Empieza la Superliga china: un "quiero ser" gigante con pies de barro

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Pekín, 3 jun (EFE).- La Superliga de fútbol china comienza este fin de semana tras un sinfín de retrasos debido a los últimos brotes de covid en el país asiático y los constantes problemas económicos que atraviesan sus clubes.

Prevista originalmente para el 23 de abril, hoy se jugarán los tres primeros partidos de la competición, que estrenará un nuevo formato, algo que viene siendo habitual en los últimos años por culpa de la "era pandémica" y de las medidas impuestas a merced de la política gubernamental del "cero covid".

La liga se disputará en tres sedes -en 2020 y 2021 eran dos- para evitar desplazamientos que puedan aumentar el riesgo de contagios entre los integrantes de los equipos.

En total, 18 -dos más que la temporada anterior- se distribuirán entre las ciudades de Meizhou (sur), Haikou (sur) y Dalian (noreste) en una primera fase, de un total de cuatro etapas, para que cada escuadra se enfrente dos veces a las otras en el particular formato de ida y vuelta que se practicará en esta edición, en la que defenderá título el Shandong Taishan.

DESPILFARRO QUE LLEVA A LA BANCARROTA

Los retrasos y el nuevo formato llegan por la situación de China con respecto al virus, pero también debido a la deriva económica de muchos clubes, algunos desaparecidos en las últimas semanas, lo que ha tenido un fuerte impacto en el devenir de la competición.

Dos de los equipos que participaron en la máxima división del fútbol chino en 2021, el Chongqing Liangjiang y el Qingdao FC, se disolvieron antes de comenzar la presente edición, uniéndose así al Tianjin Tianhe, desaparecido en 2020, y al Jiangsu FC, que hizo lo propio en 2021 tras quedar campeón de la Superliga la temporada anterior.

El problema es mucho mayor si se analiza el resto de categorías profesionales del fútbol doméstico, con al menos 24 clubes declarados en bancarrota desde el inicio de una pandemia que ha agravado un problema que venía desde más atrás en el tiempo.

Y es que la falta de liquidez, que ha hecho que jugadores de varios equipos estén meses sin cobrar, no se puede achacar a la falta de ingresos por la ausencia de espectadores en los estadios.

Antes de la pandemia, los clubes no dependían de la taquilla para sus presupuestos, pues muchos se sustentaban en corporaciones que buscaban promocionar sus entidades a través de este deporte sin reparar en gastos.

Durante años, estos dueños ofrecían a los futbolistas extranjeros unos emolumentos "fuera de mercado" para que sus equipos, con sus nombres corporativos, tuvieran más difusión, ya sea por el renombre de las contrataciones como por la creación de plantillas más competitivas.

Muchos son los jugadores celebres que han pasado por China, pero ningún caso tan significativo como el del argentino Carlos Tévez, que según él estuvo de "vacaciones" en el Shanghái Shenhua en 2017 ganando 41 millones de dólares -el salario más grande para un futbolista en la época-, en un periodo en el que la industria del fútbol del país estaba estimada en 125.000 millones de dólares.

En la temporada que ahora empieza tan solo asoman caras conocidas como el brasileño Óscar y el belga Marouane Fellaini.

EL FÚTBOL DEBE PREVALECER

Desde 2020, la Asociación China de Fútbol impuso unas nuevas normativas a sus clubes tras ver cómo el movimiento de dinero se centraba en el autobombo más que en el desarrollo del deporte en sí.

Las medidas obligaron a borrar todas las referencias a las compañías propietarias de los equipos en busca de una denominación más "neutra" y enfocada al deporte y menos corporativa, además de poner un tope salarial de 4,41 millones de dólares por jugador.

El objetivo era que los propietarios dejaran de considerar a sus equipos como meros productos publicitarios -anteriormente, hasta los cambiaban de ciudad por razones de marketing- para crear así una vinculación y una cultura futbolística más profunda con los aficionados que los animan.

Los cambios buscaban también avanzar en la consecución de los tres deseos en cuanto al fútbol del presidente de China, Xi Jinping, un reconocido aficionado a este deporte: que el país se clasifique para una fase final de un Mundial, ser anfitriones de una cita mundialista y proclamarse campeones del mundo antes de 2050.

Unos deseos complicados de cumplir: la última participación del combinado chino en una Copa del Mundo data de 2002 y hace unas semanas tuvo que renunciar a organizar la Copa de Asia de 2023 debido a la política pandémica del país.

Para superar estas barreras, se pretende que para 2030 haya un campo de fútbol por cada 10.000 personas, o que en 2025 al menos 50.000 escuelas primarias y secundarias cuenten con este deporte para su currículo académico.

Guillermo Benavides

(c) Agencia EFE

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