Cómo Europa decide quién gana la Copa del Mundo

Promesas adolescentes en la academia de fútbol del Palmeiras, uno de los clubes más grandes de América Latina, en São Paulo, el 4 de octubre de 2022. (Victor Moriyama/The New York Times)
Promesas adolescentes en la academia de fútbol del Palmeiras, uno de los clubes más grandes de América Latina, en São Paulo, el 4 de octubre de 2022. (Victor Moriyama/The New York Times)

SÃO PAULO — Una vez a la semana, los muchachos de la academia juvenil del Palmeiras se suben a un autobús y se preparan para su habitual visita al pasado. Estas son las estrellas emergentes del fútbol brasileño: las mejores y más brillantes promesas del sistema juvenil más prolífico en la incubadora de talento más grande del mundo.

Desde su prístino campus en Guarulhos, a las afueras de la expansión suburbana de São Paulo, los chicos se abren paso lentamente a través del pesado tráfico y se dirigen a las estrechas y sinuosas calles de Heliópolis, la favela más grande de Brasil, o a alguna otra de las decenas de comunidades informales que albergan a millones de los habitantes más pobres de la ciudad.

Al llegar a su destino, se bajan en lo que suele emular una cancha. A veces no es mucho más que un terreno lleno de maleza, una mezcla traicionera de arena y tierra llena de crestas para torcer tobillos y hoyos para estremecer rodillas. En algunas ocasiones, la cancha está inundada, lo que ocasiona que el balón se vuelva lento y reticente. En otras, el terreno está completamente seco, por lo que controlar hasta el pase más sencillo se convierte en una durísima prueba de habilidad.

Sin importar las condiciones del lugar, a los chicos se les pide que jueguen.

Sus entrenadores no les dan instrucciones. Los jugadores pueden escoger sus propios equipos y establecer sus propias tácticas. Las reglas se aplican de manera muy flexible. “No me importa si reciben un golpe de vez en cuando”, afirmó João Paulo Sampaio, director de la academia del Palmeiras. Como para ilustrar el punto, Sampaio se pone de pie y hace como que golpea a alguien con el codo.

Todos los días, algún grupo de chicos con la misma edad de la academia del Palmeiras pasa por este ritual. Es una ocasión para disfrutar “el fútbol callejero, la alegría, la improvisación”, afirmó Sampaio. También es un día para recordar a los chicos cómo eran las cosas antes, cómo innumerables generaciones de estrellas brasileñas no solo perfeccionaron sus habilidades, sino que también fortalecieron sus tendones.

La sombra de Europa está allí

Estas visitas son mucho más que una licencia de recreación nostálgica. En los países de origen de los jugadores —como Brasil y el resto de América del Sur, al igual que las naciones africanas y asiáticas— la sombra de Europa es enorme.

Varias camisetas de fútbol se secan al sol en Dakar, Senegal, el 6 de abril de 2022. (Carmen Abd Ali/The New York Times)
Varias camisetas de fútbol se secan al sol en Dakar, Senegal, el 6 de abril de 2022. (Carmen Abd Ali/The New York Times)

Cada aspecto de la cultura global del fútbol está determinado en la actualidad por las necesidades del mercado en las principales ligas de Inglaterra, Alemania, España, Italia y Francia. Ese principio rector decide a qué tipo de jugadores se les dará la oportunidad de ingresar a las academias y emprender el camino al estrellato. Determina para qué se les debe entrenar una vez que llegan. Define cómo se les enseña a jugar.

La conclusión natural de ese dominio se verá en Catar. Las exigencias y los deseos de Europa han moldeado no solo la forma en que casi todos los países jugarán en esta Copa del Mundo, sino también qué equipos han tenido el talento y los recursos para clasificar y qué selección tiene la capacidad de ganarla.

"Listos para el mundo"

Esta también sucede en Brasil, un país que cuenta con más títulos de la Copa Mundial que ningún otro. En la academia del Palmeiras, a la próxima generación de futbolistas brasileños se les enseña en canchas inmaculadas cómo jugar en un mínimo de tres posiciones, con un estilo que pueda hacerlos atractivos para clubes de Inglaterra, España o Alemania.

Las jóvenes promesas participan en una gran cantidad de torneos internacionales, donde se les expone al tipo de ideas y sistemas en boga en Inglaterra o España. Un patrocinador del club les ofrece lecciones gratuitas de inglés. “Los preparamos para que estén listos para el mundo”, mencionó Sampaio. “No solo para Brasil”.

Puede que Brasil no haya ganado una Copa del Mundo en dos décadas, pero pocas naciones pueden igualar su atractivo taquillero. Sus juegos regulares de exhibición se comercializan como el Tour Global de Brasil. Esos partidos atraen multitudes en lugares tan lejanos como Singapur, Arabia Saudita, Praga y Oporto. Su famosa camiseta amarilla, la “canarinha”, sigue siendo el look más icónico del fútbol. Brasil sigue siendo Brasil.

Ahora bien, el que su selección sea brasileña o no es otro asunto.

“La selección nacional brasileña no es un equipo que viene de Brasil para jugar en la Copa del Mundo”, señaló Thiago Freitas, analista principal de la agencia de jugadores TFM, que cuenta entre sus clientes a figuras como Vinícius Junior, Gabriel Martinelli y la estrella brasileña en ascenso más reciente, Endrick, de 16 años. “No hemos tenido un equipo que venga de Brasil desde 1986”.

Ese año, solo dos futbolistas de la selección brasileña para la Copa del Mundo jugaban fuera de las fronteras del país, una proporción que desde entonces ha ido en constante aumento. Durante la década de 1990, más o menos la mitad de los jugadores de Brasil procedían del extranjero.

En 2002, el año en que Brasil ganó su quinta Copa del Mundo, 13 miembros de su plantilla todavía estaban involucrados en el fútbol nacional brasileño, aunque hay que señalar que la mayoría del equipo que disputó la final provenía de clubes europeos.

Desde entonces, la composición del equipo se ha invertido casi por completo: en 2006, 2010 y 2018, Brasil solo seleccionó a tres jugadores de su liga nacional. Este año, pese a que las plantillas se ampliaron a 26 jugadores, ese total no ha cambiado.

"Desconectada"

La composición cambiante refleja la influencia de Europa y su atracción gravitacional. La selección nacional de Brasil ha quedado desconectada del fútbol brasileño, dijo César Sampaio, quien fue jugador internacional y en la actualidad se desempeña como el cazatalentos principal de la selección nacional.

Eso también tiene una recompensa. Brasil ha sido durante mucho tiempo un exportador neto de jugadores: hace cinco años, un estudio calculó que más de 1200 brasileños jugaban en el extranjero, la gran mayoría empleados por clubes en Europa. Eso representa un flujo crucial de posibles ingresos para los clubes de Brasil. Para garantizar su flujo constante, los equipos del país moldean a los jugadores que preparan para que satisfagan las demandas del mercado europeo.

Quizás la mejor ilustración del cambio experimentado por Brasil es la descripción del cargo de César Sampaio. Como principal cazatalentos internacional de la selección brasileña y mano derecha de Tite, el entrenador, Sampaio tiene la tarea de monitorear no solo el desempeño de los jugadores en la plantilla, sino también de aquellos que esperan desplazarlos.

La 'ginga'

En la actualidad, Sampaio pasa gran parte de su tiempo en Europa. Tiene sentido: ahí es donde están los jugadores, donde siempre han estado destinados a ir, donde se originaron las ideas que orientaron cada paso de su camino. Sin embargo, Sampaio todavía puede notar la diferencia. Todavía cree en la “ginga”, un término tomado de la capoeira que engloba la vena melódica e inventiva presente en el fútbol brasileño.

“Esta ‘ginga’, este estilo de regate y finta todavía se puede encontrar en los futbolistas brasileños”, aseguró. Todavía diferencia a los brasileños —al menos en sus ojos— de todos los demás futbolistas con los que juegan en la Premier League, La Liga y la Bundesliga.

Eso es lo que esas sesiones en los terrenos de las favelas buscan nutrir y proteger. Toda la formación que reciben los jugadores jóvenes en el Palmeiras —así como en tantos otros equipos de Brasil y de todo el planeta— está determinada por Europa. Es la consecuencia de la implacable globalización del fútbol.

Es solo en ese momento, cuando hacen ese viaje por las calles sinuosas hacia lo que intenta ser una cancha, hacia el pasado, que tienen la oportunidad fugaz de hacer algo que vincula a la próxima generación de estrellas con quienes los precedieron, de aprender algo que es único e irrevocablemente brasileño.

© 2022 The New York Times Company

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR | EN VIDEO

La evolución del balón de fútbol a través de los Mundiales