Copa Argentina: Boca se acerca a la Libertadores, pero aún le falta sustento

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Boca celebra su pase a la final de la Copa Argentina luego de 1-0 a Argentinos en Mendoza, en la primera semifinal por la Copa Argentina.
LA NACION/Marcelo Aguilar

Boca respira aliviado. Después de dos semanas intensas y de resultados adversos, superó a Argentinos por 1 a 0 y avanzó a la final de la Copa Argentina.

La llave del gol volvió a estar en los pies de Luis Vázquez. El chico marcó su cuarto tanto en los últimos seis partidos y, de derecha, abrió el cerrojo del conjunto de La Paternal.

Lo único positivo para Boca fue el resultado. La imagen que dejó el equipo xeneize en Mendoza fue muy pobre. Sobre todo, durante el primer tiempo, tan desalmada como aquélla de la noche en la que regaló la semifinal contra Santos en Brasil por la Copa Libertadores, en enero de año. De todas maneras, el desahogo es grande. Esa sensación de inflar el pecho y exhalar de a poco resume todo lo que vivió en los últimos diez días.

El contexto de este encuentro era complicado. El equipo de Battaglia venía de perder frente a Vélez y Gimnasia y de despedirse de la lucha por el título en el Torneo 2021. A la vez, había retrocedido algunos casilleros en lo referido al juego y a su rol protagónico en los partidos. Ante ese escenario de inestabilidad, la chance de avanzar a la final por una copa que ya ganó en tres ocasiones (1969, 2012 y 2015) era una zahanoria como para motivarse y reencauzarse.

Y eso fue lo que ocurrió. Argentinos hizo el mayor esfuerzo, e incluso dominó a su antojo en la primera parte y pudo abrir el marcador tras un error de Boca en la salida. Pero un remate de Gabriel Carabajal dio en un poste, un cabezazo de Gabriel Ávalos se fue apenas afuera y una patriada de Nicolás Reniero, ya con el resultado 0-1, chocó contra un achique perfecto de Agustín Rossi.

A los 22 minutos de la segunda mitad se dio una jugada polémica. Ávalos, de cabeza, habilitó a Reniero, que marcó el 1 a 1. Sin embargo, el árbitro Fernando Echenique lo anuló acertadamente, a instancias de uno de sus asistentes, que indicó un fuera de juego previo del número 9.

La presencia de Sebastián Villa fue arriesgada. El delantero no jugaba un partido oficial desde hacía 106 días. Más precisamente desde la escandalosa noche en el Mineirão, donde Boca quedó eliminado por penales después de que el VAR le anulara un gol. Al colombiano se lo notó falto de fútbol. Mostró pinceladas de su calidad para resolver en espacios reducidos. Pero fue demasiado poco.

El triunfo era muy importante para Boca. La posibilidad de sumar una nueva estrella al escudo azul y oro trae aparejada la clasificación para la Copa Libertadores 2022. Incluso, el acceso al torneo internacional será un hecho en caso de que el otro finalista sea Talleres, ya que ambos tienen las chances de ingresar tanto como campeón de la Copa Argentina como por la tabla anual (hoy, el club cordobés está tercero, y el xeneize, sexto).

“La Copa Argentina es un campeonato, un título, y queremos ganarlo”, había declarado Juan Román Riquelme, el presidente del Consejo de Fútbol, hace dos días. Esa ilusión cobró más fuerza en tierra mendocina. Falta un solo peldaño para alzar la Copa. El último obstáculo será Talleres o Godoy Cruz, que se enfrentarán el viernes 12 en la segunda semifinal.

El festejo de Luis Vázquez: el centrodelantero de 20 años marcó cuatro tantos en los últimos seis partidos de Boca.
LA NACION/Marcelo Aguilar


El festejo de Luis Vázquez: el centrodelantero de 20 años marcó cuatro tantos en los últimos seis partidos de Boca. (LA NACION/Marcelo Aguilar/)

Hay algo más: coronarse en una competencia en la que Boca dejó en el camino a River (por penales, en los octavos de final) se sumaría como un logro durante la gestión Ameal, cuyos responsables ya se golpean el pecho por haber dejado atrás ese karma frente al rival de siempre.

Siete partidos le quedan a Boca para cerrar un año de alegrías y tristezas. De éxitos y frustraciones profundas, transitado como en un péndulo constante. De la dolorosa eliminación ante Santos en la semifinal de la Libertadores 2020 a la conquista lograda por penales contra Banfield en San Juan, apenas cuatro días más tarde. De la derrota por penales a manos de Racing en la semifinal de la Copa de la Liga Profesional, a las dos victorias por esa misma vía sobre River.

Del alto nivel de Villa en el primer semestre a su portazo y su desprolija exigencia de ser vendido a mediados de julio. Del muy buen planteo de Miguel Russo frente a Mineiro (caída por penales luego de la polémica con el VAR como protagonista) en la Libertadores 2021 a la destitución del experimentado entrenador después de diez partidos sin ganar. Del auspicioso estreno de Sebastián Battaglia a los tropiezos contra River, Vélez, Gimnasia. Y ahora, esta victoria sobre Argentinos y la oportunidad de jugar una nueva final.

Sebastián Battaglia habla con Agustín Rossi, la figura de la semifinal en Mendoza.
LA NACION/Marcelo Aguilar


Sebastián Battaglia habla con Agustín Rossi, la figura de la semifinal en Mendoza. (LA NACION/Marcelo Aguilar/)

El triunfo también permite a Sebastián Battaglia continuar su trabajo con tranquilidad. Si bien más allá del resultado la continuidad del DT estaba garantizada, su interinato concluyirá a fin de año y recién entonces su trabajo será evaluado. Pero el tiempo, por lo general, en el club de la Ribera escasea.

Así funciona Boca. Como lo mostrado por un electrocardiograma. Con picos altos y valle muy bajos, en los que a veces se complica solo. En ese contexto procura construir una identidad de equipo que le permita consolidarse y mostrar su mejor versión.

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