Día internacional del hincha de River: Labruna, el “Ángel guardián” que le da sentido a la fecha

Ángel Labruna, uno de los máximos ídolos de River, llevado en andas
Ángel Labruna, uno de los máximos ídolos de River, llevado en andas

Todos los clubes tienen su fecha de fundación y, por ende, su día de celebración en cada nuevo aniversario. Desde hace más de 20 años, sin embargo, a partir de la preponderancia cada vez más fuerte de los hinchas en el gran escenario de este juego, muchos clubes también le agregaron al calendario un motivo más de festejo: “El día internacional del hincha”. En el caso de River, a partir de 2003, la Comisión Directiva, aprobó como fecha conmemorativa el 28 de septiembre, día de nacimiento de Ángel Amadeo Labruna (28/9/1918), máximo emblema de la institución.

Argumentos para sostener tal afirmación los hay de sobra. Angelito se incorporó a River a los 10 años, gracias a él se formó la Sexta División del club, jugó 21 años seguidos en la Primera de River, es el máximo goleador en la historia del club y también del superclásico (records aún vigentes), siempre vivió a 4 cuadras del estadio (de Alvear y Tagle cuando nació y en Lidoro Quinteros y Victorino de la Plaza, cuando pudo elegir) y como entrenador rescató a River de la eterna noche de los 18 años sin títulos, en 1975. Era hincha fanático y lo demostraba tapándose la nariz cada vez que entraba a la Bombonera. Una estatua gigante en la puerta del club lo reconoce como máximo emblema, lo mismo que el nombre del puente que cruza la avenida Lugones detrás del mismo y, sobre todo, el nombre del vestuario local del Monumental, el lugar más sagrado del estadio, tiene un cartel inconfundible en la puerta: “Vestuario Ángel Amadeo Labruna”.

Jugando con su hijo mayor, Daniel (falleció en 1969, a los 20 años, por leucemia) frente a su casa, en Lidoro Quinteros.
Jugando con su hijo mayor, Daniel (falleció en 1969, a los 20 años, por leucemia) frente a su casa, en Lidoro Quinteros.

Por estos días, está en las librerías de todo el país la “Trilogía Labruna”, tres libros que diseccionan al detalle la vida de esta auténtica leyenda del fútbol argentino, como jugador (1), técnico (2) y personaje (3). Escritos por el periodista Diego Borinsky (autor de las biografías de Marcelo Gallardo, Matías Almeyda y Andrés D’Alessandro), presentamos aquí algunos pasajes de los tres libros, que incluyen el testimonio de 140 protagonistas que conocieron y trataron a Angelito.

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Cuenta Carlos Fontanarrosa en El Gráfico del 28 de septiembre de 1956, en ocasión del cumpleaños 38 de Angelito: “Labruna entró en el básquet de River. Era un delantero hábil, goloso del gol; le gustaban los alrededores del tablero y allí se destacó. Jugó en Infantiles y en Cadetes; seguía jugando al fútbol en el Barrio Parque Fútbol Club los sábados por la tarde. Una vez se torció el tobillo, y mientras miraba un partido de básquet de Primera entre River y Boca lo llamó Antonio Liberti, entonces vicepresidente del club y presidente de la comisión de fútbol, al verlo caminar dolorosamente. Su padre, Don Ángel, estaba al lado.

Carnet de Ángel Labruna como jugador de la quinta división de River
Carnet de Ángel Labruna como jugador de la quinta división de River

-¿Qué te pasó?

-Me lastimé jugando en la Sexta de Barrio Parque.

-¿Y por qué no jugás aquí?

-No hay dónde hacerlo. No hay Sexta.

Y Don Antonio Liberti hizo crear las Sextas divisiones en River Plate. Todo el equipito de pibes de Barrio Parque pasó íntegro al club de Avenida Alvear y Tagle”.

Pasado en limpio: por una lesión de Angelito y el encuentro casual con Liberti se creó la Sexta División de River y la competencia de esas categorías con otros clubes. El hombre fue un auténtico pionero.

Dirigir a Menotti

Después de quedar libre de River en diciembre de 1959, jugar en Rangers de Talca (Chile) y en Rampla Juniors (Uruguay) en 1960 y dirigir y jugar dos partidos en Platense en Primera B, en 1961 (fue un innovador al cumplir la doble función), Angelito volvió a River en 1962 como “espía de rivales” de su amigo Pipo Rossi, entonces entrenador. En 1963, tras la renuncia de José María Minella (Pipo se había marchado a Racing a inicios de ese año), Labruna tomó el equipo interinamente por 9 partidos y fue subcampeón de Independiente.

El campeonato de 1963 finalizó el 24 de noviembre, pero a River le quedaban por disputar tres amistosos antes de bajarle el telón al año. Y en los tres el que se sentó en el banco fue Labruna. El plato fuerte se dio el 27 de noviembre: del otro lado lo esperaba la poderosa Juventus en el Estadio Olímpico de Turín en un amistoso para recaudar fondos por los damnificados de la inundación del Valle del Piave. Para ese partido contó con dos refuerzos provenientes de Rosario Central: César Luis Menotti y Enrique “Nene” Fernández. Para la Juve jugó Enrique Omar Sívori, crack del semillero riverplatense y ex compañero de Angelito. Menotti abrió la cuenta para River de tiro libre a los 12 minutos y la Juve lo dio vuelta en el segundo tiempo con goles de Del Sol y Nené.

Charlando con los jugadores. Están Ramón Díaz, Passarella, Jota Jota López y Mostaza Merlo
Charlando con los jugadores. Están Ramón Díaz, Passarella, Jota Jota López y Mostaza Merlo

“River tenía lesionados a un par de jugadores, así que se comunicaron con la gente de Central para ver si podíamos ir el Nene Fernández y yo, y a mí también me llamó Labruna a Rosario para preguntare si tenía ganas de ir. Nunca había charlado con Ángel, sí lo había visto jugar en la cancha de Central en los equipazos que tenía River en la década del 50, eran una maravilla”, recuerda Menotti hoy, pisando los 83 años. “Hicimos un par de prácticas en la cancha de River, yo tenía buena relación con los muchachos -continúa Menotti-. En esas prácticas, Ángel me llamó para patear penales, y era una cosa impresionante cómo el tipo le pegaba con las dos piernas, como si tuviera 20 años, con borde externo, para adentro, le pegaba como los dioses. No me acuerdo si usaba botines o zapatillas, pero sí que todas las pelotas iban a 10 centímetros del palo. Amadeo no llegaba ni a moverse y nosotros lo cargábamos”.

¿Cómo era Labruna? ¿Qué retrato puede hacernos? “Ángel era una persona cálida, sencilla en el trato -grafica Menotti-. Era atorrante, tenía calle, barrio, se crio con La Máquina de River, con todos esos monstruos, y esas son experiencias fuertes. Después, cuando yo fui entrenador de la selección y él dirigía a River mantuvimos una relación cordial, incluso lo invité a comer a la concentración de José C. Paz. Ángel tenía una picardía bárbara. Nunca lo vi entrenar, salvo para aquel partido con la Juventus, pero era inteligente, sabía elegir jugadores. Tenía muy buen ojo, elegía a los que jugaban bien. Y a donde fue, sus equipos jugaron bien. Armó equipos, les dio coraje. Ángel tenía muy buena relación con los futbolistas. Y cuando vino la época de inventar cualquier cosa y subirse la montaña, Ángel priorizó siempre los buenos jugadores. Si era de gran técnica y jugaba bien al fútbol, por lo general a Labruna no se le escapaba. Siempre apostaba a su juego. Y por supuesto viví con toda la alegría del mundo el título que le dio a Central en el 71, el primero de la historia, porque yo nací ahí y soy hincha de Central”.

El Charro Moreno, Alfredo Di Stéfano y Ángel Labruna, en un entrenamiento
El Charro Moreno, Alfredo Di Stéfano y Ángel Labruna, en un entrenamiento

Ganador

Daniel Onega (River Plate, dirigido por Labruna en 1968-70): “Por sobre todas las cosas, Ángel era un ganador. Nunca lo vi triste ni asustado antes de un partido. Ante cualquier adversario y dirigiendo al equipo que fuera, porque también lo enfrenté como rival, siempre fue un ganador y te hacía sentir a vos un ganador. O sea: vos eras el mejor del mundo. Me tocaron otros entrenadores que pensaban mucho más en los rivales que en el equipo propio, en el jugador que te iba a marcar antes que en vos mismo, buscaban más las virtudes de los adversarios que las tuyas. Ángel respetaba al rival pero nunca lo agrandaba, siempre vos eras el mejor. Tuve al Toto Lorenzo en River, y recuerdo que la noche previa al partido con Racing vino a la habitación que compartíamos con Amadeo y Roberto Zywica y nos empezó a hablar de Perfumo, de lo extraordinario que era. ‘Mirá que te va a cagar a patadas’, me decía, y la verdad que eso no está bueno. ‘Mañana le das un baile bárbaro a Perfumo, atácalo por la izquierda que no tiene zurda’, me recomendaba Ángel, en cambio. Íbamos a la cancha de Boca y no te decía ‘cuidado con la gente’, sino todo lo contrario, te motivaba con eso. Jamás en los tres años que lo tuve como entrenador le vi un gesto de temor, nunca salimos pensando en defendernos. Ángel era un sabio, no conocía el miedo, para él no podíamos perder nunca. Le sobraba calle, vestuario y cancha. Con esa estampa de ganador se adueñó del respeto de todos. Un fenómeno. Yo soy un agradecido a este club, a los grandes entrenadores que tuve; Ángel Labruna y Renato Cesarini fueron los mejores de todos”.

Entrando con el Cabezón Sívori a la Bombonera, a la mañana. River saldría campeón ese día, 1955
Entrando con el Cabezón Sívori a la Bombonera, a la mañana. River saldría campeón ese día, 1955

Los burros

Héctor Jairala (preparador físico de Labruna en Racing 1973 y River 1975-76): “Donde había hipódromo y podíamos ir, íbamos, yo lo acompañaba. Su mundo fue el fútbol y los burros. Era amigo de Eduardo Jara, el jockey chileno, uno de los mejores de la época. Tengo una anécdota genial al respecto. Un día lloviznaba y estaba húmedo. Llegamos al entrenamiento en el Monumental a las 3 de la tarde, íbamos a trabajar en el gimnasio por la lluvia. Ángel vino abrigado, con las solapas del saco levantadas. ‘Hoy no voy a poder cambiarme, profe, trabaje solo usted, estoy medio engripado’, me dijo (lo imita, se ríe). Le contesté que no se preocupara y nos fuimos a trabajar al gimnasio. Cuando volvimos al vestuario, Roberto (Perfumo) me llama y me dice: ‘Profe, venga’, y me hace ponerme en puntas de pie para mirar por una ventanita. ‘Mire lo que hace Ángel’, me comenta. Se había cambiado y estaba entrenando con Jara. Nos matamos de risa, después le preguntamos qué estaba haciendo. ‘Eduardo tiene que correr una carrera y me interesa el resultado, así que lo estoy ayudando a entrenarse’, nos respondió. Y seguro que mientras trotaban estaban hablando de los caballos que iban a competir. Talamonti le llevaba los datos de las carreras a la cancha, lo tenía al tanto de los resultados. Si Ángel no podía ir a jugar, lo mandaba a Tala a jugar por tal o cual caballo. Ángel era el fútbol y los caballos. Un par de veces lo acompañé al hipódromo de Palermo los sábados a la tarde. Sabía todo, llegaba, miraba dos carreras y se iba”.

Ángel Labruna sobre un caballo, una de sus pasiones
Ángel Labruna sobre un caballo, una de sus pasiones

Timba

Andrés Fassi (presidente de Talleres de Córdoba): “Cuando me estaba iniciado como preparador físico, era un inquieto total y me acercaba a los hoteles donde paraban los equipos que venían de Buenos Aires. Así charlé mucho con Luis Bonini, que trabajaba con Griguol en Ferro, un fenómeno. Me acercaba a las concentraciones los sábados, me quedaba por la recepción dando vueltas, y cuando se iban todos a dormir, por ahí el director técnico o el profe de turno me daban bola 20 minutos. Una noche vino River, había parado en el hotel Nogaró, pleno centro de Córdoba. El profe era Rodolfo Valgoni. Pasadas las 11 de la noche, los jugadores ya tenían que estar en sus cuartos, yo estaba charlando en la confitería con Valgoni, pero lo notaba incómodo. ‘Vení, acompañame, que percibo algo raro’, me dijo. No sé por qué me pidió que lo acompañara, pero fui, y empezó la recorrida por las habitaciones del tercer piso. Golpeaba las puertas, veía que estuvieran ahí los jugadores descansando y pasaba a la siguiente. En una no le respondían, entonces le pidió al conserje que subiera a abrirle. Y cuando lo hizo, había cinco jugadores jugando al póquer. El profe se enojó y los retó. Yo miraba todo desde el pasillo, la puerta había quedado abierta. Los jugadores estaban serios, pero de golpe uno se empezó a reír, se abrió el ropero y salió Angelito, ja, ja. ‘Profe, quédese tranquilo, yo los autoricé’, le dijo. Eso te marca la relación que tenía Labruna con sus jugadores”.

Ángel Labruna tomando mate con Félix Loustau y Walter Gómez.
Ángel Labruna tomando mate con Félix Loustau y Walter Gómez.

Charla técnica

Miguel Ángel Lemme (Argentinos 1983): “Un día, contra Independiente, Ángel dio la charla y me dijo: ‘Usted, Turco, usted pase y péguele de media distancia, vaya y venga, los tiros libres de derecha le pega usted’. Me acuerdo que salí inflado, cabeceaba los focos del hotel del agrande que tenía. Cuando estábamos por salir al campo de juego, Ángel se ponía en la boca del túnel, te pegaba en el pecho tres palmadas y decía ‘vamos, muchachos, ahora a mover la conchita, eh. Turquito, todo lo que le dije, a mover la conchita… ah, y no se olvide de Bochini’, ja, ja, un genio. En la charla no me había dicho nada de Bochini, para no darle tanta importancia, pero antes de entrar a jugar me lo remarcó”.

Bandera en la Bombonera en el primer superclásico después de su muerte.
Bandera en la Bombonera en el primer superclásico después de su muerte.

Nariz tapada

“Para el hincha, ganarle a Boca no tenía precio, a los jugadores los preparaba y le quería sacar presión. Lo de la nariz tapada era justamente para eso, para sacarles presión, para que lo putearan a él y se olvidaran de los jugadores. Al Viejo lo re puteaban en la cancha, pero en la calle lo felicitaban y lo abrazaban, aún los hinchas de Boca”, define, con admiración de hincha -y de hijo-, Omar Labruna. “Lo que más recuerdo era su entrada a la cancha de Boca -sigue el Beto Alonso-, la tranquilidad con que ingresaba, con las manos en los bolsillos, nunca lo vi nervioso. Siempre nos comentaba: ‘Estos me hicieron ganar mucha plata’ y cuando se acercaba a los palcos se tapaba la nariz, pero lo hacía bien alevoso”. Reafirman esa idea otros futbolistas de aquel River de los 70, como Emilio Nicolás Commisso: “Ángel era especial, tenía esa capacidad para cargar a los de Boca, para que lo putearan pero que en el fondo lo respetaran, le tenían como cierta simpatía a pesar de todo, lo aceptaban como un emblema del rival de siempre. Por supuesto que lo vi muchas veces entrando así, con la nariz tapada, para nosotros era motivador, Te hacía sentir con más deseos, yo personalmente tenía una admiración por Ángel”.

Ángel Labruna como futbolista de River
Ángel Labruna como futbolista de River

La persona

Héctor Osvaldo López (River 1975-81): “En los encuentros que tenemos con los muchachos de aquel equipo de River, siempre salen anécdotas sobre Ángel y destacamos lo ganador que era, un ganador por naturaleza. Lo era en la forma de actuar y en la manera de hablarte. Como técnico te daba consejos para que seas mejor. Como persona siempre fue un tipo muy derecho, muy sano. Era comprensivo, si necesitaba hablar con vos, te llevaba a la habitación, te charlaba, no era un tipo ciego que lo que él decía era lo único que servía, te daba la oportunidad de hablar. Y si tenía que retarte un poquito porque no venías jugando bien, lo hacía, pero siempre correctamente y tratando de que superaras ese mal momento. Se notaba esa intención que tenía”.

Ángel Labruna en la playa, disfrutando de unas vacaciones
Ángel Labruna en la playa, disfrutando de unas vacaciones

Metropolitano 75

Carlos Manuel Morete, otro al que había hecho debutar Labruna en su ciclo anterior, sabía que Angelito sí lo tenía en sus planes. “Lo primero que me preguntó Ángel fue si quería ser el capitán -recuerda con emoción el Puma-. Le contesté que no tenía problema. Creo que lo hizo para darme fe. Del 70 al 75 River trajo muchos centrodelanteros, pero nunca dejé de tener fe en mí y metí un montón de goles. Ángel te daba confianza. A mí me decía: ‘Agarrá la pelota y pegale al arco, buscalas todas. Lo que no te podés permitir es que cruce una pelota por adentro del área chica y no llegues, porque si pasa eso, te saco. Toda pelota en el área chica tiene que ser tuya’. Y la verdad que metí un montón de goles en el área chica. ‘Que le errés o que te la ataje el arquero, puede ser, pero lo otro no. Nosotros tenemos que crear 10 opciones de gol y vos tenés que estar siempre en el área para empujarla’. Me tenía una fe enorme, yo venía de buenos años, de meter muchos goles en el 74″.

Ángel Labruna en andas por el festejo de un título de River
Ángel Labruna en andas por el festejo de un título de River

Además de los consejos de goleador a goleador, el Puma no olvida el mensaje optimista que bajó Ángelito desde el primer día. “Llegó y nos dijo: ‘Miren que yo tengo culo y vamos a ser campeones, eh, tenemos que tenernos fe’. Otra frase que nos dijo de entrada y repitió durante todo el campeonato era: ‘Todos para uno y uno para todos’. Esa la usaba muchísimo Ángelito, y jodíamos con los muchachos”.

(…) Ubaldo Matildo Fillol tenía 24 años cuando se reencontró con Labruna en River. Era joven, pero ya acumulaba cinco temporadas atajando en Primera. “Cuando a comienzos de año se confirmó que Angelito sería el técnico, y dijo que yo sería su arquero, me impactó. En la pretemporada en Necochea, me dijo de entrada: ‘Pibe, mire que va a atajar usted’. En esos días nos puso enseguida la vacuna de la mística. Sobraba confianza, sabíamos que teníamos un muy buen equipo, y por suerte Angelito lo encontró rápido. Su mensaje era fácil, simple, usaba un vocabulario de vestuario que el jugador lo interpretaba sin problemas. Ángel descomprimió todo, nosotros lo sentíamos, se puso el equipo al hombro, la responsabilidad al hombro, él nos super convenció de que el sistema que usaba iba a dar resultados y obviamente sacó presiones, porque estar 18 años sin ser campeones es durísimo. El no vino a imponer nada, ni a presionarnos, eran charlas distendidas. Nos sedujo con su convencimiento”.

Periodistas

Nelson Castro: “Tengo una anécdota divertida con Labruna de cuando era el primer vestuarista en las transmisiones de fútbol de Gañete Blasco y de Gigio Arangio. Fue en 1981, cuando a River lo eliminaron en la fase de grupos de la Copa Libertadores, una noche en que perdió contra Deportivo Cali en el Monumental. En los días siguientes había expectativa por la posible salida de Labruna del club. El domingo posterior a esa eliminación, River jugaba contra Sarmiento en el Monumental por el Metropolitano y antes del partido le hice una entrevista al presidente Aragón Cabrera en vivo. Le pregunté por la leyenda de que a Labruna le armaban el equipo. No lo afirmé, eh, se lo pregunté. Y Aragón me contestó: ‘Le agradezco la pregunta y quiero decir que eso no es así’. Y después siguió con una explicación que no recuerdo y también contestó otras preguntas. A los 10 minutos, salió Labruna del vestuario hecho una furia, a los gritos, todo esto en la antesala del partido con Sarmiento, y preguntó quién había entrevistado a Aragón. Levanté la mano. ¡Para qué! Me dijo de todo, me empezó a insultar a los gritos… Un rato después, entré al campo para cubrir el partido. Los vestuaristas, en ese momento, nos ubicábamos a un costado de los bancos de suplentes, en la pista de atletismo. Y cuando estaba yendo para mi posición lo vi venir a Labruna directo hacia mí, ya con los equipos en la cancha. El técnico de la radio, que estaba a mi lado, me dijo: ‘Si te quiere pegar, yo te defiendo’. Pero no, se acercó, me dio un abrazo y me dijo: ‘Pibe, disculpame, me contó Aragón cómo fue el episodio, yo entendí mal y además con este momento malo que estoy pasando, reaccioné mal, así que te pido disculpas y luego lo haré al aire’. Y fue tal cual: terminó el partido y efectivamente me dio una entrevista dentro del vestuario y lo primero que hizo fue pedirme disculpas. Fue maravilloso. A mí, realmente me conmovió el gesto, porque además cuando me abrazó en el campo me lo dijo con la voz entrecortada. El entredicho tuvo bastante repercusión en ese momento. A partir de ahí se generó una linda relación, a pesar de que no estuvo mucho más tiempo en River, pero siempre me atendió con deferencia. Me saludaba con un ‘Hola, Nelson’, ya por el nombre. Le tomé un gran afecto. Creo que en las dos actitudes se sintetiza cómo era Labruna como persona: un calentón y gruñón, que se enojaba, pero al que después se le pasaba y no era rencoroso. Cuando uno iba a entrevistar a Labruna ya sabía que era de pocas pulgas y además era un personaje al que, si acometías, ibas a tener buen material”.

El velatorio de Labruna se hizo en el Monumental. Murió el 19/9/83.
El velatorio de Labruna se hizo en el Monumental. Murió el 19/9/83.

La obra

La Trilogía Labruna consta de tres libros: 1) El Jugador (320 páginas, 3.500 pesos); 2) El Técnico (298 páginas, 3.500 pesos) y 3) El Personaje (208 páginas, 3.100 pesos). La trilogía completa cuesta 9.500 pesos. Editado por Galerna, se puede conseguir en todas las librerías del país y también a través de la web de la editorial (galernaweb.com) con envío gratis a todo el país.

La trilogía de libros sobre Ángel Labruna, una obra de Diego Borinsky
La trilogía de libros sobre Ángel Labruna, una obra de Diego Borinsky