Una estrella sin oportunidades en la WNBA por ser una liga diminuta bajo la sombra de la NBA

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La guardia de NC State Wolfpack Raina Pérez durante un juego del Campeonato de Baloncesto de la NCAA de la División I de Mujeres entre NC State Wolfpack y Notre Dame Fighting Irish el 26 de marzo de 2022. (Foto: M. Anthony Nesmith/Icon Sportswire vía Getty Images)
La guardia de NC State Wolfpack Raina Pérez durante un juego del Campeonato de Baloncesto de la NCAA de la División I de Mujeres entre NC State Wolfpack y Notre Dame Fighting Irish el 26 de marzo de 2022. (Foto: M. Anthony Nesmith/Icon Sportswire vía Getty Images)

Raina Pérez está acostumbrada a superar obstáculos. No es solo que su deporte, el baloncesto femenil, parezca estar siempre bajo la sombra del juego varonil. No es solo su altura, 1,62 metros: diminuta, incluso para una base. No es solo que es mexicoestadounidense y hay pocas estrellas mexicoestadounidenses en el mundo de las canastas.

Pérez me comentó: “Cuando me miras, una baloncestista no es lo primero en que piensas. No llamo la atención por eso”.

Son todas esas cosas y otra: el mayor obstáculo de todos. Después de brillar en la universidad y casi guiar a la Universidad Estatal de Carolina del Norte a la final a cuatro de este año, Pérez espera llegar a la WNBA. Y eso está lejos de ser fácil.

Aunque la popularidad de la liga ha crecido —la temporada pasada, atrajo la mayor cantidad de televidentes desde 2008—, llegar a la plantilla de tiempo completo en un equipo de la WNBA sigue siendo una de las tareas más desafiantes en los deportes estadounidenses, en especial para jugadoras jóvenes que necesitan foguearse. Cada uno de los doce equipos de la liga puede tener tan solo doce jugadoras y la mayoría de los equipos juega con once por las restricciones del tope salarial.

En palabras de la otrora jugadora más valiosa de la liga, Breanna Stewart del Seattle Storm: "Hay demasiados equipos como el nuestro: sin novatas".

Esto quiere decir que las posibilidades son pocas para jugadoras que intentan empezar una carrera significativa en la mejor liga del mundo. Son todavía menos para los talentos que no han sido reclutados como Pérez.

He soñado con jugar en la liga desde que era una niñita”, comentó Pérez, de 23 años, quien creció apoyando al equipo de su ciudad natal, el Phoenix Mercury. “Me enteré este año de cuán difícil es. Sin importar lo buena que seas, debes encontrar una situación que sea perfecta”.

Pérez fue parte de un núcleo poderoso que convirtió al equipo universitario de la Estatal de Carolina del Norte en uno de los cinco primeros de la Division I la temporada pasada y un contendiente al título nacional. Una de sus compañeras, Elissa Cunane, fue elegida en el décimo séptimo lugar del draft por el Storm. El Minnesota Lynx utilizó la vigésimo segunda selección para llevarse a otra compañera, Kayla Jones.

Los jugadores de North Carolina State Wolfpack Jakia Brown-Turner #11, Raina Perez #2, Kai Crutchfield #3 y Elissa Cunane #33 celebran un punto contra Notre Dame Fighting Irish durante el Torneo de Baloncesto Femenino NCAA 2022. (Foto: Khoi Ton/NCAA Photos vía Getty Images)
Los jugadores de North Carolina State Wolfpack Jakia Brown-Turner #11, Raina Perez #2, Kai Crutchfield #3 y Elissa Cunane #33 celebran un punto contra Notre Dame Fighting Irish durante el Torneo de Baloncesto Femenino NCAA 2022. (Foto: Khoi Ton/NCAA Photos vía Getty Images)

Pérez no fue elegida en las tres rondas de selección, pero la entrenadora del Storm, Noelle Quinn, quiso contratarla como agente libre. Quinn ha seguido el viaje inusual de Pérez durante años.

Pérez, conocida por ser una ganadora de partidos de último minuto con una facilidad de adivina para leer las acciones antes de que se desarrollen por completo, terminó el bachillerado como una de las mejores jugadoras de Arizona. No obstante, había dudas sobre su capacidad para tener éxito en la División I.

Pérez fue a la Universidad del Norte de Arizona y de inmediato floreció. Luego, se cambió a la Universidad Estatal de California, campus Fullerton, y floreció de nuevo. Por último, en busca de demostrar su capacidad contra la mejor competencia universitaria, Pérez se cambió a la Estatal de Carolina del Norte, donde se volvió una estrella.

Pérez terminó la universidad con una buena racha. Con un tiro en suspensión ganó el partido que selló el campeonato del torneo ACC de la Estatal de Carolina del Norte. Luego guió a su equipo al torneo Elite Eight, la ronda final de la NCAA, con un robo de último minuto y un tiro en bandeja para vencer a Notre Dame en la ronda semifinal, conocida como Sweet 16.

El 14 de abril, cuando firmó un contrato para un campamento de entrenamiento con el Storm, se sentía animada gracias a la confianza que le dieron esas actuaciones.

El 23 de abril, jugó un partido de pretemporada contra el equipo de Los Angeles Sparks, donde anotó 9 puntos y registró tres rebotes, dos robos y una asistencia.

Quinn quedó impresionada. Al igual que Stewart. Esta última me comentó: “Raina es alguien que simplemente lo entiende, simplemente entiende cómo jugar. Es una baloncestista a tope”.

El 2 de mayo, poco antes de que empezara la temporada regular, Pérez quedó fuera del equipo. Más o menos al mismo tiempo, Cunane y Jones también quedaron fuera.

La montaña rusa siguió su trayecto.

Pérez regresó a Phoenix, con la mirada puesta en el entrenamiento para las ligas profesionales femeniles de Europa, las cuales empiezan sus temporadas en el otoño.

Entonces, sonó su teléfono celular. Un representante del Storm le preguntó: “¿Qué tan rápido te puedes volver a integrar con nosotros?”. Epiphanny Prince de Seattle había dado positivo por el coronavirus. El Storm necesitaba un rápido remplazo.

Raina Perez #2 del NC State Wolfpack calienta antes del juego contra los UConn Huskies durante el juego NCAA Elite Eight el 28 de marzo de 2022 en Bridgeport, Connecticut. (Foto: Elsa/Getty Images)
Raina Perez #2 del NC State Wolfpack calienta antes del juego contra los UConn Huskies durante el juego NCAA Elite Eight el 28 de marzo de 2022 en Bridgeport, Connecticut. (Foto: Elsa/Getty Images)

Así fue como Pérez logró estar en una plantilla para un partido de temporada regular: 2 minutos en contra del Mercury, el tiempo suficiente para servir un par de asistencias. Se uniformó para otro partido. Y luego, una vez más, la dejaron fuera.

No debió ser así, opinó Stewart. “El baloncesto femenil debe encontrar una manera de tender un puente para superar la brecha entre la universidad y el nivel profesional”.

Justo lo que yo estaba pensando, en especial si consideramos que la WNBA todavía está trabajando para ganar impulso entre los aficionados estadounidenses quienes siguen enamorados casi por completo de los deportes varoniles.

Stewart es parte de un coro de estrellas veteranas que están hablando abiertamente sobre la necesidad de mantener más jugadoras como Pérez, quienes tienen una cantidad considerable de seguidores en la universidad y luego parecieran desaparecer después de la graduación. Stewart comentó: “Se les debe mantener en el entorno para que sigan aprendiendo y luego tengan papeles más importantes” y citó posibles soluciones: un tope salarial más flexible; una liga de desarrollo que tome el modelo de la G League de la NBA; escuadras de práctica que les permitan a las jugadoras marginales seguir con los equipos para entrenar.

Por ahora, Pérez porta los colores de la Fuerza Regia de Monterrey, México, en una liga recién acuñada. El domingo, en la victoria de 100-79 de Fuerza Regia contra las Abejas de León frente a 1800 aficionados locales, Pérez anotó 9 puntos y logró ocho asistencias.

No es para nada el escenario más importante —y la temporada no durará más allá de mediados de julio—, pero es profesional. El equipo le da un apartamento. El público es pequeño, pero ruidoso y le encanta vitorear a una estadounidense con raíces mexicanas.

Pérez sabe que el futuro es incierto. Aún planea jugar en Europa en algún momento. Pero más jugadoras están buscando menos trabajos en el extranjero. Debido a la guerra en Ucrania, las estadounidenses ya no están jugando en Rusia. El entusiasmo por jugar en China se ha atenuado a causa de sus políticas. Y, a pesar de todo, al igual que muchas otras en su lugar, Pérez promete no bajar los brazos.

“Mi vida es el baloncesto”, comentó, con la voz firme mientras se preparaba para otro entrenamiento con su nuevo equipo en un nuevo país. “Me quedaré en esto el mayor tiempo posible”.

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