Lo que puede hacer que Enric Mas gane esta Vuelta a España

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BALCON DE ALICANTE, SPAIN - AUGUST 20: Enric Mas Nicolau of Spain and Movistar Team reacts after crosses the finishing line in the 76th Tour of Spain 2021, Stage 7 a 152km stage from Gandía to Balcón de Alicante 995m / @lavuelta / #LaVuelta21 / on August 20, 2021 in Balcón de Alicante, Spain. (Photo by Stuart Franklin/Getty Images)
Photo by Stuart Franklin/Getty Images

Es difícil interpretar a Primoz Roglic. Como le pasaba a Tony Rominger en los años 90, cuando llegó a su esplendor vueltómano superada la treintena, el esloveno no anuncia las crisis. No es como Bernal, que crispa el gesto y empieza a pedalear con angustia. No es como Carapaz, siempre al borde de la agonía. Roglic tiene la misma cara cuando arrasa que cuando pierde el Tour en una contrarreloj imposible. Si uno ve los documentales que Jumbo Visma emitió tanto este año como el pasado, es imposible no maravillarse ante su capacidad para sobreponerse a todo.

Por supuesto, Roglic es el máximo favorito para ganar la Vuelta a España por tercera vez consecutiva, eso no se le escapa a nadie. El problema con Roglic es que su apariencia imbatible no cuadra con la realidad. En la realidad, Roglic, que no regatea jamás un esfuerzo, que no pierde la oportunidad de ganar una etapa o aumentar unos segundos más su ventaja como líder, es imperfecto. De repente, en medio de una ascensión, le vemos perder puestos y bajar desarrollo. Le vemos sufrir, a su manera, poco a poco perdiendo metros y segundos sin que nadie se explique muy bien por qué.

En otras palabras, Roglic no es Pogacar. O al menos no es la versión de los dos últimos años de Pogacar. Dominar una carrera de la primera etapa a la última no es fácil. Roglic fracasó en su intento de hacerlo en el Tour de 2020 y estuvo a un puñado de segundos de fracasar en la Vuelta de ese mismo año, con ese último ataque de Carapaz en La Covatilla. Roglic va a tener un día cruzado porque siempre lo tiene. No quizá un día de perder minutos pero sí de ceder unos cuantos segundos y alimentar las inseguridades. Si será en los Lagos de Covadonga o en otro lado, no lo sabemos, pero sería hasta lógico que la tercera semana se le hiciera larga porque prácticamente siempre le sucede.

Ahí es donde llega Enric Mas. Sabemos que la regularidad tampoco es uno de sus fuertes y que también tiene días malos. Cuando evaluamos sus posibilidades de ganar esta Vuelta partimos, lógicamente, de la perfección. Si Mas no sigue a este nivel las dos semanas que quedan de carrera, mejor será olvidarse. Ahora bien, hay una posibilidad de que siga a este nivel, claro que sí. Mas ya quedó segundo en la Vuelta de 2018, detrás de Simon Yates y lo hizo con un ataque desde lejos en La Gallina que anunciaba el excelente corredor que quizá nunca haya llegado a ser después.

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Esa versión de Enric Mas, esa versión de escalador constante, sin excesos de cara a la galería, debería de ser cuando menos competitiva contra Roglic. Después de todo lo que ha hecho el esloveno en esta primera semana, dando una sensación de dominio absoluta y con una primera crono que jugaba en su favor, la ventaja en la general es de veintiocho segundos. No se puede decir que sea una diferencia decisiva, precisamente. En Velefique, dio la sensación muchas veces de que Roglic estaba a punto de perder la rueda de Mas y con la rueda toda la ventaja en la general. ¿Puede volver a pasar? Desde luego que puede.

A favor del mallorquín, juegan las tres llegadas en alto que aún restan. Tres puertos, además, que no son rampas de garaje, sino que tienen suficiente kilometraje como para hacer daño. En contra, la crono final de 34 kilómetros con meta en Santiago de Compostela. Una contrarreloj hecha para Roglic: dura, con varios repechos de importancia, y relativamente larga para lo que estamos acostumbrados últimamente. El esloveno, campeón olímpico de la especialidad, tendrá ahí una excelente oportunidad de meter entre minuto y medio y dos minutos a Enric Mas en caso de que los necesite.

¿Qué tiene que pasar entonces para que Mas gane esta Vuelta a España y rompa siete años de sequía española, algo que solo sucedió entre las victorias de Melchor Mauri (1991) y Abraham Olano (1998)?Bueno, lo primero, como decíamos, que siga con su mejor versión. Lo segundo, que Roglic se venga abajo. O que se venga abajo una vez a lo grande -tres minutos- o que se venga abajo tres veces notablemente -un minuto cada día-. En su contra, juega que tiene un equipo raro. Tanto Oomen como Kruijswijk como Kuss son excelentes corredores pero pésimos gregarios. Ayer, de nuevo, Kuss hizo de las suyas. Es un alma libre.

Movistar tendrá que pasar al ataque y buscar las cosquillas del líder aunque eso le suponga perder un posible podio. Cuando la victoria está tan cerca, no creo que un puesto en el cajón sea suficiente recompensa. Insisto: Roglic no es Pogacar. Roglic es humano. Roglic ya se ha venido abajo antes. Con Miguel Ángel López en tercera posición, el equipo navarro puede jugar la doble baza sin problema: Roglic tiene que salir a rueda de "Supermán" y tiene que hacerlo en primera persona. Hay que desgastarle sin piedad hasta que Mas encuentre su momento para rematar la faena. Es difícil, pero no imposible. Se nos ha quedado una Vuelta preciosa.

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