Conoce a Alberto Ricardo y otros pioneros mexicanos olvidados de la Costa Oeste

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Los pioneros mexicanos cumplieron un papel importante en la exploración y desarrollo del estado de Washington. (Getty Images)
Los pioneros mexicanos cumplieron un papel importante en la exploración y desarrollo del estado de Washington. (Getty Images)

Las películas de vaqueros han llenado el imaginario popular de polvorientos pueblos habitados por valerosos colonos anglosajones que luchaban contra despiadados forajidos y temibles tribus indígenas.

Ninguna cuenta la verdadera historia de diversidad étnica que ayudó a fundar y forjar millares de pueblos en todo el territorio estadounidense. En ese recuento parcializado del surgimiento de la nación americana, los nombres de los pioneros hispanos han sido olvidados.

En el estado de Washington, ubicado en la esquina superior del mapa de Estados Unidos - fronterizo con la provincia canadiense de British Columbia, los estados de Oregon y Idaho y el Océano Pacífico- su geografía advierte el legado de la influencia hispana en sus orígenes.

El estrecho de Juan de Fuca, las islas de San Juan, el estrecho de Rosario son algunos de los nombres que dan fe de las expediciones españolas que exploraron los territorios del Noroeste Pacífico.

En 1775, un año antes de la Declaración de Independencia de Estados Unidos, el capitán español Juan Pérez navegó en el barco Santiago desde la ciudad portuaria de San Blas, Nayarit, México, hasta la costa del futuro estado de Washington.

Los historiadores aseguran que aunque los barcos pertenecían a la armada española, sus tripulantes eran mayoritariamente mexicanos. Durante las cuatro expediciones realizadas a finales del siglo XVIII se establecieron dos asentamientos en la Isla de Vancouver y Núñez Goana, conocida actualmente como Neah Bay.

Fueron los mexicanos los primeros pobladores de esas áreas, después de la población indígena originaria, y los que realizaron los primeros estudios topográficos y científicos minuciosos de ese territorio.

El legado de Mociño y Echeverría

Dos mexicanos fueron fundamentales en las primeras descripciones del actual estado de Washington.

El naturista José Mariano Mociño, nacido en Temalcatepeque en 1757, participó en la Real Expedición Botánica a Nueva España, una de las más complejas expediciones científicas organizadas por la corona española durante el siglo XVIII por la extensión de sus recorridos y por la extraordinaria calidad de su investigación científica.

En uno de sus recorridos en 1792, le tocó viajar al Noroeste Pacífico, junto a Juan Francisco de la Bodega, para entrevistarse con el oficial británico George Vancouver y terminar con el conflicto entre España e Inglaterra, que culminaría en la firma del Tratado de San Lorenzo de El Escorial.

Durante su estancia en la región, Mociño elaboró el mejor estudio etnológico de los indios Nootka (actualmente Nuu-chah-rulth), un diccionario de la lengua de los nutkeses, un extenso catálogo ecológico que incluye 200 especies de plantas, animales y aves de la zona, y una excelente descripción de la presencia hispana en la costa noroeste de Norteamérica.

Su investigación fue publicada en un libro que aún está a la venta bajo en nombre de Las Noticias de Nutka.

En la Real Expedición también participó el pintor mexicano Anastasio Echeverría (1788-1803), considerado el mejor artista de México de la época. El trazó uno de los primeros perfiles paisajísticos de la zona. El explorador y geógrafo alemán Alexander Von Humboldt aseguró que los dibujos de las plantas y animales de Echeverría podían competir con lo mejor que en ese género se había producido en Europa.

Durante el siglo XIX, el noroeste Pacífico se desarrolló económicamente gracias a la caza de pieles y a la minería. Los mexicanos fueron claves en el transporte de la producción de cazadores y mineros por su destreza empaquetando y movilizando la carga a lomo de mula.

El exitoso editor de Dayton

Los Territorios del Noroeste Pacífico permanecieron bajo el control británico hasta que fueron cedidos a Estados Unidos y el estado de Washington pasó a ser el cuadragésimo segundo estado de la Unión.

Uno de los primeros inmigrantes mexicanos en la zona este de Washington fue Alberto Ricardo, un hombre que luchó contra los fuertes prejuicios de la época y se convirtió en un exitoso editor y propietario de un periódico en la ciudad de Dayton.

Para la mayoría de los colonos blancos de la zona, ser mexicano era sinónimo de ser un delincuente, escribió Jessica Silva en Spokane Historical, una plataforma dedicada a contar historias del este de Washington.

El periódico Walla Walla Statesman Review publicó en 1867 varios editoriales que definían a los mexicanos como engañosos, celosos e inconstantes. “El mexicano no es un hombre o un hermano, es una criatura totalmente diferente a los estadounidenses”, afirmó uno de los editoriales.

La columna editorial continuó con esta denigrante descripción: “El mexicano como hombre es probablemente el espécimen más bajo de testimonio moral que se puede producir para probar la igualdad de la raza humana… son tan celosos como los turcos; engañosos como mulas y volubles como el viento”.

Esa era la opinión general sobre los mexicanos en las florecientes poblaciones de Washington cuando Alberto Ricardo decidió emigrar de 31 años a la ciudad de Walla Walla en 1885.

No se conoce con exactitud cómo ni dónde aprendió Ricardo el oficio de editor, pero con su tenacidad llegó a ser el editor del Walla Walla Statesman Review, el mismo diario que propagaba editoriales xenofóbicos contra los mexicanos años atrás.

El éxito de Ricardo no se limitó a Walla Walla. Para 1900, Ricardo estableció su hogar permanente en Dayton, Washington, donde fue propietario de dos periódicos el Courier y el Press.

Ricardo y su esposa formaron una familia y pasaron el resto de sus vidas como ciudadanos respetados de Dayton. No se conoce el grado de asimilación de Ricardo, pero pudo ser importante porque dejó de llamarse Alberto y se transformó en Al. Nunca más regresó a México.

Fuentes: Spokane Historical, History Link, McnBiografías, Casa del Libro, Eusko Ikaskuntza

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