Eder Militao emerge como el bastión defensivo de la nueva era

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SAN SEBASTIAN, SPAIN - DECEMBER 04: (BILD OUT) Adnan Januzaj of Real Sociedad and Eder Militao of Real Madrid battle for the ball during the La Liga Santander match between Real Sociedad and Real Madrid CF at Reale Arena on December 4, 2021 in San Sebastian, Spain. (Photo by Juan Lazkano/DeFodi Images via Getty Images)
Juan Lazkano/DeFodi Images via Getty Images.

Si la recta final de la primera parte de la temporada 21/22 deja alguna noticia más positiva para los intereses del Real Madrid que la que supone encarrilar el título de LaLiga esta es, sin duda, el atisbo de una nueva era de dominio continental en el eje de la defensa cimentado alrededor de la figura de Éder Militão.

Las salidas de Sergio Ramos y Raphaël Varane tuvieron un efecto inmediato en la estructura blanca tanto en el corto como en el largo plazo. Al agujero en términos de jerarquía, determinación y personalidad, la baja de la pareja de centrales titular en el último lustro obligaba a reducir los márgenes de crecimiento de Éder o de adaptación de Alaba, a los que irremediablemente, y sin más alternativa, se confiaba la ardua tarea de defender.

Las incomparecencias de Ramos y Varane en el tramo final del curso pasado aceleraron los procesos de cara a que Militão fuese trazando el esquema mental de lo que se le venía por delante. Era la oportunidad de su vida: sin los dos grandes baluartes defensivos, podía demostrar que la dirección del club no se equivocó cuando pensó en él como su sucesor. Ahora, solo unos meses más tarde, el proceso parece haberse completado con éxito. Aquellos meses defendiendo en el barro, sosteniendo al desbordado equipo de Zidane en el abismo con acciones imposibles solamente dignas del que actúa sin alternativa sirvieron para convencer (y convencerse) de que estaba destinado a ser el defensa central que el Real Madrid necesitaría algún día.

Tanto es así que el equipo de Ancelotti, que está firmando un run impecable en lo que a los resultados cosechados en LaLiga y Champions League se refiere, está definiendo parte de su arquetipo competitivo por lo que puede hacer durante sus fases defensivas. Consciente de lo sumamente diferenciales en las acciones sin balón que son piezas como Militão, Casemiro o Mendy (a los que hay que añadir el nombre de Courtois), el técnico italiano está dibujando los partidos basándose en su capacidad para soportar a un bombardeo.

Sin ir más lejos, los blancos salieron a Anoeta con la premisa de repeler a la Real Sociedad. Ni a intentar robar, ni mucho menos a dominar, aplastar o someter a los txuri-urdin con la pelota, sino a explayarse en el noble arte de defender. Ante el refinado y rico método para construir los primeros pases de los de Alguacil y su previsible ventaja a la hora de esquivar una supuesta presión blanca, que ya ante el Sevilla probó no estar demasiado pulida, Carletto optó por esperar: rehuyó morder, saltar, meter el pie, provocar el robo o cerrarse en alto. El Real Madrid dejó progresar a la Real Sociedad y la esperó en su área.

Aprovechando las bajas de dos de las piezas con más peso en el juego interior de la Real Sociedad, como son Mikel Merino y David Silva, el bloque blanco revirtió los errores cometidos ante el equipo de Lopetegui cuando no tenía la pelota y priorizó no abrirse al intentar buscar el balón. Los extremos no quedarían eliminados ni el espacio a su espalda sería una oportunidad para los laterales rivales, Modrić y Kroos no tendrían que correr tanto hacia adelante y ni Januzaj, al pie, ni la pareja Isak-Sørloth, al espacio, recibirían con ventajas.

En ese contexto emergió la figura de Militão. Como un gigante irrebasable, el brasileño cuajó una de las actuaciones más vistosas de los últimos años en el fútbol español. La Real Sociedad terminó sin disparar a portería por primera vez en casi dos años. Y eso que disparó. Y eso que también lo hizo en dirección a portería. Pero allí, entre el chut y los palos, estaba Éder. Más allá de su imparable crecimiento en todas las acciones relacionadas con el pase (34 pases, 76% de ellos exitosos y 1 clave que pudo terminar siendo una asistencia), Militão completó 10 despejes y 5 entradas, interceptó 2 balones y bloqueó otros 2 disparos. Como Mr. Fantástico, antes que elástico (y ya es decir), Militão fue líder, instructor del plan blanco y guía de la victoria.

SAN SEBASTIAN, SPAIN - DECEMBER 4: Eder Militao of Real Madrid, Alexander Isak of Real Sociedad  during the La Liga Santander  match between Real Sociedad v Real Madrid at the Estadio Reale Arena on December 4, 2021 in San Sebastian Spain (Photo by David S. Bustamante/Soccrates/Getty Images)
David S. Bustamante/Soccrates/Getty Images.

Después de su cabeza, reforzada por la exposición ante el volumen de acciones, que alimentan su confianza y solidifican su estatus, llega su cuerpo de goma al estilo Reed Richards: hiperflexible de arriba a abajo a la hora de doblarse, retorcerse, alargarse o estirar cualquiera de sus extremidades en contra de la biología, de cemento al chocar y liviano para hacer valer por dos el paso de cada una de sus zancadas cuando sale fuera de su sitio o tiene que volver a él.

Volviendo al partido, con la Real Sociedad muy arriba y el Real Madrid muy abajo, el escenario derivó en una tormenta de transiciones en la que Vinicius y Modrić batallaron por decidir qué tipo de partido querían jugar tras cada rechace de Militão. Sin Benzema, lesionado, como mediador, pero con un Jović que se puso su disfraz tras años castigado sin Carnaval, Vinicius terminó convenciendo a los suyos de que jugar para él era la mejor idea. El brasileño volvió a decidir el partido, esta vez con alternando sus arrancadas recibiendo el balón al pie, en su línea de cal, con esos movimientos al espacio tan útiles durante el curso pasado que enriquecen su abanico de acciones, multiplican su amenaza y le distancian de los dejes neymarescos que le amenazan cuando espera estático.

Así, el Real Madrid, como equipo, volvió a ser, por encima de cualquier otra cosa, solvente. Mientras que sus jugadores volvieron a ser, por encima de los que conforman los otros 19 equipos, diferenciales. Con Vinicius en un área y Militão en la otra, los blancos articularon un estilo, un plan y una forma de entender y afrontar el momento de la competición: perdiendo metros, reduciendo la altura y economizando esfuerzos. Dejando que los jugadores hagan el resto. Que Courtois pare, Militão despeje, Modrić no la pierda, Vinicius corra y Benzema marque. Y ayer le tocó a Éder. Tan concentrado estaba en su tarea que hasta devolvió los objetos que le intentaron regalar desde la grada. No era el momento. Aunque eso sí luego, como capricho, se llevó dos Funkos preciosos para su colección de delanteros.

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