La crítica The Economist a la Argentina: por qué es el “caso patológico” de los males de América Latina

Alberto Fernández y Cristina Kirchner en el acto por los 100 años de YPF
Alberto Fernández y Cristina Kirchner en el acto por los 100 años de YPF - Créditos: @Rodrigo Néspolo

La sede de Creditas es una elegante torre de vidrio cerca del camino de circunvalación de San Pablo, llena de terminales de computadora, esculturas a la moda y asientos hamaca para relajarse. Las oficinas tienen espacio para 2700 trabajadores. La firma la diseñó antes de la pandemia, cuando tenía 1200 empleados. Ahora tiene 4000, casi un quinto de ellos programadores digitales, los cuales algunos residen en México y España.

Creditas ofrece créditos tomando como garantía casas, autos y sueldos, a tasas de interés mucho más bajas que los bancos. Obtiene el dinero en los mercados y usa capital de riesgo para financiar tecnología y atracción de clientes. Es una entre varias startups que están sacudiendo el sistema financiero de Brasil. Los bancos tenían redes de sucursales ineficientes y obtenían altos márgenes sobre pequeños volúmenes de negocios.

“Hemos obligado al sector bancario a cambiar. Ahora habla un lenguaje diferente, reduciendo costos y automatizándose”, dijo Sergio Furio, fundador de Creditas, que es español.

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Por mucho tiempo atrasada en términos digitales, América Latina está modernizándose gracias a que los consumidores se volcaron a sus computadoras para comprar bienes y servicios. La cantidad de fintech en la región aumentó a más del doble entre 2018 y 2021, a 2482 (un cuarto del total global), según el banco interamericano de desarrollo (BDI).

Fondos de capital de riesgo han destinado US$15.700 millones a la región el año pasado, más del total combinado que fue al sudeste asiático, África y el medio oriente. Las firmas innovadoras en crecimiento acelerado como Creditas son una excepción en el panorama empresario de América Latina, que está dominado por un pequeño número de compañías grandes largamente establecidas, muchas de ellas conglomerados familiares, y una masa de firmas pequeñas improductivas.

La productividad de los trabajadores latinoamericanos es sólo un cuarto de la de Estados Unidos. Para peor, esta cifra ha estado cayendo durante la mayor parte de las últimas cuatro décadas. La productividad total de los factores ha estado estancada en ese periodo. La inversión del capital en la región, que alcanzó el 21% del PBI durante el auge de las commodities, fue sólo del 17% en 2020, según Eclac.

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El crecimiento que ha habido proviene principalmente de la expansión de la fuerza laboral. Pero esto va camino de desaparecer al experimentar la región una transición demográfica (aunque aún hay mucho margen para que las mujeres trabajen fuera del hogar).

Hay varias cosas detrás de este desempeño desilusionante. Comenzando con la falta de competencia y la prevalencia de oligopolios. Éstos aparecen en parte debido a que la mayoría de las economías latinoamericanas son relativamente pequeñas y están geográficamente distantes de los principales centros de la economía mundial, aunque las firmas también tienen mucha protección. Los gobiernos redujeron los aranceles en la década de 1990 cuando parecía que América Latina se abría al mundo. Pero tienen abundantes barreras no arancelarias y regulatorias.

Según el programa de las Naciones Unidas para el desarrollo, las firmas formales latinoamericanas desde hace mucho tienen mayores márgenes que la mayoría de los países de la OCDE. Al crecer el poder de los monopolios también en las economías ricas en la última década las tasas de ganancia han convergido. Eso significa que el mundo se está volviendo más como América Latina, no lo contrario.

Caro y desigual

Tales rentas monopólicas son claves respecto de la extrema desigualdad de ingresos y riqueza en América Latina. “Cada distorsión del mercado tiene un dueño”, señaló Zeina Latif, una consultora en San Pablo.

Algunos de ellos son los sindicatos que bloquean los cambios en las leyes laborales, que hacen que la contratación sea prohibitivamente cara. La protección de las firmas establecidas significa que pueden sobrevivir con mala administración, falta de innovación y falta de inversión, señaló William Maloney, del Banco Mundial.

Con la excepción parcial de Brasil, los países latinoamericanos invierten menos en investigación y desarrollo de lo que debiera sugerir su nivel de ingreso. Y debido a que no invierten lo suficiente en tecnología, cuando se enfrentaron a la competencia en la forma de rivales chinos algunas empresas simplemente cerraron en vez de tratar de competir.

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Esto sucedió con firmas de autopartes en Colombia, que fueron estudiadas por Maloney. La fuerza laboral no tiene capacitación y entrenamiento. La región tiene una escasez crónica de ingenieros y científicos (y produce demasiados abogados). Menos del 30% de los alumnos de 12 años en 2019 estuvieron a la altura de los estándares de la UNESCO.

Otra consecuencia del proteccionismo de América Latina es que no exporta tanto como debiera dados sus muchos acuerdos de libre comercio. También ayuda a explicar por qué las commodities, que cuentan con una ventaja comparativa, tienen tanto peso en las exportaciones de la región.

Colombia no ha explotado su potencial de manufactura para la exportación porque ha habido escaso incentivo, debido a la protección contra importaciones, una infraestructura de transporte deficiente y logística cara, según afirma un estudio de economistas del Banco Central. El resultado es que Colombia tiene un déficit de cuenta corriente persistente y depende incómodamente de exportaciones de petróleo y carbón, combustibles que enfrentan un futuro incierto.

La Argentina es el caso patológico de todos estos males. Debido al proteccionismo, sufre de una escasez crónica de divisas, al mismo tiempo que las distorsiones y los subsidios conspiran contra la inversión y la innovación. Algunos brasileños se preocupan de que ahora su país vaya por el mismo rumbo.

No todo es negativo, especialmente en países que han tratado de integrarse más a la economía mundial. Desde que entró en vigor el tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) en 1994, el norte de México ha visto un crecimiento económico sostenido. Se está beneficiando de que firmas estadounidenses quieren acortar las distancias de sus cadenas de producción debido a la pandemia y tensiones en aumento con China.

Otra consecuencia del proteccionismo de América Latina es que no exporta tanto como debiera dados sus muchos acuerdos de libre comercio
Otra consecuencia del proteccionismo de América Latina es que no exporta tanto como debiera dados sus muchos acuerdos de libre comercio - Créditos: @SHUTTERSTOCK


Otra consecuencia del proteccionismo de América Latina es que no exporta tanto como debiera dados sus muchos acuerdos de libre comercio (SHUTTERSTOCK/)

Esto está sucediendo en industrias que van desde materiales para la construcción y textiles hasta juguetes. México le ha estado sacando negocios a China, aseguró el economista Luis de la Calle. Pero agrega que “México es muchos países diferentes en uno solo”.

El sur y el centro del país semejan a América Central, trabados por el mal transporte, la educación y las políticas anti-empresarias. El norte de México estaría aún mejor si López Obrador no hubiese asustado a los inversores privados con su nacionalismo energético y lo que una funcionaria estadounidense llama “trato arbitrario” de los inversores de su país.

América Latina es “inusual porque está fuera de todas las cadenas de valor”, señaló Velasco de LSE. Su manufactura es demasiado atrasada para exportar bienes terminados y está demasiado alejada para exportar componentes, como lo hace el sudeste asiático. Eso dificulta la diversificación.

Algo ha habido en Chile y Perú, impulsada principalmente por la agroindustria. Pero la generación de nuevos productos se ha acabado, ya que nuevos proyectos de irrigación se ven trabados por disputas legales interminables.

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En ambos países, los gobiernos han tratado de facilitar nuevos productos a través de una certificación más acelerada y la coordinación de actores privados y públicos. Esto ha sido mucho más efectivo que la política industrial a la antigua, en la que América Latina tiene una larga y costosa historia de fracasos.

Algunos dicen que la búsqueda del crecimiento debiera empezar por abajo. “Debemos olvidar la idea de que el sector moderno absorberá la mano de obra sobrante. La única manera de mejorar la productividad es hacerlo en micro y pequeñas empresas. La diversificación tiene que ver con dar valor a lo que uno tiene”, consideró Piero Ghezzi, un ex ministro peruano.

Ahora provee créditos en términos comerciales a 250 productores de café jóvenes en los Andes que obtuvieron fondos de fuentes públicas por certificación orgánica y de comercio justo, y así avanzaron de niveles de subsistencia a empresas productivas. “No se trata de llegar a la luna. Tiene que ver con lograr pequeñas mejoras por abajo”, cerró.

Traducción de Gabriel Zadunaiski