El cuarto Boca-River de 2021: cuando una derrota puede ser más devastadora que la alegría por un triunfo

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Rojo y Alvarez, en acción, en el Boca-River de marzo de 2021
MARCELO ENDELLI

El fútbol suele ser cruel. A diferencia del espíritu que se pasea por los Juegos Olímpicos, en donde la emoción sobrevuela un tercer puesto, la hipótesis de una medalla, el valor de un diploma. El rugby, el hockey y el voleibol nos emocionan, más allá del oro. El seleccionado nacional tardó 28 años en conseguir un título, una estaca que liberó, al fin, a Leo Messi. El fútbol –tal vez, por nuestra idiosincrasia, por la prepotencia de la historia- no suele aceptar derrotas dignas, segundos puestos, eliminaciones inesperadas. Algo de eso ocurre, de modo habitual, con las secuelas de un superclásico. Duelen más los tropiezos de lo que reconfortan los triunfos.

River-Boca: la sorpresa de Gallardo y la carta que Russo guarda hasta el final en un tablero de ajedrez

Boca y River se citan este miércoles por los octavos de final de la Copa Argentina, desde las 19, en el estadio Ciudad de la Plata, con arbitraje de Patricio Loustau y transmisión de TyC Sports. El ganador (en caso de empate habrá definición por penales) se enfrentará en los cuartos de final con Patronato.

Será el cuarto choque, en una temporada atípica. Tres empates, aunque el último inclinó su balanza la lotería de los penales para el campo xeneize. Curiosamente, por la misma vía, Boca quedó eliminado del torneo pasado con Racing, y con Atlético Mineiro de la Copa Libertadores, más allá de la trampa de la tecnología. Boca está lejos de la cúspide en el Torneo 2021, solo le queda la recompensa de superar a River y mantenerse vigente en la Copa Argentina, que está en la tercera escala en el grado de importancia de nuestro medio.

El último súper, que ganó Boca por penales

Una caída podría ser el principio del final para Miguel Russo, casi sin objetivos a corto plazo, con repetidas crisis internas, con jugadores mirados de reojo, como Cardona, y otros que desean escapar, como Villa. Y con la sombra del Consejo de Fútbol pisando los talones de todos.

Luis Scola, el mejor de dos generaciones del básquetbol argentino

Pareciera, a simple vista, que un traspié con Boca no afectaría el espíritu de Marcelo Gallardo y su tropa. Es un error conceptual: River, con mejor juego y, en teoría, en intérpretes, no le pudo ganar a Boca en todo el año, no fue superior en ninguno de los choques, extravió casi en la meta los dos anteriores títulos domésticos –que le arrebató el equipo xeneize- y quedaría aturdido de cara a lo que más le importa, la serie de los cuartos de final de la Copa Libertadores, frente al verdugo del plantel de la Ribera.

Gallardo suele disfrutar los encuentros contra Boca
Mauro Alfieri


Gallardo suele disfrutar los encuentros contra Boca (Mauro Alfieri/)

¿Y una victoria? Sería una nueva caricia para los fanáticos, emborrachados en los años recientes en los cruces directos. No mucho más: para River, hoy, ahora mismo, la Copa Argentina representa casi un estorbo para sus aspiraciones coperas y, en segundo orden, en conseguir de una buena vez el esquivo campeonato.

Será el séptimo mano a mano definitorio de la era Gallardo, con seis triunfos millonarios y una victoria xeneize, en mayo, por penales y en la Bombonera, por los cuartos de final de la Liga Profesional, luego de un empate 1-1.

El primero fue en 2014, en las semifinales de la Copa Sudamericana: sin goles en la Bombonera y triunfo de River en el Monumental con un gol de Leonardo Pisculichi, tras el penal atajado por Marcelo Barovero a Emanuel Gigliotti. En 2015 se enfrentaron en los octavos de final de la Copa Libertadores con un triunfo en la ida en el Monumental por 1-0 (Carlos Sánchez, de penal), y la suspensión en La Boca tras los incidentes del gas pimienta.

Miguel Angel Russo tiene una oportunidad de oro para relanzar a Boca
Bruna Prado


Miguel Angel Russo tiene una oportunidad de oro para relanzar a Boca (Bruna Prado/)

Jugaron una final en marzo de 2018, en la Supercopa que enfrentó a los ganadores de la Copa Argentina y el campeonato; River ganó 2-0, con tantos de Gonzalo Martínez e Ignacio Scocco. En la Libertadores de 2018 empataron 2-2 en la Bombonera; el desquite fue en Madrid, el histórico 3-1 con goles de Pratto, Quintero y Pity Martínez. En 2019, en las semifinales de la Libertadores, River se impuso por 2-0 en Núñez (Ignacio Fernández y Rafael Santos Borré) y Boca venció en el desquite por 1-0 (Hurtado), pero no le alcanzó.

Sin embargo, no juegan ni la historia ni el presente en un superclásico. River lo espía desde arriba, pero jugar sin el mejor exponente de nuestro medio es una ventaja esencial. Matías Suárez fue reservado para lo que vendrá, mientras el Muñeco analiza variantes, desde Julián Alvarez a Paradela, pasando por algún impacto de último momento.

Cristian Pavón y Fabricio Angileri: uno de los duelos más atractivos de la noche (Photo by Marcelo Endelli/Getty Images)
Marcelo Endelli


Cristian Pavón y Fabricio Angileri: uno de los duelos más atractivos de la noche (Photo by Marcelo Endelli/Getty Images) (Marcelo Endelli/)

Mientras, Braian Romero hizo olvidar rápido a Borré: su explosión goleadora y adaptación al equipo desmiente la teoría de que el proceso de aprendizaje lleva demasiado tiempo. Se presentó hace tres semanas y parece que compite en Núñez desde los tiempos de Ponzio.

Sabe Boca que es una oportunidad de oro para relanzarse. Russo juega en el tablero de ajedrez: Cardona, puede ser; la línea de cinco es una hipótesis. Un peón, un alfil, un caballo que transforme la ecuación. Con una defensa confortable, sin ideas audaces y casi nada de gol, el orden y el laboratorio lo son todo. Extraña más a Tevez que a Andrada, sufre por las rencillas internas y se arriesga con intérpretes que hasta hace poco se entrenaban en el Bajo Flores y en Madrid.

River va a extrañar a Suárez, mientras que Boca se reconforta en Izquierdoz
ALEJANDRO PAGNI


River va a extrañar a Suárez, mientras que Boca se reconforta en Izquierdoz (ALEJANDRO PAGNI/)

Se trata de Juan Ramírez y Luis Advíncula. En otro momento de la historia, harían un fuerte trabajo de aclimatación. Pero las urgencias no lo permiten: deben salir a la cancha ya mismo, porque el fútbol se nutre de ellas.

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