Aunque errático, el primer año de Biden tiene 7 logros notorios (y una gran decepción)

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Según Real Clear Politics, una de las compañías de datos más reconocidas en Estados Unidos -en tanto que, además de sus propios estudios, toma en cuenta todo el resto del mercado de investigación, con todas las tendencias ideológicas incluidas- el gobierno de Joe Biden ronda de nuevo los 45 puntos de popularidad, un número bastante saludable para un gobierno que tiene un año de gestión, no está en campaña y que sale de una crisis pandémica y política sin precedentes en la historia moderna.

El primer año de Biden ha estado lleno de enormes retos. Su popularidad ha oscilado volátilmente.
Biden en visita a Kentucky, luego de los desastres ocasionados por el tornado.

Pero claro que es cierto que sus niveles de popularidad bajaron enormemente (récords de hasta 32 por ciento en algunos temas específicos) hasta tal punto que se pensó en que sería difícil mantener la gobernabilidad. Un episodio ya pasado pero que podría regresar.

Errático en su mercadeo, confronta la alta inflación que naturalmente de un periodo de ayudas casi obligatorio en un periodo como el pandémico, en el que decenas de millones de estadounidenses se quedaron sin empleo y no tenían cómo subsistir (los programas de ayuda se iniciaron con Trump en el poder), y paga las consecuencias políticas.

Asimismo, el gobierno se chamuscó con la salida de Afganistán, una retirada retrasada y valientemente asumida por el ejecutivo, pero con aparentes falta de previsión muy notorias y una reacción comunicacional obviamente no prevista, que a fin de cuentas tuvo que asumir el propio Presidente en primera linea.

Sin embargo, la lista de logros de este primer año de gobierno demócrata no es escasa.

Los balances positivos

Reinstitucionalización.

El gobierno de Biden ha rehuido al revanchismo, poco se refiere a las falsas acusaciones de fraude que el ex mandatario Trump aón pontifica inescrupulosamente y ha regresado el respeto al resto de las instituciones, sin importar su signo político y sin juegan en contra de las creencias demócratas. El Presidente que está en la Casa Blanca ha vuelto a ser un representante de todos los estadounidenses.

Reinserción en la comunidad internacional.

Biden ha retomado las alianzas naturales de Estados Unidos con las democracias occidentales, a las cuales la administración anterior había dado la espalda. Asimismo, ha reforzado la comunidad comercial de América del Norte, que fue desalentada por cuatro años, y ha devuelto a Estados Unidos al frente de la lucha contra autocracias de poder expansivo como China, Rusia e Irán. En ese sentido, la figura de Biden ha sido no solo bienvenida sino muy bien respaldada en sondeos internacionales.

Las negociaciones entre los dos partidos vuelven a ser parte natural de la dinámica política de Washington.
Mitch McConnell formó parte de la realización de la Ley de Infraestructura.

Regreso del bipartidismo.

A pesar de la incesante polarización (reorientar las emociones masivas puede tomar un tiempo indefinido), Biden ha logrado reinstalar la cultura de la negociación bipartidista, como parte de una dinámica que había estado enraizada por décadas en los organismos que dirigen el poder desde Washington, anteponiendo en temas particularmente prioritarios para el país, el interés de la nación al interés partidista. Así fue aprobada la Ley de Infraestructura, una necesidad que permanecía esperando desde hace más de treinta años y que no hubiese sido posible sin el apoyo de parte de la bancada republicana, ya que incluso algunos de los representantes demócratas muy corridos hacia la izquierda, no estuvieron dispuestos a apoyarla antes de la aprobación de otra ley, la conocida como Build Back Better.

Liderazgo en el cambio climático.

Alejándose del negacionismo y cumpliendo una promesa electoral, el ejecutivo pone por primera vez a Estados Unidos al frente de las iniciativas y los pasos que el planeta debe tomar para salvarnos de una desgracia irreversible, si el aumento de la temperatura sigue el paso que tiene en la actualidad. La cumbre de Glasgow significó un enorme paso en esa dirección, aunque los especialistas consideran que falta mucho más. Nunca antes, en tres décadas de inquietudes, Estados Unidos había dado un salto cuántico en esta dirección.

Rebote de la economía.

A pesar de la increíble parálisis que afrontó el planeta gracias a la pandemia, de la inflación que resultó de la enormes ayudas económicas dadas al sector financiero y a los consumidores, la recuperación del empleo vive unos saltos que no se veían desde los años 80s, el crecimiento del PIB ha sido fenomenal (el tercer trimestre de 2021 marcó un récord de 7,4%), y la recuperación de la cadena de comercios y sus atascos aduaneros ha mejorado los problemas que enfrentaba mucho más rápido de lo previsto. Aunque la percepción del ciudadano general es que la economía no está bien, porque ve los precios aumentar, los índices de consumo son saludables, la Bolsa de valores ha aumentado alrededor de un 15 por ciento, y el fenómeno de la gran renuncia (que tiene carácter cultural, no es el resultado de la sayudas, como muchos creían, pues continúa a pesar de que las ayudas ya no se están dando) parece un reflejo de que el estadounidense tiene la capacidad para exigir un cambio de paradigma en la concepción del trabajo.

Priorizar la pandemia y la vacunación.

Aunque para muchos el tema ya se había polarizado y politizado y no han podido salir de allí, la decidida acción de Biden para avanzar extendida y velozmente en la vacuniación ha allanado con mucha rapidez el camino de superación parcial de la pandemia. Sin esta condición, sería imposible imaginar el rebote económico actual, dentro y fuera de Estados Unidos. Ya hay más de 200 millones de personas vacunadas en este país, alrededor del 60%. Y ya las estadísticas han hablado: según los CDCs, aquellos que se han vacunado tienen 20 veces menos posibilidades de enfermar grave o morir si se han vacunado.

La prensa que sea la prensa.

El gobierno dejó de actuar en función de lo que digan los medios y de contestar virulentamente a cada comentario. La crítica campea libremente sin ataques de vuelta desde el poder ejecutivo. El gobierno no impone la agenda comunicacional ni parece pretenderlo. La vida de los ciudadanos ha dejado de ser cada cosa que hace el presidente.

Destacados

  1. Lo mejor del gobierno es Jane Psaki. La vocera de la Casa Blanca es consistente y firme, robusta pero respetuosa, no se sale de la agenda presidencial, se remite a la oficialidad, y es enérgica.

Jen Psaki es la figura más sólida del gobierno.
La secretaria de prensa es enérgica y contundente en cada sesión con periodistas en la Casa Blanca.
  1. Lo más eficiente ha sido Pet Butigieg, Secretario de Trnasporte, quien ha estado a cargo de los terribles atascos que se formaron en puertos y aduanas luego de la reactivación del comercio internacional. Las soluciones han llegado antes de lo esperado.

  2. La mejor decision ha sido dejar a Jerome Powell al frente de la Fed. Un conservador de las finanzas y el espectro monetario, entendedor de la cosa pública, republicano, pero servidor público ante todo y conocedor de los mercados. Su confirmación fue recibida muy bien por todos los sectores de la economía.

  3. La más grande decepción, Kamala Harris. La gran expectativa que se tenía ha sido vaciada. Casi nula como comunicadora de lo que hace el gobierno, ha sido comisionada para la problemática fronteriza, que está igual o peor que en tiempos de Trump, invisible en las negociaciones con el Congreso (que es una función endémica de la Vicepresidencia) y su mensaje en la gira cenytroamericana fue contraria a los principios de recepciεn de refugiados que ha caracterizados a Stados Unidos, siendo ella hija de inmigrantes.

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