La chapuza de Monza refleja que el problema de la Fórmula 1 no era un solo hombre

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La carrera del GP de Italia de Fórmula 1 finalizó detrás del Safety Car después de una reacción lenta y mal aplicada de la FIA (Photo by Clive Mason/Getty Images)
La carrera del GP de Italia de Fórmula 1 finalizó detrás del Safety Car después de una reacción lenta y mal aplicada de la FIA (Photo by Clive Mason/Getty Images)

Si por algo se recordará el Gran Premio de Italia de Fórmula 1 de 2022 es por el caos que ha montado la FIA tanto antes de comenzar la carrera como a la hora de terminarla. Por un lado, la parrilla se formó sin seguir el criterio de sanciones anteriormente establecido, mientras que el Safety Car de las últimas siete vueltas han sido causantes de un ridículo mucho peor que el de Abu Dabi 2021, detonante del despido de Michael Masi como director de carrera de la FIA.

La carrera donde se decidió el campeón del mundo entre Lewis Hamilton y Max Verstappen tuvo tanta polémica que aún colean las discusiones entre aficionados de un bando y de otro. Además, a partir de entonces la FIA tomó la decisión de 2022 de dividir el cargo entre más de una persona para que toda la presión no fuera hacia una sola cabeza pensante. Dicho esto, Masi abandonaba el puesto y Ben Sulayem colocaba a Niels Wittich, director de carrera en DTM, y Eduardo Freitas, director del WEC durante más de dos décadas.

Pero el fin de semana en Monza ha dejado muy claro que todavía hay mucho camino para seguir rectificando y que los pilotos dejen de acabar desquiciados. Empezando por la formación de la parrilla, que por culpa de la cantidad de sanciones que han acumulado los pilotos fue un auténtico quebradero de cabeza. Pero esto es algo que la FIA debe tener bajo control. En cambio, hasta pasadas las 20h, es decir, más de tres horas después de terminar la clasificación, salió la parrilla provisional. Incluso Pierre Gasly, publicó un tweet preguntando si alguien sabía desde donde saldría en la carrera del domingo. Tenía un tono de mofa, pero la verdad es que ningún equipo se atrevió a informar de nada porque no sabían exactamente cuáles eran los respectivos resultados.

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Esto es algo que la máxima categoría del automovilismo no se puede permitir y cuando salió la primera lista, el criterio que se usó no era el mismo del que vimos en el Gran Premio de Bélgica hace apenas unas semanas. El orden de aplicar sanciones no era el mismo. En esta ocasión, se sancionaba primero a los de posición y después a los que se iban a fondo de parrilla. No hubo demasiadas quejas, pero la perplejidad estaba presente entre los miembros del paddock. En Spa también tardaron horas y estábamos ante el mismo problema. Y no fue la primera vez con problemas en parrilla, en Austria también se sancionaron los límites de pista una vez acabada la clasificación y pilotos quedaron eliminados en Q2 cuando realmente su tiempo era de Q3, como es el caso de Pérez.

Dejando de lado el tema del caos de parrilla, llegan las últimas seis vueltas del GP. Ricciardo se queda sin motor y se queda en medio de la pista. No estaba bien colocado, cierto. Pero los comisarios no supieron poner el coche en neutro para moverlo y desde dirección de carrera tardaron un montón en desplegar el Safety Car. Una Safety que no alcanzó a los de cabeza de carrera y entonces el grupo tardó en reagruparse tres vueltas. Y una vez reagrupados, unos pilotos se desdoblaron y otros no. Todo lo que podía salir mal, lo hizo.

El problema es que, para evitar este caos, se cambió el proceso del coche de seguridad desde la carrera de Abu Dabi. Fue para evitar “resultados manipulados”, como defienden cantidad de aficionados. Se hizo caso omiso a estas nuevas directrices. “¿Por qué no se reanuda? Si estamos listos”, preguntaba Norris por radio. Dejaron también a Ferrari sin la oportunidad de atacar a la desesperada en casa, por ejemplo. Los silbidos en la grada eran lo mínimo que se podía esperar. La cúspide del automovilismo tenía miedo a una nueva polémica y prefirieron dejar las cosas como estaban. No sea caso que vuelvan las críticas del final del año pasado. En fin, un despropósito que volvió a dejar una imagen lamentable.

La idea era esperarnos un cambio, pero la verdad es que podemos esperar sentados. A lo largo de 2021, vimos a un Michael Masi muy superado por la situación. No estamos defendiendo su trabajo porque es innegable que las cosas se desmadraron, pero todos los palos se los llevó él cuando lo que se debe hacer es un replanteamiento total de la FIA y sus decisiones. Hay que ser más rápidos a la hora de actuar y, sobre todo mantener un criterio unificado, que al fin y al cabo es básico para poder tener una rigidez en la que todo el mundo sepa las consecuencias de sus actos y no lo vayan viendo a base de improvisación. Masi fue la cabeza de turco, pero cortas una y te salen tres más.

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