Este placer culposo haría vomitar a los detractores de la leche

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Hay personas que consideran que tomar leche durante la adultez es un acto repulsivo y desconfían de los que la disfrutan. (Getty Images)
Hay personas que consideran que tomar leche durante la adultez es un acto repulsivo y desconfían de los que la disfrutan. (Getty Images)

Escribo este artículo mientras remojo una galleta en una taza con leche. Para mí es un placer culposo. La sensación de humedecer una golosina crocante en ese líquido blanquecino satisface mi paladar y me conecta con emociones positivas.

Y no es la única manera en la que consumo leche. La mezclo con café cuando me provoca tomarme un cappuccino, la combino con avena para hacer atoles en el invierno y refrescos en verano, la uso para hacer repostería, salsas para pasta y un sinfín de otras recetas.

Pero si me viera Daisy Jones, la editora de cultura de Vice, le provocaría un ataque de vómitos.

En un reciente artículo publicado en la revista nos pregunta a los adultos que tomamos leche si estamos realmente bien de la cabeza, mientras califica el hábito alimenticio como “inquietante”, “perturbador” y “vomitivo”.

En su opinión, y la de la mayoría de los consultados en su texto, las personas que tomamos leche no somos de fiar. Algo en nuestro cerebro no evolucionó de manera correcta y nos convirtió en personas retorcidas.

Luego se detiene a mencionar icónicas escenas cinematográficas en la que el malvado traga leche para demostrar que algo anda mal. “No digo que todos los que beben leche sean psicópatas asesinos, pero es un comportamiento desquiciado”.

Jones nos recuerda que la leche es una emulsión de grasa, proteína, azúcar y agua producida por las glándulas mamarias de los mamíferos para que las crías puedan alimentarse antes de comer alimentos sólidos. Por lo tanto, a su juicio, tomar una sustancia excretada por un pezón durante la vida adulta es un acto absolutamente repugnante.

La polémica sobre la leche

La periodista no se molesta en enumerar los razones científicas que desaconsejan el consumo de leche en la vida adulta y que podrían disuadir a algunos a reducirla o eliminarla para cuidar la salud. Ella prefiere usar declaraciones que comparan tomar leche con beber un vaso de semen o de orina.

Me he cuestionado muchas veces sobre la necesidad y la pertinencia de seguir tomando leche a estas alturas de mi vida.

Desde el punto de vista nutricional, un vaso mediano o una taza de leche de 8 onzas contiene 8 gramos de proteína, la mitad de las necesidades diarias de vitamina B12, el 25 % de las necesidades diarias de calcio y el 15 % de las necesidades diarias de potasio y vitamina D, todo en tan solo 122 calorías. A mí no me suena nada mal ni tampoco golpea mi bolsillo, como cuando tomo leche de almendra.

Los científicos han desmentido que la leche favorece el aumento de peso. Las proteínas, carbohidratos y grasas que tiene la leche produce una sensación de saciedad que ayuda a reducir la ingesta de otro tipo de grasas.

También hay investigaciones que sugieren que el consumo de leche podría reducir el deterioro cognitivo y ayudarnos a mantener la agudeza mental en la medida en que envejecemos. Un investigación relacionó la ingesta de leche con un menor riesgo de sufrir Alzheimer y la mejora del funcionamiento ejecutivo.

El refresco de leche con avena que me tomo en la mañana podría mejorar la salud de mi cerebro, según los investigadores. El calcio, la proteína y la vitamina B12 son nutrientes vitales para los adultos mayores.

La leche favorece el crecimiento de la flora bacteriana intestinal e impide el desarrollo de gérmenes patógenos. También neutraliza la acidez estomacal, favorece la formación de nuevos tejidos, previene la osteoporosis y reduce la concentración de ácido úrico.

Hay que advertir que tampoco es un alimento perfecto. La leche no tiene fibra, hierro o vitamina C y puede agravar la artritis reumatoide o la anemia ferropenia. Investigadores han vinculado su consumo excesivo con enfermedades coronarias, cataratas y algunos tipos de cáncer.

Los intolerantes a la lactosa la pasan fatal cuando toman leche. Su incapacidad de digerir esa glucosa de la leche les causa diarrea, flatulencia e hinchazón.

La leche también eleva los niveles de insulina. Eso quiere decir ese efecto insulinogénico de los lácteos será bueno para las personas sanas o los atletas que buscan recuperación muscular, pero nefasto para las personas que tienen resistencia a la insulina.

Y se ha demostrado una vinculación entre el acné en adolescentes y el consumo de leche entera. Así que la leche no se recomienda a las personas que tienen tendencia a padecer esa enfermedad de la piel.

En busca del equilibrio

La industria láctea ha diversificado sus productos y ofrece una amplia gama de variedades para los que nos sigue gustando la leche. En casa compramos deslactosada y desnatada, reforzada con vitaminas A, D, E y ácido fólico, para evitar posibles alergias y problemas cardiovasculares.

No desestimo las denuncias que los activistas realizan de la industria ganadera y de las terribles condiciones a las que someten a las vacas para maximizar la producción de leche. Tristemente es una realidad bastante generalizada en la pesca y la ganadería.

Ante esa situación me pregunto qué opciones nos quedan para alimentarnos. Y la respuesta para salvar a los animales del sufrimiento apunta hacia el veganismo. No descarto que en un futuro podría contemplar ser vegetariana y eliminar la ingesta de carnes y pescado. Pero no creo que pudiera ser vegana porque tampoco consumen leche, huevos ni miel.

Cada individuo debe tomar decisiones informadas sobre la mejor manera de alimentarse y tener un estilo de vida saludable. Pero también creo que debemos cuidarnos de albergar y propagar sentimientos de repulsión hacia los demás.

Los que practican de manera estricta la ayurveda, que es la base de la medicina tradicional india, piensan que comer huevos es un sacrilegio y lo consideran un alimento antinatural. Para ellos es desecho porque se trata de un óvulo no fecundado y lo comparan con comer los restos del ciclo menstrual de las mujeres. También consideran que los que comen huevos están explotando sexualmente a las gallinas.

No comparto la prohibición de comer huevos, pero la respeto como una manera de ser y estar en el mundo. Llamar a los que no toman leche y no comen huevos lunáticos y desquiciados no me ayuda a mí ni a ellos. Las etiquetas y los calificativos nos separan y estoy segura de que tengo mucho que compartir y disfrutar con personas que comen completamente distinto a mí.

Así que le recomiendo a Jones que respire profundo y mire hacia otro lado cada vez que se tope con alguien que traga feliz el contenido de un cartón de leche.

Le aseguro que no nos pasa nada. La mayoría de los adultos que tomamos leche estamos sanos y no tenemos antecedentes penales. Es una cuestión de gustos y nada más.

A Jones le vendría bien consumir una buena dosis de tolerancia para que fluya sin arcadas en la presencia de tomadores de leche y viva en armonía con la humanidad.

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