Diego Cocca, el especialista en transformar a equipos perdedores, como el Atlas

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Diego Cocca durante un partido de Liga MX | Foto:  Refugio Ruiz/Getty Images)
Diego Cocca durante un partido de Liga MX | Foto: Refugio Ruiz/Getty Images)

Diego Cocca ha cambiado por completo al Atlas. La victoria de Los Zorros ante Tigres por 3-0, en la Ida de las Semifinales del Clausura 2021, es mucho más que medio boleto a la Final. Se trata de la certificación de Atlas como equipo de respeto en la Liga MX. Antes provocaban risas y burlas, ahora hasta infunden miedo. Por algo son el campeón vigente y dejaron mudos a los poderosos felinos de André Pierre Gignac y Miguel Herrera.

Hasta la suerte les sonríe. Cuando el penal de Julio Furch se estampó en el poste de Nahuel Guzmán, todo parecía volver a la normalidad: Atlas, el equipo perdedor y con mala fortuna que no está listo para el éxito. Ahora todo es diferente. El balón entró caprichosamente en la red e inauguró una goleada que sintetiza los cambios estructurales emprendidos por Diego Martín Cocca.

El rojinegro tiene una idea de juego muy clara. El mérito radica no solamente en el pleno dominio de un sistema, sino en provocar que los rivales caigan en la trampa y, una vez puestos en la mira, deglutirlos ante el menor resquicio de oportunidad. Los pupilos de Cocca definen los partidos en las dos áreas. En defensa, hacerle gol a Camilo Vargas es un martirio absoluto y, en ataque, cederles espacios equivale a un suicidio. Todos los jugadores tapatíos son solidarios en la marca y defienden su portería con una generosidad que solo se explica a través del impecable trabajo grupal del timonel argentino.

A los equipos defensivos se les suele considerar aburridos, pero Atlas es todo lo contrario: se defienden tozudamente, pero cuando recuperan el balón son vértigo puro. Julián Quiñones es un peligro constante, mientras Julio Furch puede convertir cualquier balón aéreo en peligro de gol inmediato, ya sea por capacidad de remate o para dejar de frente a algún compañero, como lo hizo Jeremy Márquez en la serie contra Chivas.

No es la primera vez que Diego Cocca transforma a un equipo con inercia perdedora. Lo hizo en 2014 con Racing de Avellaneda, uno de los clubes más importantes de Argentina. La Academia (apodo compartido con Atlas) tenía 13 años sin ser campeón y estuvo al borde del descenso en en 2008 debido a una profunda crisis institucional. Además, antes del campeonato del 2001 ya habían soportado otro ayuno de 35 años. Es decir, en casi 50 años habían ganado dos campeonatos.

Todo les salía mal y, aparentemente, no había nadie capaz de remediar la enfermedad crónica. La prensa recibió escépticamente a Cocca, que arribó con la misión de eludir el descenso, pero también llevaba consigo una credencial que ya auguraba su don para acabar con malarias: en el mismo 2014, ascendió a la Primera División a Defensa y Justicia, un humilde equipo del barrio de Varela que nunca había participado en el máximo circuito argentino.

Diego Martín desactivó las críticas y se puso manos a la obra. Llevó a Racing a ganar el campeonato Transición de 2014 en un hecho insólito. Los fantasmas fueron conjurados de la mano de un director técnico que se adapta siempre a los jugadores que tiene. En Atlas replicó su fórmula y el éxito llegó el 12 de diciembre del año pasado, cuando los rojinegros vencieron en penales a León para acabar con la infernal racha de 70 años sin campeonar.

De manera paulatina, Atlas está venciendo a todos sus fantasmas. El más importante de todos era el de los 71 años de sequía liguera, pero ese fue apenas el primer paso. El equipo de Cocca ha ganado, por mucho, la batalla local por el dominio de Guadalajara, pues suma ya cuatro partidos sin perder ante Chivas, el rival contra el que tantas humillaciones han sufrido.

Si anteriormente el rojinegro era un equipo que apelaba a los milagros, ahora son un equipo que gana con la contundencia que le pertenece a los aristócratas. Ayer no necesitaron de ninguna plegaria, simplemente se ciñeron a su estilo y arrollaron al segundo equipo más rico del país. Todo es gracias a Diego Cocca, un entrenador capaz de curarle el síndrome perdedor a cualquier equipo.

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