Todo lo que tienen en común (y lo que no) el Barracas Central del Chiqui Tapia y el Arsenal de Julio Grondona

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Iván Tapia acaba de recibir la copa de manos del presidente de la B Nacional, y festeja el ascenso a primera de Barracas Central
JORGE MATIAS BARAVALLE

Arsenal y Barracas Central son los clubes de Julio Humberto Grondona y Claudio “Chiqui” Tapia y tienen más de un gen en común. Ambas entidades nacieron en la periferia, a orillas del Riachuelo. Uno en Capital, a la sombra de Huracán. El otro, en Sarandí, donde no había casi nada y todo era Independiente o Racing. A uno le dicen El Guapo y tiene cerca de 2000 socios. El otro, alrededor de 3000. Sus estadios rinden homenaje a los patriarcas. En 2022, los dos equipos se enfrentarán por primera vez en la máxima categoría del fútbol argentino.

“Si yo soy presidente de la AFA, mi equipo juega en primera. Y al año siguiente, la Libertadores”. El que habla es un dirigente de Ascenso Unido, la plataforma que catapultó a Tapia al poder. Su sinceridad grafica el anhelo de todos los dirigentes del fútbol argentino: que su club se transforme en exitoso. Arsenal, el de Grondona, y Barracas, el de Tapia, terminaron siéndolo. Bajo la atenta mirada de ambos patriarcas.

La dura transición Grondona-Tapia
La dura transición Grondona-Tapia


Tan parecidos y tan distintos: Julio Humberto Grondona y Claudio Tapia; sus equipos se enfrentarán por primera vez en la máxima categoría del fútbol argentino

La firma de Julio Humberto Grondona aparece en el acta fundacional de Arsenal, sellada el 11 de enero de 1957. Ese compromiso en primera persona separa al caudillo de Sarandí de su colega de Barracas. Sanjuanino de nacimiento, Tapia adoptó el club rojiblanco por una cuestión de cercanía: vivía a escasos metros de la cancha que hoy lleva su nombre, y cuya tribuna lateral tiene la fecha de su nacimiento, el 22 de septiembre. Si Grondona levantó Arsenal, Tapia adoptó Barracas Central: fue jugador (un 9 potente, al estilo de Juan Gilberto Funes), entrenador y luego presidente.

El heredero del sillón de Grondona en el edificio de la calle Viamonte brindará el próximo 31 de diciembre y cerrará un año irrepetible. Sus tres camisetas festejaron: el seleccionado argentino, del que Tapia se confesó hincha desde siempre, levantó la Copa América en Brasil y cerró una sequía de 28 años sin títulos. Boca, el club de su corazón, se coronó en la Copa Argentina y se clasificó a la fase de grupos en la Copa Libertadores. Y Barracas Central se quedó con el Reducido de la Primera Nacional y ascendió a la Liga Profesional, lo que le implica un ingreso millones asegurado de $500 millones en 2022. De yapa, Tapia consiguió que Barracas Central llegara a la elite en tiempo récord: le bastaron cuatro años al frente de la AFA para lograr lo que a Grondona le demandó 23, ya que Arsenal recién bebió un sorbo de primera en 2002.

El festejo de los jugadores de Arsenal que lograrían el primer ascenso del club a la máxima categoría del fútbol argentino, en mayo de 2002.
El Popular


El festejo de los jugadores de Arsenal que lograrían el primer ascenso del club a la máxima categoría del fútbol argentino, en mayo de 2002. (El Popular/)

Barracas ascendió un 21 de diciembre de 2021; Arsenal lo hizo en mayo de 2002. En ambos casos, subieron mediante un torneo reducido: el Guapo venció a Quilmes por penales; los del Viaducto, a Gimnasia y Esgrima de Concepción del Uruguay. En ambos encuentros decisivos hubo un Tapia y un Grondona en la cancha en el partido decisivo: para Barracas jugó Iván, hijo de Chiqui y papá de Valentino Fabián, primer nieto del presidente de la AFA. En el equipo del Viaducto, dirigido por Jorge Burruchaga, jugó Gustavo Grondona, sobrino de Julio Humberto, el patriarca.

Barracas tendrá que elegir un estadio para jugar de local en 2022, ya que el “Claudio Tapia” no cumple con los requisitos mínimos de la Liga Profesional. Argentinos Juniors y Huracán son las dos primeras opciones. A Arsenal le pasó algo parecido: en su primera temporada en la élite, y mientras remodelaba el Julio Humberto Grondona para adaptarlo incluso a competencias internacionales, jugó sus partidos en Racing y en Lanús.

El ascenso de Arsenal se diferenció del de Barracas en el método. Esa temporada 2002 no hubo tantos cuestionamientos a los árbitros. La mano de la AFA no fue tan explícita para salvar a los del Viaducto y tampoco hubo raides mediáticos para denunciar que favorecían al equipo de los Grondona; al club fundado por Julio Humberto. Arsenal ganó su ascenso en la cancha. Sí apareció algún cuestionamiento por alguna jugada puntual y algún memorioso dirá que a los entrerrianos “los bombearon”. Pero ni punto de comparación con lo que sucedería 19 años después, en 2021.

Esta temporada de la Primera Nacional, en cambio, estuvo plagada de polémicas. Nació un hashtag (#penalparaBarracas), la AFA cambió el método de selección de los árbitros (era a dedo y, ante las quejas, terminó siendo por sorteo), el equipo de los Tapia recibió 9 penales a favor en el torneo (sólo por detrás de Quilmes), incluido uno contra Brown de Puerto Madryn tras un “piletazo” de Carlos Valenzuela, uno de sus mejores futbolistas. En las tribunas de los clubes del ascenso hubo hasta insultos contra el patriarca de los Tapia, y en los tribunales de Campana se tramita una investigación judicial contra el plantel de Dálmine, acusado de infringir la Ley del Deporte (un supuesto soborno) en su partido de la última fecha contra… Barracas. Un combo completo.

Tan parecidos y tan distintos

Claudio Fabián Tapia y Julio Humberto Grondona delegaron en su sangre el manejo de sus clubes cuando ellos saltaron a las grandes ligas de la política deportiva. Es decir, a la AFA. En el club del Viaducto quedó al mando Julio Grondona hijo (“Julito”, para diferenciarlo del padre), mientras que en Olavarría y Luna, donde está el estadio de Barracas, gobierna desde hace un año Matías Tapia, hijo de Chiqui. El poder, en ambos casos, quedó en familia. En 2022, además, Tapia hijo irá a las reuniones de la Liga Profesional en representación de su club, por lo que su padre tendrá una fuente de información privilegiada para saber qué trama la máxima categoría.

Ambos clanes, los Tapia y los Grondona, comparten un rasgo distintivo: la desconfianza. Así como Julio Humberto privilegiaba la lealtad por cualquier otra cualidad, Tapia padre encomienda sus secretos (y los trabajos más difíciles) a un puñado de dirigentes, entre los que está Matías, su hijo. El círculo áulico que lo rodea perdió integrantes desde que llegó al poder de la AFA, a fines de marzo de 2017. Pero allí, en el teatro de operaciones de la pelota, un nombre se mantiene: Pablo Toviggino. Presidente del Consejo Federal y secretario ejecutivo de la presidencia de la AFA, es el garante de los votos del interior profundo. Rosarino de nacimiento y santiagueño por adopción, Toviggino acuñó el sobrenombre de “Comandante” para Tapia en cuanto aterrizó en la presidencia de la AFA. Más allá de los cortocircuitos lógicos tras cuatro años de gestión, nadie se imagina a Tapia separado de Toviggino.

Grondona tenía su propio coro de leales: José Luis Meiszner y Eduardo Deluca eran dos de sus integrantes. En el último tiempo, Luis Segura, quien terminaría siendo su sucesor en la presidencia tras su muerte, en 2014. También se contaba entre ellos Daniel Pellegrino, histórico chofer de Grondona. A diferencia de Tapia, quien se concentró en los clubes de ascenso desde que asumió y dejó que la primera división se agrupara bajo diferentes paraguas (Superliga, primero; Liga Profesional, después), Grondona nunca sacó los pies de ningún plato. Su oficina era sitio de procesión: lo visitaban desde presidentes del ascenso profundo o las ligas de primera hasta los máximos dirigentes de Boca o River. Cuando no los atendía en Viamonte los citaba en su estación de servicio de Sarandí. Tapia, por su parte, tiene su refugio en el predio de Ezeiza que, casualmente, lleva el nombre de Grondona.

A contramano de Grondona, que cuando Arsenal ascendió a primera ya era vicepresidente de Finanzas de la FIFA e integraba su comité ejecutivo sin hablar una palabra de inglés, Claudio Tapia ya hizo su carrera internacional. Y se le truncó en forma prematura: hoy es vicepresidente segundo de la Conmebol, un cargo que muchos consideran testimonial. Y tenía una silla en el Consejo de la FIFA, en Zürich. Pero en 2019, y tras una carta incendiaria contra el VAR en la Copa América disputada ese año en Brasil, la Conmebol le quitó el apoyo y Tapia ya no representó al fútbol sudamericano en Suiza.

Cuando Grondona falleció, en 2014, Arsenal había sido campeón de primera división en el fútbol argentino y había dado la vuelta olímpica a nivel continental (Copa Sudamericana) en 2007. El patriarca se había mantenido 35 años al frente de la AFA y era el vicepresidente más longevo de la FIFA, donde sólo le faltó el cargo máximo. Tapia festeja hoy la copa que Marcelo Achile, presidente de la B Nacional, le entregó a su club, y que lo acredita como campeón del Reducido de la Primera Nacional. Hay quienes creen que es el mejor alumno de Don Julio. Tapia hace la suya y no le va mal. El sanjuanino puede jactarse de tener una cumbia en su honor: la canta una banda santafesina llamada Sonora Colombiana. Nunca nadie le compuso un tema a Grondona. Al menos en eso, el alumno superó al maestro.

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