El derrape 'tipo Tokio' del Celtic

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Ange Postecoglou no tuvo mucho tiempo. El entrenador australiano no había sido la primera opción del Celtic para ese cargo: el club de Glasgow había empleado varias semanas del verano pasado intentando persuadir al inglés Eddie Howe para que asumiera el mismo. Para el momento en que Postecoglou fue contratado en junio de 2021 —y después de cumplir con la cuarentena obligatoria al llegar a Escocia— le quedaba apenas poco más de un mes antes de su primer partido oficial.

El tiempo no era la única cosa que le faltaba. La situación en el Celtic Park, como admitiría luego Postecoglou, de 57 años, era ligeramente “caótica”. El Celtic, que acababa de perder el título de la liga escocesa a manos del Rangers por primera vez en una década, necesitaba con urgencia una renovación. La plantilla era tan deficiente tanto en calidad como en cantidad que Postecoglou se vio limitado a reclutar jugadores juveniles para poder completar sus primeras sesiones de entrenamiento.

Tampoco había nadie que le dijera cuándo podrían llegar refuerzos. El Celtic había designado a un nuevo director ejecutivo apenas un par de meses antes, pero todavía estaba buscando a alguien para que se desempeñara como director técnico. Postecoglou, quien nunca antes había trabajado en Europa, estaba por su cuenta.

Su respuesta a ese desafío hizo más que simplemente devolver al Celtic a la cima del fútbol escocés. Le arrebató el título al otro lado de Glasgow en la primera oportunidad disponible y transformó de inmediato a Postecoglou —cuya llegada había sido recibida con un escepticismo que bordeaba en la desconfianza— en una figura increíblemente popular.

También hizo más que solo regresar al equipo, por primera vez desde el otoño de 2017, a la fase de grupos de la Liga de Campeones.

Al contrario, la estrategia de Postecoglou estableció lo que equivale a un modelo, que muestra cómo el Celtic puede asegurarse de no tener que soportar nuevamente una ausencia tan prolongada de la élite del continente. Además, podría ayudar a las docenas de clubes atrapados en el mismo embrollo de ser las luces más brillantes en ligas menores, los peces gordos en los estanques pequeños, a prosperar en el ecosistema financiero irremediablemente asimétrico del fútbol europeo.

En su búsqueda por revivir al Celtic, Postecoglou identificó dos “puntos de diferencia” clave. El primero fue su estilo de juego, un enfoque percutor y expansivo que se resume mejor en el eslogan que se convirtió en una especie de mantra del club durante la temporada pasada: “Nunca nos detenemos”. Como bien lo dijo Postecoglou este mes, es fácil que un entrenador afirme que el equipo tiene la intención de jugar un fútbol ofensivo. Postecoglou se enorgullece en hacerlo realidad.

Sin embargo, el segundo punto fue posiblemente más significativo, de inmediato. Aparte de una breve estancia en Grecia, Postecoglou había pasado toda su carrera en Australia y Asia; el Celtic lo contrató tras tres años exitosos en el Yokohama F. Marinos, el club primo del Manchester City en Japón. Allí, pensó Postecoglou, había una ventaja. “Podría aprovechar algunos mercados de transferencia que no son muy conocidos”, afirmó.

El Celtic ya tenía una vieja conexión con Japón: el mediocampista ofensivo Shunsuke Nakamura pasó cuatro años en el club durante la primera década del siglo. Pero sin una estructura establecida en el club, Postecoglou aprovechó su experiencia personal y convirtió a Kyogo Furuhashi, un brillante y prolífico delantero que había saltado a la fama con el Vissel Kobe, en el primer fichaje de alto perfil de su reinado.

Postecoglou sabía que estaba asumiendo un riesgo. Como bien lo afirmó, había muchas dudas sobre si Furuhashi sería capaz de brillar en Escocia. Pocos aficionados sabían que, en palabras de un cazatalentos de otro club escocés, “el nivel estándar de la J. League es más alto que el nivel estándar en Escocia”. Y todavía menos habían tenido la oportunidad de ver jugar a Furuhashi.

“Quizás si no hubiera sido entrenador en ese lado del mundo, habría tenido el mismo escepticismo”, afirmó Postecoglou. Sin embargo, la falta de tiempo significaba que no tenía muchas opciones. Puso a debutar a Furuhashi incluso antes de que pudiera entrenar con sus nuevos compañeros de equipo. “Solo había almorzado con ellos una vez”, afirmó Postecoglou.

Sin embargo, la apuesta fue tan acertada (Furuhashi terminaría su primera temporada en Escocia con 12 goles en 20 partidos de la liga) que, para diciembre, Postecoglou estaba feliz de seguir en el club otra temporada. Esta vez, regresó con tres jugadores: Reo Hatate, Yosuke Ideguchi y Daizen Maeda, un delantero al que ya conocía de su etapa en el Yokohama. Lo más probable es que todos menos Ideguchi sean parte del once inicial contra el Real Madrid el martes.

Pocas agencias europeas tienen presencia en Japón, lo que desconecta al país de las redes que pueden ser vitales en el reclutamiento de jugadores. Esas dificultades desalentaron a los equipos europeos a mirar con atención al mercado japonés. El Celtic lo hizo solo por el conocimiento de primera mano de Postecoglou: “Tenía esa ventaja adicional de conocer el mercado”, afirmó. “Al asumir el cargo, definitivamente iba a utilizar esa experticia”.

Al hacerlo, Postecoglou ha ayudado a convertir al Celtic en un paradigma. Gracias a las conexiones del entrenador, el Celtic ha podido reorganizar su plantilla por una fracción del dinero que le habría costado adquirir jugadores equivalentes de Europa. Eso le permitió al club superar al menos parte de la desventaja financiera que experimenta solo por llamar hogar a un país relativamente pequeño (el cual, por extensión, tiene un reducido mercado televisivo).

Es una estrategia que el club ha comenzado a desarrollar. El Celtic ha designado a Mark Lawwell, otro exmiembro del Yokohama —y de la red City Football Group que dirige el club— para supervisar su división de reclutamiento. Incluso antes de su designación oficial, Postecoglou estaba trayendo jugadores no solo de las ligas inferiores de Inglaterra, el terreno tradicional de caza de los clubes escoceses, sino también de Rusia, Argentina, Polonia e Israel.

La estrategia también hace que el Celtic que Postecoglou ha construido sea un ejemplo a seguir para otros clubes en situaciones similares (campeones dejados a la deriva por la acumulación de poder y riqueza de las principales ligas de Europa). Esos equipos no siempre tienen el tiempo o los recursos que los verdaderos gigantes del continente poseen normalmente. Sin embargo, al hacer uso del conocimiento y encontrar algo donde casi nadie más ha buscado, esos equipos pueden nivelar las condiciones, aunque sea solo un poco.

© 2022 The New York Times Company