Un diagnóstico lleva la ETC al fútbol profesional estadounidense

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Una foto de Scott Vermillion con sus hijos, Ava-Grace y Braeden, se muestra en la casa del padre de Scott, David Vermillion, en Florida. Scott es el primer futbolista profesional estadounidense diagnosticado con ETC. (David Lawrence/The New York Times)
Una foto de Scott Vermillion con sus hijos, Ava-Grace y Braeden, se muestra en la casa del padre de Scott, David Vermillion, en Florida. Scott es el primer futbolista profesional estadounidense diagnosticado con ETC. (David Lawrence/The New York Times)

Los familiares de Scott Vermillion siguen teniendo dificultades para articular el revoltijo de emociones que sintieron en noviembre pasado cuando recibieron la llamada telefónica de los doctores y que hablaron de ETC.

Vermillion, un exfutbolista de la MLS, había muerto un año antes, el día de Navidad de 2020, a la edad de 44 años. Según su familia, la causa directa fue una intoxicación por alcohol y fármacos recetados, la triste conclusión de una vida atribulada. Vermillion, quien fue uno de los mejores futbolistas de Estados Unidos en el bachillerato y la universidad y jugó cuatro temporadas en la MLS, había pasado la última década de su vida alejado de su familia mientras luchaba con el abuso de sustancias y un comportamiento que poco a poco se fue volviendo más errático.

A finales del año pasado, los doctores de la Universidad de Boston ofrecieron otra explicación: después de examinar el cerebro de Vermillion, los expertos de la universidad le dijeron a su familia que él había presentado encefalopatía traumática crónica (ETC), un trastorno cerebral degenerativo vinculado con síntomas como pérdida de memoria, depresión y conductas agresivas o impulsivas.

El diagnóstico le dio a Vermillion el honor sombrío de ser el primer futbolista profesional estadounidense con un caso público de ETC. También fue un hito triste para la MLS, una liga que, incluso en su joven historia, ha visto las consecuencias del tipo de lesiones cerebrales que se suelen asociar con mayor frecuencia a deportes de contacto como el fútbol americano, el boxeo y el hockey.

Para el fútbol en conjunto, el hallazgo sumará otra nota a un coro de inquietudes pequeño, pero en crecimiento sobre los riesgos a la salud de jugar el deporte más popular del mundo.

“Con el fútbol, sin duda se corre el riesgo de sufrir una ETC, no tanto como en el fútbol americano, pero sin duda es un riesgo”, opinó Ann McKee, directora del Centro de ETC de la Universidad de Boston.

McKee es una neuropatóloga que ha descubierto la enfermedad en cientos de atletas, entre ellos Vermillion.

David Vermillion, padre de Scott Vermillion, otrora estrella universitaria que jugó cuatro temporadas en la MLS y murió en 2020, con uno de los uniformes de su hijo en su casa en The Villages, Florida, el 27 de junio de 2022. (David Lawrence/The New York Times)
David Vermillion, padre de Scott Vermillion, otrora estrella universitaria que jugó cuatro temporadas en la MLS y murió en 2020, con uno de los uniformes de su hijo en su casa en The Villages, Florida, el 27 de junio de 2022. (David Lawrence/The New York Times)

El diagnóstico le dio un sentido de claridad a la familia de Vermillion —sin importar cuán pequeño haya sido— sobre una vida contaminada de preguntas. No respondió todo; simplemente era imposible, pues la ETC solo se puede diagnosticar post mortem. Detonó sentimientos de duda, culpa, enojo y alivio. Sin embargo, por fin, sabían algo.

El fantasma de la ETC comenzó a cernirse sobre la NFL hace casi dos décadas, cuando se encontraron los primeros casos de la enfermedad en los cerebros de exjugadores de fútbol americano profesional. Desde entonces, la ETC, la cual está asociada con golpes repetidos en la cabeza, se ha descubierto en los cerebros de más de 300 exjugadores de la NFL.

Sin embargo, en el fútbol, apenas están surgiendo la investigación y la conversación pública en torno a la ETC y las lesiones en la cabeza, aunque hayan aumentado los casos confirmados. Un delantero inglés. Un brasileño ganador del Mundial. Un futbolista aficionado estadounidense.

Alecko Eskandarian y Taylor Twellman, dos exjugadores de la MLS, han alzado la voz para hablar de cómo las conmociones terminaron sus carreras y afectaron sus vidas personales. En 2016, Brandi Chastain, dos veces ganadora de la Copa Mundial Femenina, se comprometió públicamente a donar su cerebro para la investigación de la ETC.

“Debemos entender la gravedad de la situación”, comentó Chastain. “Hablar sobre las conmociones en el fútbol no es solo un tema candente. Es algo real. Necesita una atención real”.

El año pasado, las ligas y los torneos de todo el mundo, incluida la MLS, empezaron a experimentar con los sustitutos por conmoción, los cuales son cambios adicionales en los equipos para hacerse cargo de los jugadores con posibles lesiones cerebrales. La MLS se ha unido a otras ligas deportivas en la implementación de una variedad de protocolos, entre ellos el uso de especialistas y observadores independientes que evalúen las conmociones potenciales durante los partidos.

“La MLS tiene políticas de gran envergadura para educar a jugadores, entrenadores, autoridades y personales médicos sobre la importancia de la identificación de lesiones en la cabeza, informes tempranos y tratamientos”, mencionó en un comunicado Margot Putukian, directora médica de la liga. “Siempre se puede progresar más y la MLS tiene un compromiso firme con este importante trabajo”.

ARCHIVO - En eta fotografía del 29 de agosto de 1999, Tyrone Marshall, del Fusion de Miami, ayuda a Scott Vermillion de los Wizards de Kansas City, después de que ambos colisionaran con sus cabezas en el encuentro. (AP Foto/Ed Zurga, Archivo)
ARCHIVO - En eta fotografía del 29 de agosto de 1999, Tyrone Marshall, del Fusion de Miami, ayuda a Scott Vermillion de los Wizards de Kansas City, después de que ambos colisionaran con sus cabezas en el encuentro. (AP Foto/Ed Zurga, Archivo)

Sin embargo, el foco no es solo el tratamiento de las conmociones. En un esfuerzo creciente por prevenir todos los tipos de impactos en la cabeza, los jugadores de todos los niveles están practicando el deporte con más lineamientos dirigidos a limitar los cabezazos.

El estudio de 2019 de unos investigadores en Glasgow, Escocia, demostró que los exfutbolistas profesionales eran 3,5 veces más propensos a morir de una enfermedad neurodegenerativa que los miembros de la población general (y menos propensos a morir de enfermedades cardiacas y algunos cánceres). Por lo tanto, la historia de Vermillion se vuelve la última moraleja de una serie reciente.

“La ETC nunca nos había pasado por la cabeza”, opinó Cami Jones, quien estuvo casada con Vermillion de 1999 a 2004.

Vermillion comenzó a jugar fútbol en Olathe, Kansas, cuando tenía 5 años. Según algunos de sus familiares, le encantaba el movimiento incesante del juego, las acciones intrépidas. Sus entrenadores en la escuela primaria, en aras de mantener el espíritu deportivo, a menudo lo mantenían en la banca durante periodos largos porque anotaba demasiados goles, comentó su padre, David Vermillion.

A la postre, su talento le abrió las puertas de los clubes regionales de élite y de las selecciones juveniles de Estados Unidos cuando era adolescente. Lo llevó a la Universidad de Virginia, donde fue parte del tercer equipo de los mejores futbolistas de Estados Unidos en su primer año. Gracias a esto llegó a la MLS, donde, en 1998 y a la edad de 21 años, se unió a su club local, el Kansas City Wizards, ahora conocido como Sporting Kansas City.

No obstante, Vermillion, un defensa aferrado, nunca floreció por completo como profesional. Estuvo en otros dos clubes antes de que una molesta lesión de tobillo lo forzara a retirarse de forma prematura tras la temporada 2001. Los ingresos durante su carrera en la liga incipiente fueron raquíticos: su padre recordó que el sueldo de su hijo era de unos 40.000 dólares al año cuando dejó el juego.

“Fue un golpe difícil de digerir”, comentó David Vermillion. “Estuvo toda la vida subiendo esa colina, yendo hacia arriba, volviéndose un buen jugador y de la nada ver que todo terminara fue complicado”.

Scott Vermillion intentó encontrar un asidero a la vida después del fútbol. Administró una tienda familiar. Entrenó equipos locales de juveniles. Buscó un título de enfermería. Sin embargo, sus relaciones se desmoronaban poco a poco.

Scott Vermillion #5 del D.C. United y Mark Chung #7 de NewYork/New Jersey MetroStars caen al suelo en busca del balón durante un partido en el Giants Stadium en East Rutherford, New Jersey. (Foto: Ezra Shaw /Allsport)
Scott Vermillion #5 del D.C. United y Mark Chung #7 de NewYork/New Jersey MetroStars caen al suelo en busca del balón durante un partido en el Giants Stadium en East Rutherford, New Jersey. (Foto: Ezra Shaw /Allsport)

Aunque la conducta de Vermillion se volvió más preocupante en la década previa a su muerte, Jones señaló que se había dado cuenta de algunos cambios en él incluso antes de que terminara su carrera: a menudo estaba aletargado, lo cual le parecía extraño en un atleta profesional, y solía quejarse de dolores de cabeza.

“Cuando conocí a Scott, era un atleta profesional extrovertido y animado, superdivertido, un bromista”, recordó Jones, quien se divorció de Vermillion en 2004, tres años después de que acabara su carrera, cuando sus hijos tenían 1 y 3 años. “Lo vi cambiar muy rápido y me daba miedo”.

Durante la siguiente década, Vermillion siguió alejándose de su familia. Según sus familiares, su manera de beber se volvió extrema y su comportamiento, más errático. Se casó por segunda ocasión, pero esa unión duró apenas cerca de un año. En 2018, fue arrestado, bajo el cargo de violencia doméstica agravada, tras un incidente con una novia. Entró y salió de programas de rehabilitación para alcohol y medicamentos recetados, de donde emergía solo para insistirle a su familia que los programas no le ayudaban, que era incapaz de ser ayudado.

Su hija, Ava-Grace Vermillion, se acostumbró a que se perdiera sus recitales de danza. Su hijo, Braeden Vermillion, quien ahora tiene 22 años, quedó devastado cuando su padre no llegó a su graduación de bachillerato.

“Nos prometía muchas cosas, pero en esencia solo daba excusas y no llegaba a nuestras cosas”, comentó Ava-Grace Vermillion, de 20 años.

Stephanie Alessi-LaRosa, neuróloga del deporte en Hartford, Connecticut, advirtió sobre trazar vínculos casuales entre diagnósticos post mortem de ETC y patrones de comportamiento en la vida de una persona. Señaló que la investigación sobre el tema seguía en sus primeras etapas y que los doctores aún estaban intentando comprender por qué algunos atletas tenían ETC y otros no.

“Tengo pacientes que no están convencidos de recibir tratamiento psiquiátrico porque creen que tienen ETC y están condenados”, comentó. “Creo que es importante que los pacientes reciban la ayuda que necesitan y, si su familia está preocupada, llevarlos a un neurólogo del deporte”.

La madre de Vermillion, Phyllis Lamers, contactó al laboratorio de Boston para que examinara el cerebro de su hijo después de fallecer. La ETC tiene cuatro etapas, la etapa final está asociada con la demencia; se descubrió que Scott Vermillion estaba en la segunda etapa de la ETC.

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