Lo despertó la camiseta: Boca se quedó con el Superclásico femenino ante River y es finalista

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Yamila Rodríguez salta en una pierna. Le duele, se nota, pero la euforia es más fuerte. Con sus pelos rubios que se sacuden de acá para allá, la delantera desata desde el banco el festejo que se nota sentido. Porque el rival era el (súper)clásico y ellas venían envalentonadas a base de fútbol y muchos goles, también porque querían la revancha por la final perdida en el Apertura, aunque esta vez el rival sea otro y no San Lorenzo. UAI Urquiza le ganó por penales y el 5 de diciembre se definirá el campeón.

Pero además, hay algo que se desata porque a este Boca le hicieron más fuerza en este Clausura que en otros torneos. Parecía un equipo más terrenal hasta que salió a la cancha en el Ciudad de Caseros. Apenas cinco minutos duró River con su guión, el que propuso todo el torneo y lo instaló como candidatazo: intensidad, presión alta, recuperación rápida y transiciones veloces.

A los seis minutos llegó el paredón entre Huber y Carolina Troncoso -que se lució por esa diagonal del 1-0 pero más aún por el trabajo sucio que hizo para tapar el lateral que suele arrasar Laura Felipe- que terminó en golazo de la volante. Y fue todo de Boca, que pareció multiplicarse en cada sector del campo: superioridad numérica siempre para no dejar jugar a Vicky Costa y Birizamberri, y opacar a las puntas Lezcano y Pereyra.

Aquel equipo terrenal de Las Gladiadoras que perdió con San Lorenzo y que tuvo que trabajar demasiado ante Racing (2 a 1), Gimnasia (1 a 0) e Independiente en cuartos (generó mucho pero ganó por la mínima) pegó un estirón y en eso tuvo mucho que ver el regreso de Lorena Benítez post lesión. No sólo por la calidad que se notó intacta sino porque su presencia liberó a Vallejos pero sobre todo a Huber, fundamentales en su tarea ofensiva sobre todo porque Cruz y Stábile estuvieron retenidas en sus laterales para no permitir algo que River hace muy bien: abrir la cancha y meter pases filtrados a espaldas de la defensa rival.

Yamila Rodríguez salta en una pierna porque tuvo que salir cuando al partido le quedaba un puñado de minutos, pero Boca ya ganaba 3 a 0, Laurina Oliveros le había atajado un penal a Birizamberri -que con 12 sigue siendo la goleadora del torneo- y Boca era dueño de la pelota, de los tiempos, del carácter, y pronto de los festejos.

Yamila renguea porque su esfuerzo fue descomunal. Fue y vino, bajó y subió, pidió todas, y definió bárbaro como en el 2-0: después de un tiro de esquina, se alejó de la jugada y olfateó el rebote hasta que lo encontró. Y fue golazo. Y el tercero, grito fundamental a segundos de irse al descanso, llegó de una recuperación de Yamila, a pura pelota dominada para llegar al fondo y dejar a Andrea Ojeda de cara al gol. Fue un golpe certero.

Foto: Lucila Guede/Boca Fútbol Femenino
Foto: Lucila Guede/Boca Fútbol Femenino

Esa Yamila, la que se olvidó del dolor y salta y se abraza es este Boca. El compromiso, las ganas, la viveza bien entendida, el esfuerzo hasta no dar más, la inteligencia para leer el partido. Ella festeja y festejan Las Gladiadoras, que le hicieron honor a su apodo. Una vez más.

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