Colby Covington, el repudiable provocador de la UFC que insulta y denigra por negocio

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Colby Covington celebra luego de vencer a Jorge Masvidal el 5 de marzo de 2022. (Stephen R. Sylvanie-USA TODAY Sports)
Colby Covington celebra luego de vencer a Jorge Masvidal el 5 de marzo de 2022. (Stephen R. Sylvanie-USA TODAY Sports)

La palabra tiene fuerza, incluso más allá de los puños, Colby Covington lo sabe. La polémica es un factor indisociable de su carrera en las artes marciales mixtas. El racismo es el recurso que engloba a su personaje; a la par, la condición que lo aleja de las grandes figuras de la jaula. Por increíble que parezca, la UFC no hace nada por detenerlo. En su lugar, otros atletas han tomado una decisión paralela: no quieren pelear más contra él.

Covington es un especialista en lucha, uno de los tantos estilos de combate dentro del octágono. Su calidad sobre la lona pierde total importancia cuando da lugar a la provocación. Concibe al trash talk como un estilo de vida; el insulto es su medio y el rechazo, su alimento. En pleno siglo XXI, enarbola la bandera de los discursos de odio como nadie más en la industria. Es la prueba de que la repugnancia no tiene límites en un consorcio.

¿Por qué lo limitaría la Ultimate Fighting Championship? Su actitud es deleznable, pero los billetes verdes no dejan de caer. Así de vergonzoso trabaja esta industria. La prueba es que en su último choque, su presencia estelar dejó cerca de siete millones de dólares en taquilla para la compañía, según reportó Mike Bohn a MMAJunkie. “Deseo que la gente me odie, es una forma de hacer negocios”, declaró ante la oleada de críticas que ha recibido.

En su última pelea, efectuada el 5 de marzo, Colby Covington venció a Jorge Masvidal. (Stephen R. Sylvanie-USA TODAY Sports)
En su última pelea, efectuada el 5 de marzo, Colby Covington venció a Jorge Masvidal. (Stephen R. Sylvanie-USA TODAY Sports)

Por más insolencia y descaro que intente proyectar, la discriminación jamás debería ser el camino. Y es que sus dichos, enmarcados bajo la idea de una caracterización, no tienen defensa alguna. Frente a los abucheos de la fanaticada de São Paulo, aseguró que “Brasil era una basura”. Además, catalogó de “criminales” y “terroristas” a los militantes del movimiento Black Lives Matter. Aún así, se jacta de no ser racista.

La presión mediática, aunada a la crítica interna de los competidores de la UFC, cae directo sobre los hombros de Dana White. El presidente de la empresa no es capaz de ponerle un alto. Considera que su accionar encuentra justificación en la libertad de expresión. La memoria histórica le da la espalda.

Covington tampoco ha dudado en dejar clara su preferencia política, hecho que agudizó su imagen a nivel internacional. Siempre ha mostrado su simpatía por Donald Trump y el Partido Republicano, al igual que White. Inclusive, ha presumido con orgullo las conversaciones telefónicas que mantiene con el expresidente de los Estados Unidos.

¿A ti quién te llama? Te llamaron desde tu tribu con señales de humo”, respondió al nigeriano Kamaru Usman en una confrontación televisiva. El comentario, profundamente racista, acrecentó la rivalidad que ambos sostenían a finales de 2021. No logró destronar al monarca, aún con el apoyo moral de Trump. Después de las acciones, no pudo esconder sus disculpas.

Las cámaras captaron el instante en que se acercó al Campeón Mundial de Peso Wélter para reiterarle que sus insultos permitían aumentar el furor de la batalla, pues en realidad le profesaba respeto. En el presente, se sitúa como el primer contendiente al cetro de las 170 libras. Usman, el rey de la división, se mostró interesado en enfrentarlo por tercera ocasión.

Cada vez cuesta más trabajo hallarle una condecoración legítima. Israel Adesanya, dueño del cetro mediano de la promoción, no ocultó su alegría luego de que su compatriota lo destrozara en el plano deportivo. Atletas del calibre de Khabib Nurmagomédov, que dominó la categoría de los ligeros y se retiró invicto con un 29-0, instó a los peleadores a no aceptar futuras contiendas con él. Pero hasta ahora, lamentablemente, el dinero ha pesado más.

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