Fernando Alonso se ha cansado de ser el gruñón de la Fórmula 1

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MONZA, ITALY - SEPTEMBER 12: Fernando Alonso of Spain and Alpine F1 Team walks to the grid before the F1 Grand Prix of Italy at Autodromo di Monza on September 12, 2021 in Monza, Italy. (Photo by Peter Fox/Getty Images)
Photo by Peter Fox/Getty Images

Seamos sinceros: poca gente se ha preocupado menos por su imagen que Fernando Alonso. Le ha dejado la exclusiva a Antonio Lobato y él se ha dedicado a sus cosas. Fernando, doble campeón del mundo, joven, atractivo, casado con una cantante y en el pico de su popularidad, nunca fue un tipo simpático. Fue un enorme piloto con millones de merecidos admiradores, pero entre la admiración y la simpatía media un mundo. Alonso se marchó a Londres porque estaba agobiado y siempre transmitía una imagen un poco "vinagre", quejándose por algo o incómodo ante las cámaras.

Ni siquiera en las distancias cortas, Alonso ha sido un hombre de relajarse y dejarse llevar. No acabó bien en Renault aunque luego volviera a Renault. No acabó nada bien en McLaren... aunque luego volviera a McLaren, y, desde luego, no acabó nada bien en Ferrari, donde se llegó a rumorear su vuelta pero prefirieron a Leclerc. No sé yo si acertaron. El caso es que Alonso siempre ha dado la sensación de estrella en su cúpula de cristal, alejado de todo y de todos; de tipo especial al que se adora, al que se pone en un pedestal pero con el que nunca te irías de cañas, básicamente, porque es implanteable. 

¿Ha cambiado Alonso al pasar el rubicón de los cuarenta años? Tiene toda esa pinta. La imagen de ahora de Alonso es la de un tipo ilusionado, que no espera ya demasiado de las carreras y por eso es capaz de disfrutar al máximo de cada una de ellas... y, sobre todo, que interactúa con sus fans en redes sociales, que hace guiños, comparte memes, sabe reírse de sí mismo y a la vez sabe fardar sin resultar en ningún momento pesado o altivo. Alonso pone una foto suya diciendo "Trust the plan" y al momento tiene miles de respuestas con miles de interpretaciones pero un punto en común: todos están entusiasmados.

Seguro que parte del éxito de esta nueva imagen de Alonso está en su documental, del que ya van por la segunda temporada en Amazon Prime. Los documentales "hagiográficos" los carga el diablo. Si no, que le pregunten a Sergio Ramos. Puedes conseguir el objetivo de "humanizar" al deportista y conseguir que caiga bien entre los aficionados... o, sin quererlo, puedes presentarlo aún más soberbio, más distante, más centrado en su ombligo. En el caso de Alonso, el repaso a sus mejores momentos en la Fórmula Uno provoca nostalgia y le coloca en el sitio que merece dentro del olimpo del automovilismo de este siglo, pero eso no es lo más importante.

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Lo más importante es que se ve a un tipo divertido. Con los suyos, claro, pero divertido. Un tipo que se sacude la presión y que es capaz de tener buenas palabras para sus enemigos y bromas perversas para sus amigos, como Pedro de la Rosa, que las encajan con paciencia y una sonrisa. La continuación del documental se da, ya decimos en las redes sociales. Alonso, que tan incómodo se veía en el trato personal o hablando delante de un micrófono, parece haber encontrado su lugar detrás del ordenador.

Alonso es desenfadado en Instagram y en ocasiones incluso en Twitter, y mira que eso tiene mérito. No le importan los "haters", ni los escucha. Se dedica simplemente a los que sabe que confían en él, los que llevan quince años esperando ese tercer mundial que parece que ya no llegará nunca. Hay algo parecido a una comunidad y es una comunidad alegre en la que él se siente líder pero también parte. Tengo la sensación de que a Fernando Alonso nunca le ha sido fácil ser Fernando Alonso, con todas las consecuencias sociales que eso ha tenido en este país. Parece que, por fin, se va acostumbrando.

Este Alonso más distendido fuera de las pistas se deja ver también dentro de ellas. Sabe que este no es el año de Alpine y lo asume sin dejar de ser competitivo, sin dejar de luchar por los puntos en cada carrera o incluso -como sucedió en Sochi- por el podio. Al coche aún le falta bastante... pero siempre está la esperanza del vacío que queda el año que viene, el Mundial que todo el mundo cree que puede ganar porque es un reparto nuevo de cartas.

Para entonces, Alonso tendrá cuarenta y un años, pero no hay nada que indique que no pueda dar guerra. Sus cuarenta y un años no son los de otros campeones con muletas o directamente retirados. Son los de un hombre quizá más cabal pero también más calculador, sin perder por ello el instinto de dónde y cómo tirar el coche para forzar un adelantamiento. Pase lo que pase, en cualquier caso, lo importante es que se divierta. Todos entendemos que si no lo hiciera, no llevaría casi veinte años en la parrilla, pero es que, ahora, además, lo parece. Y cuando alguien irradia felicidad, hace felices a los demás. Y cae bien. Y, mira, se ahorra unos cuantos disgustos.

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