Facundo Campazzo en LA NACION: “En la NBA no es tan sencillo ser o no desobediente”

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Facundo Campazzo, dominante: atraviesa un gran momento en Denver Nuggets
GARRETT ELLWOOD

Es un año importante para mí, pero no quiero que eso juegue un papel determinante. Mi cabeza no cambió, que sea mi último año de contrato con Denver Nuggets no quiero que signifique una presión negativa. Pasaron muchas cosas en este comienzo de temporada en la NBA, me tocó arrancar jugando los minutos que esperaba, después tuve Covid, debí volver a entrar en ritmo, me tocó jugar poco y nada, quedé fuera de la rotación y ahora, por diferentes motivos, lesiones y demás, me toca jugar más minutos. Hoy me siento más regular que al principio de la temporada, estoy metiendo la pelota, defendiendo bien y ganando confianza en tocar la pintura, algo que no hacía antes. Es verdad que tuve altibajos de juego, pero nunca me replanteé nada. Sí es cierto que cuando jugás un poco te preguntás si estás en el nivel, pero eso se pasa muy rápido, es una cuestión aislada, porque vuelvo a enfocar y mando a callar a mi cabeza.

Esta es una liga súper competitiva, muy compleja y me parece que una de las cosas más difíciles es que por momentos no jugás mucho, no entrás en la rotación y al otro día, sí. Intenté siempre estar positivo, porque no sabía cuándo iba a llegar mi chance y quería aprovecharla. Me entrené para ese momento. No fue fácil, pero lo tomé como algo normal de esta liga y que es algo que no pasa en ninguna otra. Cuando me tocó jugar busqué ser agresivo, defender duro, estar enfocado y esa actitud me ayudó mucho.

Facundo Campazzo, con la remera de DPOG por haber sido el mejor jugador defensivo de los Nuggets
Facundo Campazzo, con la remera de DPOG por haber sido el mejor jugador defensivo de los Nuggets


Facundo Campazzo, con la remera de DPOG por haber sido el mejor jugador defensivo de los Nuggets

Siempre me apoyé en mis compañeros. Lo único que no estaba ordenado para mí es que no jugaba y yo me divierto jugando. Entonces, toda mi energía la ponía en los entrenamientos. Es real que cuando no me tocaba jugar estaba un poco frustrado, pero me ponía por delante cuál era el paso siguiente. En ese escenario mis compañeros y el entrenador me dieron confianza, me hablaban para estar siempre preparado. Me decían que es normal que en la NBA pasen estas cosas, que muchas veces el entrenador tiene que encajar piezas y probar nuevas estrategias. Y lógicamente que lo sé, porque éste es un deporte colectivo. Muchas veces intento ponerme en el lugar del entrenador y ahí me doy cuenta que no es sencillo, porque tenés un equipo, querés ganar y es necesario que todas las piezas encastren. La verdad es que nunca lo sentí como personal, sabía que iba a llegar mi oportunidad. Sería muy egoísta si pusiera mala cara porque no juego. El equipo gana y eso es lo importante.

Uno de mis principales objetivos en esta liga es aprender a jugar sin pelota. Era mi gran desafío. No era mi principal virtud desempeñarme sin ella, porque mi fuerte es tener el control del balón. Cuando llegué acá, sabía que tenía que desarrollar ese aspecto y la misma dinámica del equipo hace que mejore en ese punto del juego. Traté de hacer lectura para ver cómo podía generar un impacto sin tener tanto acceso a la pelota. Considero que sigo en proceso de adaptación en ese sentido, hay veces que cometo errores. Lo que disfruto es que cuando tengo un error lo puedo revisar, lo hablo con los asistentes, me lo muestran en un video… Disfruto del proceso de aprendizaje.

A medida que pasaron los partidos, en estos últimos principalmente, advertí que mis compañeros se dieron cuenta de que estaba más confiado y eso aumenta la química dentro de la cancha con todos. Busco ganarme la confianza de ellos con mi manera de crear juego. Y no es sencillo salirse por momentos de los sistemas, hay una línea muy delgada entre romper las estructuras y no mandarse una macana. Es parte de mi característica de juego hacer lo contrario a lo que se espera, pero hay que ganarse esa posibilidad de hacerlo. Y eso implica tomar buenas decisiones, porque si perdés la pelota nadie después va a armar una jugada para vos. Y ahí es posible que uno quiera jugar a no equivocarse y cuando enfocás tu juego en eso, inevitablemente te vas a equivocar. Por eso, no es tan sencillo ser o no desobediente. Es muy importante no irse de más en ese sentido y ser controlado.

Es realmente increíble todo el mundo de la NBA, pero lo que más me sorprender hoy, es jugar con gente. Si bien terminamos la temporada anterior con público en los estadios, ahora todo está más liberado y quizá tenés un hincha sentado a tu lado a medio metro. Con el mesero que le trae su cerveza y algo para comer. Esas cosas me sorprenden todavía. Lo que viví en New York fue increíble. Porque a mi lado tenía a todo el mundo y los que estaban cerca eran actores y directores. Y parece normal, pero no lo es. Cuando estoy escribiendo estas líneas me doy cuenta de que no lo es. Y cuando se me acercó Spike Lee, en el Madison, cuando estaba saliendo al segundo tiempo... Me preguntó de dónde era. Le dije: “Soy argentino, como Pablo Prigioni, que Pablo jugó acá en los Knicks”. Él me respondió: “Sí claro, lo recuerdo”. Y detrás de eso me empezó a decir: “Respeto mucho tu manera de jugar, tu lucha, tu entrega, tu corazón… La verdad que lo respeto”. Le agradecí con algo de vergüenza y cuando me di vuelta me reía de lo que había pasado.

Además, fue curioso que en New York había unos hinchas que estaba cerca de él y me hablaban en italiano, quizá porque veían mi apellido con doble zeta pensaron que yo era italiano. Entonces, los miré y les pedí que no me hablen en italiano porque no los entendía, que lo hicieran en español. Lo loco es que todo eso pasaba mientras estábamos jugando. Son todas cosas a las que me estoy acostumbrando, cuando tiraba un tiro libre estaba acostumbrado a que me silbaran, no que me hablaran en idiomas que no entiendo. Lo disfruto, la verdad que sí, y también busco ser, de alguna manera, parte del circo.

El entrenador me pide que sea yo. Nunca me lo pidió puntualmente, pero creo que él está esperando que sea un 10 en defensa, que contagie eso, que pueda jugar bien el pick and roll pisando la pintura… No creo que me pueda pedir que haga 30 puntos, porque no es mi fuerte. Lo que pasó con el premio que me dieron por ser el mejor defensor en los juegos con San Antonio y con Atlanta, es una forma de entender que tengo respecto de sostener siempre mi intensidad en la defensa. Los asistentes están controlando todas las estadísticas, los tiros punteados, los rebotes… Desde el principio de la temporada, después de cada victoria, se le da una cadena al mejor defensor elegido por el cuerpo técnico y eso depende de muchos factores. Lo táctico es lo principal y después está la incidencia que tuviste para ganar el partido. La cadena es la misma de siempre, uno se la lleva a su casa y al otro día hay que devolverla. Es la segunda vez que me toca y es un lindo incentivo para cada partido que juego.

Con mis compañeros también intento ser yo, aunque escucho más que lo que me gusta hablar. Al no ser mi primer idioma… Con Nikola [Jokic] tengo una buena relación, con él es uno de los que me siento tranquilo, porque si me equivoco con el idioma me da igual. Le hablo sin problemas, algunas veces nos juntamos a cenar con él, con Čančar [Vlatko] y con los preparadores físicos. Antes de que se lesionara PJ Dozier, era mi compañero en el avión. En el primer viaje yo estaba buscando asiento y él me dijo: “Sentate acá conmigo”. Ahí comenzamos a charlar más y le pregunté si cuando hablaba conmigo tenía que hacerlo más despacio o si lo hacía como cuando charlaba con sus amigos en el barrio. Y él me respondió: “Ni cerca”. Entonces le propuse que hable conmigo como lo hace con su gente. Le dije que si yo no entendía algo se lo iba a consultar. Eso me sirvió mucho, porque es necesario tener esa velocidad y conocer los modismos. Si me hablan normal o despacio comprendo todo, ahora cuando hablan como cuando están en la calle con su gente… Hay situaciones de juego que pasan tan rápido, que se dan en milésimas de segundos, entonces, al tener más aceitado el idioma puedo resolverlas de otra forma. La buena relación que tengo con mis compañeros me ayuda en ese sentido.

Además, somos un equipo que hace mucho hincapié en hablar todo el tiempo. El básquet es un deporte de mucha anticipación, entonces es importante comunicarse, porque de lo contrario no sabés qué va a hacer tu compañero. El entrenador nos pide eso, que tengamos mucha conexión. A la hora de defender tenemos que estar muy atentos a lo que canta el último hombre y como cada cosa tiene su nombre y todo sucede tan rápido, hay que estar muy conectado. Tenemos que confiar en el que está detrás de uno, porque él ve mejor la acción. Y todo en un contexto en el que te habla tu compañero, grita el público, los rivales te hablan, varios compañeros dicen cosas al mismo tiempo, el entrenador que da indicaciones... Entonces, poder acostumbrar mi oído para estas situaciones es fundamental. Me bajé aplicaciones en inglés para practicar, intento leer en inglés para mejorar, creo que este año le estoy dando mucha atención el idioma. Es como que necesito dar este nuevo paso adelante, esto suma para ganarme la confianza de mis compañeros o para tener minutos. En los más mínimos detalles quiero estar. Lo que yo pueda controlar con mis manos, lo intentaré controlar.

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