos: en 1979, el propio Jones conseguía las primeras victorias para la escudería con motores Ford; en 1980, ya decimos, campeones del mundo de pilotos y de constructores. El éxito absoluto.

Con todo, Frank Williams no era hombre de fiestas. No era, digamos, James Hunt. Era un hombre metódico que intentaba adelantarse a su tiempo. En 1982, tras la retirada de Jones, se fijó en un finlandés que no había conseguido ni un solo punto en la Fórmula Uno: Keke Rosberg, el padre de Nico, campeón del mundo más de treinta años después. Con Rosberg como nuevo piloto estrella, Williams volvió a celebrar un campeonato del mundo de pilotos, pero fracasó en el de constructores. Algo fallaba con Ford, que garantizaba una cierta regularidad, pero no la excelencia necesaria para competir con los pujantes Prost, Lauda, Piquet y compañía. Necesitaba algo más: necesitaba un motor que arrasara con todo. Y en lugar de a Estados Unidos, Williams miró a Japón.

Su alianza con Honda, llevó a Williams a niveles de competitividad desconocidos hasta entonces. En 1987, el propio Piquet daba un nuevo título de campeón del mundo a la escudería... pero nada comparado con lo que pasaría de 1992 en adelante, cuando, ya postrado en una silla de ruedas tras un terrible accidente de coche en 1986, la figura de Williams y sus flechas amarillas y azules asombraron al mundo durante casi una década. En la tragedia, Williams no solo no se vino abajo, sino que se convirtió en el verdadero patrón de la Fórmula Uno. El hombre que tuvo que tomar una de esas decisiones que marcan de por vida.

WILLIAMS HONDA TEAM MATES PIQUET OF BRAZIL AND MANSELL OF BRITAIN JOKE WITH F1 RACE COMENTATOR WALKER IN PITS IN ESTORIL, PORTUGAL.  Williams Honda team-mates Nelson Piquet (left) of Brazil and Nigel Mansell of Britain joke with formula one race commentator Murray Walker in the pits after the qualifying practice session in Estoril, Portugal, September 20, 1986. SCANNED FROM NEGATIVE REUTERS/Gahujo
Nelson Piquet y Nigel Mansell, pilotos de Williams-Honda, bromean junto a Frank Williams en la clasificación del G. P. Estoril de 1986.

Avancemos hasta 1993. Williams viene de ganar el campeonato del mundo con Nigel Mansell, un carismático británico de casi cuarenta años con fama de excéntrico y poca suerte en sus resultados. No solo ganan el mundial de pilotos sino que también lo hacen con el de constructores. Los motores Honda habían sido sustituidos por los Renault y el éxito había sido casi inmediato. Después, Renault se iría con Briattore y con Benneton, aupando a Michael Schumacher, pero esa es otra historia. De momento, ya digo, estamos en 1993, Mansell acaba de ganar el Mundial paseándose y Williams busca una estrella aún más mediática para su coche.

Conscientes de que pilotar un Williams era sinónimo de ganar el campeonato del mundo, los dos grandes pilotos de la anterior década, Alain Prost y Ayrton Senna se ofrecen a Frank. La opción lógica parece la del brasileño: es más joven, está en forma, ha sido capaz de sacar lo mejor de todos los coches que le han ofrecido... pero, contra pronóstico, Williams elige a Prost. Tal vez ve en él al hombre sistemático y poco dado a los excesos que él mismo ha sido siempre. La llegada de Prost supone un cataclismo en cadena: Nigel Mansell, que ya había coincidido con el francés en Ferrari, anuncia su retirada. No quiere volver a pasar por esa tortura. A su vez, Prost incluye una cláusula en su contrato por la cual Frank Williams no puede contratar a Ayrton Senna como compañero de equipo. Suficiente tuvieron en McLaren.

Así pues, el camino al cuarto Mundial queda expedito para Prost, que cumple con creces. Senna, pensando que su rivalidad histórica se mediría por el número de campeonatos de cada uno —no ha sido así-, estalla en público e intenta hacerle la vida imposible en la carretera, a veces con más éxito que en otras. Al año siguiente, ya sin Prost en el paddock, el brasileño ficha por Williams rumbo a su propio cuarto campeonato del mundo, pero el coche ya no era imbatible: Michael Schumacher y su Benneton empiezan el campeonato como un tiro. En la tercera carrera, en Imola, los frenos del coche de Senna fallan y su monoplaza se estrella contra un muro. El brasileño muere casi en el acto.

La muerte de Senna supone un antes y un después en la vida de Frank Williams, al que llegaron a acusar de homicidio imprudente en Italia (obviamente, fue absuelto). Su escudería siguió acumulando mundiales (Hill en 1996, Villeneuve en 1997) hasta un total de cuatro en seis años, pero a partir de ahí se inició un declive cada vez más intenso que acabó en 2012 con la retirada del propio Frank. Con problemas crecientes de salud y acercándose a los ochenta, el patriarca decidió vender su propio apellido en 2020. La escudería sigue, pero la familia ya no tiene nada que ver.

Su muerte, esto es, la muerte de uno de los grandes sin matices de la historia de la Fórmula Uno, parece llegar con algo de sordina después de años apartado de los circuitos y en medio de una lucha que no veíamos desde hace años por el Mundial. ¿Sería igual la Formula Uno actual sin Frank Williams y su constante lucha de superación? Seguro que no. El próximo fin de semana veremos un bonito homenaje, estoy convencido.

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