Diego Schwartzman, eliminado en la segunda ronda de Wimbledon ante un invitado local: estuvo dos sets a uno arriba y 3-0 en el cuarto parcial

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Diego Schwartzman cayó en la segunda ronda de Wimbledon ante el invitado británico Liam Broady.
Diego Schwartzman cayó en la segunda ronda de Wimbledon ante el invitado británico Liam Broady. - Créditos: @KIERAN GALVIN

Ganar partidos sobre el césped de Wimbledon no es una situación frecuente para los tenistas argentinos. El Grand Slam británico, históricamente, fue el que mayores dificultades de los cuatro majors les generó a las raquetas de nuestro país. Por ello, ir avanzando de ronda (y hacerlo en más de una oportunidad en la misma edición), es un logro valioso. Diego Schwartzman (12° cabeza de serie) tuvo buenas chances de instalarse en la tercera ronda (estuvo dos sets a uno arriba y 3-0 en el cuarto), pero el porteño cometió errores en los momentos de definición y cayó frente al zurdo local Liam Broady (132° del mundo; recibió una invitación) por 6-2, 4-6, 0-6, 7-6 (8-6) y 6-1, en 3h46m. Así, ya no quedan argentinos en carrera en el cuadro de singles.

El Peque Schwartzman, que buscaba la novena victoria de su carrera sobre césped, tuvo un arranque dubitativo, con pobres registros de servicio (Broady se lo quebró dos veces), escasos tiros ganadores (cuatro) y un buen puñado de errores no forzados (once). Broady, un jugador de destacada etapa junior (fue 2° del mundo en 2012, finalista individual de Wimbledon 2011 y campeón de dobles en Australia y en el All England), que ya se había enfrentado con Schwartzman hace una temporada en el mismo major (éxito del argentino en cuatro sets, por la segunda rueda), se adueñó del primer parcial con autoridad e hirientes variantes.

Diego Schwartzman cayó en la segunda ronda de Wimbledon ante Liam Broady.
Diego Schwartzman cayó en la segunda ronda de Wimbledon ante Liam Broady. - Créditos: @Adam Davy - PA Images

Pero lejos de desmoralizarse, el jugador entrenado por Juan Ignacio Chela y Alejandro Fabbri se serenó, elevó la puntería, empezó a fallar mucho menos y a pisar el césped con más convencimiento. Broady (en su quinta aparición en Wimbledon, la séptima en general en un torneo de Grand Slam; nunca había superado una segunda ronda) sintió el impacto. La responsabilidad de medirse ante un preclasificado pareció pesarle bastante y el exnúmero 8 del mundo tomó completo el dominio del encuentro. El argentino ganó el primer set y, sobre todo el segundo, con lucidez, electricidad y determinación.

Schwartzman, actual 15° del ranking, aceleró en el arranque del cuarto parcial, tomando una distancia de 3-0, pero cuando menos se sospechaba, Broady (sin títulos ATP; con apenas un Challenger ganado el año pasado, en Suiza) empezó a corregir sus golpes y a hacerle daño al argentino. El match se igualó 3-3 en el court 3 y el aliento del público empezó a alimentar el ánimo de la raqueta local. El partido tomó matices emocionales evidentes. Schwartzman sostuvo sus servicio (4-3). Y Broady, de inmediato y jugando el partido más trascedente de su carrera, hizo lo mismo (4-4). El argentino no se intimidó por el avance del rival y sostuvo su saque en cero (5-4). Sin margen de error, el europeo asumió el compromiso y, envalentonado por lo que le transmitían desde las tribunas, se desahogó al igualar 5-5. Diego se vio comprometido, sacando 0-30, pero sostuvo lo defendió (6-5). Y lo mismo hizo el inglés (6-6). Legaron al tie-break y, finalmente, Broady acertó más que el Peque para cerrarlo por 8-6.

En el quinto set, con el reloj marcando las tres horas y media de partido, Broady se mostró decidido, dio un golpe sobre la mesa y le quebró el saque a Schwartzman, adelantándose por 3-1. El lenguaje corporal del Peque ya no fue el mismo del segundo y el tercer parcial. Con el mejor sudamericano del ranking algo aturdido y con muy poca reacción, el tenista local olfateó la chance y no perdonó: sostuvo su saque (4-1) y, enseguida, logró el doble quiebre en el set (5-1). Con el cosquilleo de verse tan cerca de algo tan grande, Broady sacó y, para explosión del público, terminó de edificar el triunfo más valioso de su carrera que lo depositó en la tercera ronda de un Grand Slam por primera vez.

Schwartzman, que había perdido sus dos partidos frente a rivales zurdos en la actual temporada (ante el chileno Alejandro Tabilo en las semifinales de Córdoba y contra Draper en los 8vos de final de Eastbourne, el 22 de este mes), no pudo romper esa racha. Y Broady, que había perdido sus tres partidos anteriores ante Top 20 en Grand Slam, logró superar el obstáculo, quebrándole el saque a Schwartzman nueve veces (el argentino finalizó con 60 errores no forzados y 39 tiros ganadores). Para Diego fue su séptima aparición en el cuadro principal de Wimbledon (y su 32° en un Grand Slam en general) y aspiraba a alcanzar la tercera ronda por tercera vez consecutiva, pero le faltó pimienta.

“Seguimos aprendiendo de una superficie difícil” , escribió Schwartzman en sus redes sociales el 14 de junio pasado, al despedirse en la primera ronda del ATP de Queen’s (frente a Sam Querrey). Se sabe que para los jugadores argentinos se trata de un proceso largo y distinto al convencional en el circuito. Sin embargo, Schwartzman deja Londres mascullando bronca porque estuvo muy cerca de dar otro paso en ese espinoso aprendizaje, pero sus propias fallas no se lo permitieron.

Resumen de la derrota de Schwartzman en Wimbledon

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